El tango se tiñe de color rojo
Un recorrido por los estilos del género ciudadano a través de todas las épocas
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"Rojo tango" es un show tanguero que trata de rescatar su presencia en los burdeles, pasando por los salones hasta alcanzar una dimensión internacional.
Con un cuerpo de baile de cuatro parejas, que dirigen Sandra Boots y Gabriel Ortega, en el escenario de El Cabaret, del Faena Hotel, Antonio Ruiz pergeñó una espectáculo que si bien puede deslumbrar a un público internacional no deja de entusiasmar al espectador local.
Le sirve el ambiente natural del salón, con luces suaves, tapizado en rojo, donde se puede degustar de una cena o un trago antes del show.
El programa está integrado por una variedad de títulos que recorren diferentes épocas de la historia del tango en Buenos Aires. Con la participación del Quinteto Viceversa (piano, dos bandoneones, violín y contrabajo), que dirige Emiliano Greco, los temas seleccionados incluyen títulos como "Serenata orillera", "El choclo", "Pedacito de cielo", "Milonga de mis amores", "Uno", "malajunta", "Tango americano", "El último café", "Taconeando", "Zum", Oblivión", "Corazón mirando al sur", "Libertango", "Adiós Nonino", "La cumparsita", entre otros títulos. Un menú bien variado temática y estilísticamente que sirvió para ilustrar el desenvolvimiento del género musical a través de los tiempos.
Algo similar a lo que sucede con las coreografías tangueras. Hay una variedad realmente abundante que demuestra la consolidación de la pareja de baile en el dibujo de diferentes pasos. Cada pareja es un mundo y entre todos conforman un universo atractivo e interesante para el disfrute visual. Además, los bailarines suman una interpretación corporal a cada tema lo que hace más comprometida y verosímil su actuación: no sólo bailan sino que también expresan sin palabras todo un espectro pasional.
No faltan los cantantes, en este caso Vanesa Quiroz y Esteban Riera, dos voces interesantes que se suman al conjunto. Quiroz demuestra potencia, amplitud de registro y una segura afinación que le permiten encarar con brillo y seguridad temas como "Pedacito de cielo", de Expósito, Stamponi y Francini; "Uno", de Discépolo y Mores. No se queda atrás Riera, con una voz clara y muy afinada que resulta ideal para temas como "El choclo", de Discépolo y Villoldo; "El último café", de Castillo y Stampone; "Pasional", de Caldara y Soto. Voces frescas y renovadas. El único reparo para señalar es el volumen de los micrófonos que resulta excesivo para las dimensiones del lugar.
Como no podía ser de otra manera, el vestuario fue fundamental para la coronación del espectáculo, no sólo por el diseño de los trajes, para ajustarlos a la moda de cada época, sino también por la combinación de colores.
En apenas 75 minutos, se puede disfrutar de la variedad del género musical ciudadano, con una mirada un tanto sublimada pero que no pierde contundencia: brilla la coreografía y la técnica de los bailarines para sorprender y encandilar con los movimientos de las piernas en una increíble sincronización.





