
Copperfield, la ilusión sin fin
"You", espectáculo de magia e ilusionismo protagonizado, escrito y dirigido por David Copperfield. Gira Internacional producida por Joe Marsh. Traductor: Sebastián Morgan. Teatro Gran Rex. Nuestra opinión: muy bueno.
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Quienes hayan visto en teatro o televisión los anteriores espectáculos de David Copperfield, encontrarán en "You" una mayor profundización de un rasgo que es parte de su estilo:la relación estrecha con el público y su participación en los actos de magia e ilusionismo.
Siempre con sus jeans gastados, Copperfield acierta en la construcción de una imagen que lo vuelve un tipo común. Entonces, su propuesta se vuelve más impresionante. Es imposible dejar de pensar cómo hace lo que hace si es un hombre como cualquier otro. Cómo aparece de la nada entre dos pliegos de lienzo blanco, cómo logra que dos personas del público leviten sobre un sillón, cómo los mete luego en una enorme caja de cristal y por qué siguen levitando. Serán todas preguntas sin respuestas.
La claridad y sencillez de muchos de los trucos de Copperfield se complementan casi naturalmente con una escenografía funcional y despojada. Sencillamente, la magia es la protagonista, aún en aquellos actos para los que se necesita el despliegue de cierta parafernalia técnica.
Para sumar en una propuesta que de por sí puede sostenerse holgadamente con la magia y el ilusionismo que dejan al espectador con la boca abierta, Copperfield no desdeña abrevar en lo más tradicional del humor norteamericano. Por su presencia, su forma de hablar -adrede pronuncia mal el castellano para hacer reír a su costa-, su calidez para tratar con los anónimos participantes, Copperfield ya está definitivamente en la línea de los showmen norteamericanos. A lo largo de la hora y media que dura la función, no desperdicia ninguna oportunidad de colocar un chiste, una morisqueta, un irónico comentario o el diálogo cómico con Sebastián Morgan, el prolijo traductor del show.
"You" es un aceitado mecanismo de ingeniería que maneja no sólo la preparación y el resultado -siempre magistral- de los trucos, sino que prevé cada réplica de Copperfield en su interacción con la gente. Ninguno de los comentarios que hace a los hombres y mujeres que él mismo selecciona al azar en sus múltiples excursiones hacia la platea son fruto del repentismo.
Por esta ausencia de espontaneidad, el espectáculo no pierde encanto. Todo lo contrario. El estilo Copperfield -tal como el de "La Bella y la Bestia"- pone de manifiesto que existe otra forma de producción más rigurosa que la improvisación, tan vista en los escenarios locales.
De la misma forma en que un intérprete repite la canción-éxito que lleva su sello personal, Copperfield tiene derecho a montar más de una vez sus trucos más logrados.
Marca registrada
De "Sueños y pesadillas", el espectáculo que mostró hace dos años en la misma sala porteña, repite varios actos. Nuevamente un ventilador gigante traga su figura percibida tras un panel semitransparente, sólo para que un segundo después el mago aparezca en la platea; un rayo lo parte al medio para que torso y piernas se desplacen ridícula y asombrosamente en forma independiente,y, finalmente, el vuelo sobre el escenario, primero solo, luego con una chica del público en brazos.
"You" invita al espectador a ser testigo y partícipe de un justo equilibrio que alterna las grandes puestas en escena con actos intimistas de relato sentimental. Simple y emotivo es el breve discurso didáctico de David Copperfield acerca de la influencia de la Luna sobre las mareas terrestres. Sólo con una copa de agua y un paño, ilustra la marea baja con la copa repentinamente vacía, y la marea alta con la copa, un segundo después, llena. Y como el agua genera vida, de sus manos -siempre a la vista- se desprenden dos pescaditos de color naranja que nadan, en ese agua, increíblemente vivos.
Al servicio de los detalles de este tipo de trucos, una pantalla gigante que reproduce las imágenes captadas al instante por un camarógrafo, sirven de guía y lupa para el público. Una prueba más de que los shows de David Copperfield están al servicio de la magia, la ilusión y también la satisfacción del espectador.
El remate de "You" confirma el sentido del espectáculo que involucra al público de principio a fin. Para terminar, estrena su último truco. Trece personas de la platea son seleccionadas al azar por el capricho de trece pelotas infladas que rebotan entre la gente al ritmo de una música que, de pronto, se detiene. Quienes han quedado con la pelota en sus manos son los elegidos. Los trece suben al escenario. Dos son testigos. Once se sientan en una platea que no esconde nada por debajo, por los costados, por arriba, ni por atrás. A modo de cortinas se despliegan unos lienzos. Detrás quedan las linternas prendidas como prueba de vida. Un instante después, han desaparecido. No regresan. La gente permanece en sus asientos hasta que se resigna y sale del teatro. Sólo quedan los parientes y amigos de los once que faltan. Reaparecerán más tarde sin poder explicar qué pasó. Mágicamente el truco continúa en la cabeza del público que horas después continúa preguntándose dónde estarán.


