Cortázar sigue rodando
La checa Jana Bokova filma en Buena Aires "Diario para un cuento", basado en el relato del gran escritor, con Germán Palacios, Enrique Pinti y Héctor Alterio.
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"Absurdo que ahora quiera contar algo que no fui capaz de conocer bien mientras estaba sucediendo. Como en una parodia de Proust, pretendo entrar en el recuerdo como no entré en la vida para al fín vivirla de veras".
La cámara que dirige la directora checa Jana Bokova, retrocede hasta los años cincuenta. Precisamente hasta ese recuerdo que cita Julio Cortázar en su "Diario para un cuento", el texto que ahora será transformado en una película. Y allí, al borde del cabaret "El gato negro", regenteado por Tito (Enrique Pinti en este caso), se instalan para recrear una parte de la vida del autor argentino en medio de los convulsionados años que rodearon la muerte de Evita.
Una parte de la vida que, de tan lejana (Cortázar escribió ese cuento en 1982, cuando aquellos años eran apenas una imagen borrosa en su recuerdo), pertenece más al reino de la ficción que al de la biografía meticulosa.
Es que "Diario para un cuento" es un viaje al pasado. Un viaje al que invita el propio Cortázar para observar aquella época que lo tuvo como protagonista. Y aunque el texto está narrado en primera persona, precisamente en estructura de diario y con mucho de autobiografía, el propio autor cuestiona los difusos límites de la ficción y la realidad.
La línea divisoria no es casual. Bokova, que lidió durante más de seis años con la agente literaria de Cortázar para conseguir los derechos del cuento, cuidó bien que esa historia que interpreta Germán Palacios sea sólo una recreación. O en las palabras de Palacios, "un homenaje a todos los escritores y a ninguno en particular".
Extranjero de dos mundos
En definitiva, la historia que narra "Diario...", es la historia de Elías Denis, el alter ego de Cortázar, un hombre parado en el medio de dos mundos, que incluso en esa línea divisoria sigue siendo un extranjero.
El cuento comienza cuando Elías llega a Buenos Aires después de haber pasado la mayor parte de su vida entre Bruselas y París. Y aquí, además de su incursiones en los bajos fondos del cabaret, intenta hacer pie en el mundo de la intelectualidad porteña.
De un lado entonces, queda su relación con Anabel Flores, la prostituta adolescente que conoce en "El Gato negro" y que interpreta la joven española Silke. Y del otro, su noviazgo con la burguesa Susana, Inés Estévez, una joven de la alta sociedad, dueña de una galería de arte y conocida de los editores porteños.
Y en el medio él, como un visitante que no terminará de encerrarse en ninguno de esos dos polos. Asociado a un viejo anarquista, veterano de la Guerra Civil española, Elías se gana la vida traduciendo aburridos manuales de turbinas o motores navales. Pero sus aspiraciones literarias lo llevarán a coquetear con los dos mundos enfrentados.
Entre las ofertas y el cabaret
Entrar a ese mundo de Córtazar de los años cincuenta es como atravesar un túnel del tiempo. Y no sólo por la cuidadosa ambientación del cabaret sino, y sobre todo, por que el set de filmación queda en pleno corazón de Munro, más precisamente en los viejos estudios Lumiton (el que caracterizaba sus películas con un golpe de gong), al fondo de una de las galerías de productos discontínuos de la zona.
Allí, en el local 59, detrás de una enorme puerta de vidrio, el mundo deja de ser un perchero con ropa de ofertas para transformarse en un oscuro cabaret con chicas sueltas de ropa, hombres de traje oscuro y publicidades de la época.
En el centro de la escena, apuntado por la cámara y rodeado de prostitutas, Héctor Alterio ensaya su papel de Pablo, el socio de Elías en el trabajo de traducción. Y allí espera, paciente, el ingreso de German Palacios que a esa altura del rodaje se distrae tocando el piano.
Para completar el paisaje de la película y como si se tratara de una paradoja sobre los mundos del cuento, en el set de filmación suenan voces de varias procedencias: el tono seseoso de la madrileña Silke, el español atravesado de la checa Bokova y el castellano de los argentinos que participan de esta coproducción argentino-española (Kompel producciones y Mate Cantero) y francesa (Gaumont TV).
La acción sigue afuera de los estudios, en el motorhome de los actores, donde Silke e Inés Estevez se prepararan para rodar. Allí, entre maquillajes, ropas de época y secadores de pelo, "las chicas de Elías", como las define Germán Palacios, comparten un mate cocido que las abriga del frío porteño. Y todavía falta Enrique Pinti, el último en llegar, que hoy debe filmar su escena más emotiva: la del día de la muerte de Evita que lo encontrará llorando frente a un altar.
Cortázar y sus dos mujeres
Pese a todos los cuidados por representar una ficción, Germán Palacios, con su traje gris, su barba de días y en medio de ese decorado, no deja de parecerse al Cortázar de los años cincuenta.
Caracterizado como escritor, el actor ensaya su escena del día frente a las cámaras, se pasea por los estudios e intercambia bromas con Alterio. Y, cuidadoso de su trabajo, sólo acepta hablar de su personaje, durante el almuerzo, el primer descanso del rodaje que comenzó a las siete de la mañana.
Para él, la diferencia entre Cortázar y Elías es fundamental. "Elías tiene vida propia. Y aunque tiene mucho de Cortázar, la película es, sobre todo, un homenaje a todos los escritores", dice, para que no se creen confusiones.
Y enseguida agrega:"Es la historia de alguien que ha vivido en distintos lugares. De alguien que vuelve con la idea del desarraigo, con la intención de insertarse en un lugar. Pero él es extranjero en todas partes. Se fascina con el cabaret porque le permite vivir una historia para contar.Pero no pertenece a ese mundo. Y tampoco al de su otra novia, Susana. En definitiva, él es un extranjero que trata de que lo acepten, y de tener una historia en alguno de esos dos lugares".
Para sus dos mujeres-mundos, las cosas no son mejores. Anabel Flores, la prostituta de El Gato Negro, es una huérfana que llegó al país después de la muerte de sus padres, en la Guerra Civil Española. Pero el cabaret no es su lugar. Es más, durante toda la película ella intentará encontrar a un marinero que la saque de ese mundo y se la lleve a otras tierras. Y aun cuando se enamora del joven escritor, ella sabe que su futuro no está manos de Elías.
Silke, que prepara este personaje desde hace dos años, cuando leyó la primera versión del guión, en Madrid, define la relación con Elías como algo "utópico, un amor que tiene que ver sobre todo con la diferencia de clase que tiene el escritor".
"Tampoco hay mucho futuro para nuestra pareja", se suma Estévez en medio de la conversación con La Nación . "Susana es una mujer de alta sociedad con el snobismo propio de esa clase social. Pero no es mujer frívola. Ella siente un amor muy noble y genuino por Elías. E intenta conectarlo con su mundo para ayudarlo en su carrera como escritor Pero, aunque la pasan realmente bien, los dos tienen aspiraciones muy distintas y no pueden proyectar".
En definitiva, la historia de "Diario para un cuento" es la historia entrelazada de tres seres que buscan un lugar. Un lugar que, en el caso de este Elías-Cortázar, se mezcla también con las situaciones que surgen en ese cabaret. Y sobre todo, las que surgen del propio fracaso de su capacidad para integrarse a ese espacio marginal donde terminará encontrando la inspiración para construir su mágico mundo de ficción. O de recuerdos, que en este caso parece ser el mejor de los mundos posibles.
La voz de otro exilio
Cuando Jana Bokova eligió "Diario para un cuento" no lo hizo por puro azar:la historia de alguien que se siente extranjero en todas partes no le es ajena en absoluto. Es que esta mujer rubia, delicada y de tono suave, lleva casi toda una vida de idas y vueltas, de viajes, y de casas distribuidas por el mundo.
Su periplo comenzó a los 17 años, durante la Primavera del 68, cuando los tanques rusos ingresaron en Praga. En ese momento, ella, una estudiante de Bellas Artes, había viajado a Viena para participar de un congreso. Y mientras estaba allí recibió una llamada de su madre, que, en clave, le aconsejó no volver a la ciudad. Su regreso se retrasó durante 20 años.
En todo ese tiempo, y desde entonces, Bokova alternó sus residencias entre Londres y París. Pero no sólo esos lugares: pronto se enamoró también "de Cuba, de la Argentina, de Chile y Brasil". En un alto del rodaje, la directora habló con La Nación de los puntos en común entre este cuento y su vida itinerante.
_¿Cómo llegó Cortázar a una directora checa?
_¿Qué es ser checa? Yo no sé qué es la nacionalidad. Uno es del lugar donde se siente cómodo y donde puede realizarse.
_¿Por qué eligió este cuento?
_Lo que me atrajo de Elías es que se siente extranjero en todas partes. Eso hace que me identifique con él. Y aunque es una historia de amor, indaga mucho en esa dificultad de pertenecer a un lugar.
_¿Cómo convive con la sensación de no ser parte de ningún lugar?
_Justamente por eso creo que tengo una relación muy fuerte con la Argentina. Como es un país muy nuevo, todos tienen un poco de extranjero. Yo siempre tuve problemas con la pertenencia a un lugar, y esa pregunta sobre la pertenencia sólo se resolvió acá.
_¿Cómo se resolvió?
_Es que acá, los 32 millones de argentinos se hacen la misma pregunta sobre la nacionalidad.
Imágenes de un tiempo literario
Junto con la Nouvelle Vague francesa, a comienzos de la década del sesenta, el cine tomó noción de su principal circunstancia, el tiempo. El cine es tiempo y tiene un doble desarrollo temporal: la duración física de la película y la sucesión de la narración, que puede durar un siglo.
La literatura moderna abrevó en el cine las nociones de tiempo y de "intemporalidad real" como componentes del fluir de conciencia y de otros recursos que la letra manipula con la capacidad de un director.
En Cortázar y en Puig es fácil descubrir el intercambio entre esos medios de expresión. Cortázar, especialmente, ha sido motivo de algunas recreaciones que han hecho historia, aquí y en el extranjero.
"La cifra impar" (1962), de Manuel Antín, es el primer contacto reconocible entre la pantalla y los tiempos inasibles de la realidad y de la memoria en un texto de Cortázar. Su relato "Cartas de mamá" le sirvió a Antín para reelaborar en imágenes los miedos de una pareja que, en París, reconstruye un pasado de traiciones.
Con una concepción estética que el tiempo ha consagrado, Antín retornó a la literatura de Cortázar en otros dos productos: "Circe" (1966), una extraña reproducción contemporánea del personaje de la "hipnotizadora" homérica, e "Intimidad de los parques" (1967), con la prolongación fantástica del ánimo de una mujer y la piedra de Machu Picchu. "Circe" es versión del cuento homónimo, mientras en "Intimidad de los parques" confluyen dos narraciones, "Continuidad de los parques" y "El ídolo de las Cícladas".
En el auge sesentista del Swinging London, la cultura pop y las modelos internacionales, en la figura de un fotógrafo aficionado a cierto ingenuo voyeurismo, el italiano Michelangelo Antonioni _entre la literatura del tiempo y el enigma policial_ lleva a la pantalla el recurso cortazariano de la ampliación fotográfica y su efecto fenomenológico de desbrozamiento de la realidad, en el film "Blow Up", basado en el texto de "Las babas del diablo".
Cortázar aparece casi implícito en el film de Antonioni. Igualmente implícita, la imaginación del autor de "Las armas secretas" da cuerpo a un memorable film de Jean-Luc Godard, "Week End", cuyo plano secuencia del embotellamiento en la carretera alude inevitablemente a la narración "La autopista del Sur".
Menos implícto, casi una cita intertextual, es el formato de "El gran embotellamiento" (1977), un pasatiempo intrascendente de Luigi Comencini.
En la restauración democrática, una producción nacional, la opera prima de Cristian Pauls "Sinfín" (1986), evoca los contenidos sofocantes de "Casa tomada", de Cortázar.
Finalmente, con forma documental, Tristán Bauer elabora la vida del escritor, en "Cortázar" (1994), un documento audiovisual espléndido, no sólo artístico sino polémico.
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