Wolverine, previsible tanque de Hollywood

Se trata de una precuela de la saga de X-Men
Se trata de una precuela de la saga de X-Men
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29 de abril de 2009  

X-Men Orígenes : Wolverine (X Men Origins: Wolverine, Estados Unidos-Canadá-Australia/2009). Dirección: Gavin Hood. Con Hugh Jackman, Liev Schreiber, Danny Huston, Will i Am, Lynn Collins, Tim Pocock y Ryan Reynolds. Guión: David Benioff y Skip Woods, basado en personajes de Marvel. Fotografía: Donald McAlpine. Música: Harry Gregson-Williams. Edición: Nicolas De Toth y Megan Gill. Diseño de producción: Barry Robison. Presentada por 20th. Century Fox. Duración: 107 minutos. Apta para mayores de 16 años.

Nuestra opinión: regular

En 2000, 2003 y 2006 se estrenaron las tres películas basadas en los populares mutantes surgidos de las historietas de la editorial Marvel. El éxito comercial de la trilogía (y el más que digno resultado artístico de los dos primeros films dirigidos por Bryan Singer) permitieron que la saga extendiese sus tentáculos en diversas direcciones. En este caso, se le encargó al sudafricano Gavin Hood, ganador del Oscar al mejor largometraje extranjero por Mi nombre es Tsotsi , que rodara una precuela sobre los orígenes de los personajes y, más precisamente, de Wolverine, el hombre lobo de garras filosas interpretado por el galán (y aquí también productor) Hugh Jackman.

Más allá de las tres o cuatro secuencias de acción sustentadas en la espectacularidad que permite en la actualidad el despliegue de efectos visuales generados por computadora en toda producción a gran escala, buena parte de los 107 minutos de X-Men Orígenes: Wolverine están dedicados a conflictos (una historia de amor trágica, el duelo entre el protagonista y su cruel hermano Victor Creed, los proyectos genéticos con mutantes a cargo de un militar desquiciado) que van de lo insustancioso a lo ridículo. Si la película está plagada de parlamentos torpes y altisonantes, de situaciones de un absurdo no buscado y de actuaciones incapaces de conectar emocionalmente con el espectador, hay momentos que hasta dan vergüenza ajena, como la escena en la que Wolverine enfrenta sobre un ring a un obeso con el objetivo de sacarle a golpes una confesión. Se supone que ese pasaje tiene un tono humorístico, pero el resultado es más bien patético.

Con una narración efectista y falsamente épica (hay que ver la profusión de tomas cenitales con grúa), con un héroe como Hugh Jackman que hace todos los esfuerzos posibles para dotar de algo de profundidad y de humanidad a su contradictoria criatura; y con una alarmante falta de creatividad, X-Men Orígenes: Wolverine resulta un producto destinado a un consumo masivo (al menos en su semana de estreno), pero muy efímero. Cuando el cine norteamericano nos había acostumbrado, gracias a los aportes de directores como Sam Raimi, Christopher Nolan, Guillermo Del Toro o el mismo Singer, a blockbusters construidos con solvencia e inteligencia, esta película nos devuelve al universo más mediocre y previsible de los tanques de Hollywood.

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