
Cuando el humor se aplica a la política
Un recuento gracioso de chistes sobre presidentes, reyes y otros
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El humor puede derrocar estados de ánimo producidos por la coyuntura política. Cuando el Estado pierde el sentido del humor, la historia demuestra con cantidad de ejemplos que el humor, aunque no pueda cambiar las actitudes de los gobernantes, al menos produce en los ciudadanos una sonrisa.
Se cuenta que Francisco de Quevedo se acercó a la reina Mariana de Austria, renga y segunda consorte de Felipe IV de España, con un ramo de rosas en una mano y otro de claveles en la otra. Le dio la posibilidad de elegir y le dijo lo que otros callaban: "Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es coja". La historia del traje nuevo del emperador es otra muestra de humor político, en el que un chico advierte la desnudez del emperador, al que todos ponderaban su atuendo.
También se le atribuye al soberano francés Luis XV la frase Volveré y seré sillones. Casi el mismo chiste es registrado por el folklore local, que atribuye otra promesa al ex presidente Juan Domingo Perón: Volveré y seré Cangallo.
En algunos círculos conservadores relatan la chanza de Pancho Uriburu, que le mandó de regalo a Hipólito Yrigoyen un libro que anunciaba en su tapa, con letras doradas, Obras completas de Hipólito Yrigoyen. Todas las hojas estaban en blanco.
En tanto, durante la segunda administración peronista, un grupo de la oposición liberó un caballo por las calles porteñas con un cartel con el apellido de un ministro en letras negras sobre fondo blanco.
Por esa misma década, el poeta José Balbotín mandó unos versos de su autoría a un diario nacional. En ellos se elogiaba la figura del general español Primo de Rivera y los firmó como "una ferviente admiradora". Sin embargo, los versos encerraban una trampa: la primera letra de cada verso, de arriba abajo, formaban una frase no muy elogiosa: "Primo es borracho".
Ja ja ja
Entre las historias tan antiguas como falsas, está la de que los romanos eran los soldados más lampiños porque "estaban de Pilatos hasta la coronilla".
En un terreno más actual, el pesado bulto de falsas promesas constituye un elemento clave en esta clase de humoradas. Así, cuando el cómico estadounidense Bob Hope analizó el conflicto del Golfo Pérsico concluyó que el único vencedor fue la CNN.
Fiel a su afán por la autocrítica, el pueblo estadounidense la emprende contra sus ídolos vencidos. De Richard Nixon, por ejemplo, se afirma en La historia de la estupidez humana que fue un pésimo coleccionista: "Se empeñó en juntar cintas grabadas con tan mala fortuna que se enredó con ellas, mintió por ellas y terminó por perder la presidencia en 1974".
Y en el periódico San Francisco Chronicle, sobre la presidencia de Lyndon Johnson se publicó este texto: "Después de las últimas experiencias presidenciales, el país llegó a algunas curiosas conclusiones, gracias a la labor de los presidentes y al espíritu de observación del país. Todas ellas irrebatibles, pues nuestros presidentes no nos dejaron ningún cabo suelto. Y así Roosevelt demostró que se puede ser presidente durante toda la vida. Truman demostró que un tipo cualquiera puede ser presidente. Kennedy demostró que también un católico puede ser presidente. Eisenhower demostró que Estados Unidos puede vivir muy bien sin presidente. Y Johnson demostró que en el país vivirían mucho mejor si no tuvieran un presidente".
Los mareados
En diciembre de 1982, Ronald Reagan inició en Brasil una gira por países latinoamericanos. En un acto levantó la copa brindando por el presidente Figueiredo "y por el pueblo de Bolivia". Advertido su lapsus, aclaró que se había equivocado porque, dijo, "Bolivia es el pueblo al que visitaré a continuación". Sin embargo, volvió a equivocarse. Su viaje debía seguir por Colombia y no por suelo boliviano.
Otra historia más contemporánea refiere que Hillary y Bill Clinton se detuvieron con el auto en una estación de servicio. "¡Qué casualidad, Bill!", exclamó Hillary, y siguió: "¡El hombre que está cargando el tanque de nuestro auto fue mi novio en el secundario!" Clinton respondió: "Si te hubieses casado con él, hoy serías la mujer de un obrero". Y Hillary contestó: "No, Bill, él sería presidente de Estados Unidos".





