
Cuando el sexo va a la guerra
Premonitorio: "Wag the Dog" habla de un escándalo sexual del presidente norteamericano que se oculta con un conflicto bélico.
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Si bien una de las características principales de un buen guionista es la intuición, ese olfato especial que permite anticipar futuros conflictos sociopolíticos, no es tarea sencilla para ningún autor concebir una historia que, aun muchos meses después, cuando la película terminada finalmente se estrena, permanezca a tono con la realidad. David Mamet, una de las plumas más filosas y prestigiosas de las letras, el teatro y el cine norteamericanos, no sólo logró que su libreto de "Wag the Dog" no perdiera vigencia, sino que consiguió que alcanzara un status reservado para muy pocos: el de una obra premonitoria. Por una vez, la ficción pergeñada por Mamet -a partir de la novela "Un héroe americano", de Larry Beinhart- anticipó determinados hechos que luego conmovieron a la sociedad norteamericana.
Esta pequeña producción de 15 millones de dólares de costo (una cifra insignificante para los actuales estándares de Hollywood) y filmada en apenas 29 días (el tiempo que demanda diseñar una sola secuencia de acción) se convirtió en una de las grandes sorpresas en lo que va de la temporada 98: no sólo porque ha recaudado más de 42 millones de dólares, sino porque ha desatado también todo tipo de debates que excedieron el marco de los programas de espectáculos para invadir el árido terreno de la discusión política.
El film, cuyo estreno local se anuncia para mediados de abril con el título de "Wag the Dog, mentiras que matan", es una sátira sobre la hipocresía y las miserias del poder político norteamericano a la que dieron forma cinematográfica varios artistas rutilantes: Barry Levinson en la dirección y Dustin Hoffman, Robert De Niro, Woody Harrelson, Billy Bob Thornton, Anne Heche, Denis Leary, Willie Nelson, Kirsten Dunst, William H. Macy, Craig T. Nelson, Merle Haggard, James Belushi y Jay Leno en los diversos papeles. Todos trabajaron al estilo "guerrilla", esto es, rápido y cobrando cachets simbólicos. El resultado es un film que sorprendió a los críticos por su desenfado y espontaneidad, especialmente frente al acartonamiento de las grandes producciones hollywoodenses.
¿Realidad o ficción?
"Wag the Dog" -una expresión popular que podría traducirse como o "menea al perro" o "moverle la cola al perro"- tiene su punto de partida en las relación sexual que el mismísimo presidente de los Estados Unidos mantiene con una adolescente que visita la Casa Blanca. Para tapar el inminente escándalo (la menor de edad amenaza con contar los detalles más escabrosos a la prensa), el mandatario convoca a uno de sus laderos (De Niro), quien a su vez contrata los servicios de un famoso productor de Hollywood (Hoffman) para que invente y ponga en escena, con un show de estrategia televisiva gradual, una apócrifa guerra contra... Albania. Así, se monta una compleja campaña de prensa para convencer a la sociedad americana de que los servicios de inteligencia han descubierto un plan terrorista de los albaneses contra los Estados Unidos.
Más allá del tono farsesco de la película, son impactantes los correlatos con la realidad de un Bill Clinton jaqueado por su affaire con la ex pasante Monica Lewinsky y -en el momento del estreno- por la perspectiva de un enfrentamiento armado con Irak.
Otro debate ético que promovió el film se centró en la campaña de marketing diseñada por la compañía New Line Cinema, que intentó usufructuar comercialmente las similitudes entre ficción y realidad. En los avisos de página completa que aparecieron en los diferentes diarios figuraba como frase central "¡La acción comienza con una crisis en la Casa Blanca!", fragmento de una crítica aparecida en diciembre (sin los signos de exclamación) en el New York Daily News.
Pero esta y otras argucias publicitarias tuvieron escasa repercusión en el nivel masivo. El fin de semana siguiente, la recaudación de la película cayó un 27 por ciento en todo el país, excepto en el área de Washington D. C., donde aumentó un cinco por ciento. Algunas cuestiones, según parece, sólo les interesan a los políticos.


