Colombia llora a Fanny Mikey
Fue la impulsora, durante 20 años, del Festival Iberoamericano de Bogotá
1 minuto de lectura'
Sería mucho más fácil imaginar una ficción, por ella protagonizada, que girara en torno a la noticia de su muerte. Eso permitiría hablar de la pasión y la garra que le puso a la vida, a su inagotable alma teatrera, a su carácter fuerte y omnipotente que equilibraba con grandes dosis de dulzura y carisma, sin tener que sortear la enorme pena que podría provocar su ausencia. Pero lamentablemente no se puede jugar con la imaginación: la noticia del fallecimiento de la actriz argentino-colombiana Fanny Mikey es concreta, tangible y sumamente dolorosa para quienes la frecuentaron.
Conocida sobre todo como el alma máter del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB), sin duda, el más importante encuentro teatral de toda América, esta incansable mujer murió ayer a la madrugada en un sanatorio de Cali, donde fue internada hace un par de semanas por un problema renal. Hasta esa ciudad había llegado unos días antes en gira de presentación de su último espectáculo Perfume de arrabal y tango , donde sacaba a relucir -entre canción y canción- que todavía tenía mucho de porteña.
Fanny Mikey había nacido en Buenos Aires en 1930, donde se formó como actriz en la Sociedad Hebraica Argentina; hacia finales de la década del 50 viajó a Colombia y se radicó en la ciudad de Cali (la misma que hoy la despide y que pelea con Bogotá el privilegio de un homenaje, ya que hasta el presidente Alvaro Uribe ofreció el Capitolio Nacional para las exequias). Fue en Cali donde empezó su carrera colombiana en el Teatro Experimental, y sólo hacia finales de la década siguiente se trasladó a Bogotá para ser parte del recién fundado Teatro Popular. Decenas de espectáculos grupales y unipersonales (creó La Gata Caliente, el primer café concert de Bogotá) encaró esta actriz que, de a poco, se fue transformando en una leyenda viva del teatro colombiano. Fueron varias las veces que llegó a la Argentina para mostrar algunos de sus espectáculos, hecho que le generaba un nerviosismo especial por cierta sensación de tener que rendir examen frente a amigos y colegas.
Donde ya no hacía falta que rindiera prueba alguna era en Bogotá, donde a partir de la creación del FITB, hace 20 años, se transformó en una figura pública tremendamente querida no sólo por los teatreros, sino por el público que se adueñaba de cada encuentro, hasta el punto de llenar cada una de las innumerables funciones programadas con obras de los mejores elencos de la escena mundial. Ese fue el punto culminante de su legado, pero no el único. Fanny Mikey creó, además, la Fundación Teatro Nacional, con tres sedes, que se transforman cada dos años en el corazón del encuentro internacional, pero que día tras día dan vida a gran parte de la actividad teatral bogotana.
Más allá de que nadie puede imaginar cómo seguirá el FITB sin la enorme presencia de Fanny y su impactante cabellera anaranjada, ya todo está muy aceitado como para que se la extrañe desde lo afectivo pero no desde la producción, aunque muchos tienen miedo de no tener la fuerza arrolladora de la actriz y el desparpajo, a la hora de buscar auspiciantes.
Nada más clara y contundente que la expresión de uno de sus allegados en tiempos festivaleros para definirla: "Tuvo los mejores 78 años vividos de la Tierra; se los bailó, se los gozó, se los trabajó y se los tomó con un gusto y una gracia envidiable".
Sin duda, la posta del teatro colombiano debe estar en buenas manos, pero hay algo que cada artista que viaje a Bogotá a participar del encuentro sí extrañará: los famosos encuentros en el elegante y acogedor piso de Mikey, donde cada domingo invitaba a comer su famoso ajiaco bogotano. Sin ella, no tendrá el mismo sabor.





