Festival y Mundial de Buenos Aires. Cuatro historias que se unen en un mismo tango

Estefanía Gómez y Fernando Rodríguez
Estefanía Gómez y Fernando Rodríguez Fuente: LA NACION - Crédito: Alejandro Guyot
El recorrido tanguero de Maksim, Agustina, Estefanía y Fernando: los millennials ganadores del certamen de Pista y de Escenario, que se consagraron esta semana en el Luna Park
Mauro Apicella
Gabriel Plaza
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25 de agosto de 2019  

La distancia entre Río Grande, Tierra del Fuego, donde nació Agustina Piaggio, y Moscú, donde vivió buena parte de su vida Maksim Gerasimov, es de casi 15.500 kilómetros. Que llegaran a convertirse en los campeones de baile del certamen más popular de Buenos Aires no fue gracias una promo de pasajes aéreos sino por la pasión que este par de millennials de 28 años tiene por el tango.

El último martes se consagraron campeones de la categoría Tango Pista de la edición 2019 del Festival y Mundial Tango Buenos Aires, que, como cada año, se realizó en el Luna Park. Auténtico ritual porteño, la final de este certamen es una fiesta de los milongueros, aunque la competición, a estas alturas, tenga más presencia de bailarines que se dedican a la actividad profesionalmente que de manera amateur. Pasa que el tango milonguero, de Pista, bien pegado al suelo, fue copado por bailarines profesionales de otras áreas y del mismo tango; pasa que el de Escenario, el acrobático, con los años comenzó a adoptar las sutilezas de la milonga y a dejar un poco de lado las piruetas aéreas. Así, aunque no se pretenda unificar estilos, son dos formas que se parecen cada vez más.

Agustina se enamoró del tango a los 15; su danza era una de las materias del Centro Polivalente de Arte, en Río Grande. Fueguina de espíritu viajero, se fue a vivir a Buenos Aires y cuando se convirtió en docente de tango encontró una oportunidad de trabajo en Japón y hacia allí partió.

Maksim se dedicó al ballroom, esa danza competitiva e internacional que se desarrolla sobre la base de cinco o seis estilos bailables. Pero las coreografías no lo atraían demasiado. Cuando conoció el tango abandonó los certámenes de ballroom y abrazó la danza porteña al ciento por ciento. No fue el amor sino Roma lo que se cruzó en su camino. Porque no son pareja en la vida cotidiana pero sí, desde hace casi tres años, en la pista de baile.

El estudio y la enseñanza del tango los hizo coincidir en la capital italiana. En ese momento los dos habían perdido a sus parejas de baile y decidieron salir a la pista juntos. ¿Cómo resultó? "Espectacular", decía Agustina, después de poner el último pie fuera del escenario del Luna Park, con su premio en la mano y una sonrisa de oreja a oreja. "Mucho mejor", agregaba Maksim, con su modesto español que balbucea entremezclado con algunas palabras en inglés.

Pero aquello fue apenas una presentación. Debieron pasar varios meses para que Agustina hiciera las valijas y viajara desde Tokio a Moscú para instalarse allí por un tiempo y desarrollar un proyecto profesional con Maksim que, evidentemente, dio muy buenos frutos con el premio del Mundial. Minutos antes, sobre el escenario y con el micrófono en la mano Maksim mandaba saludos a su esposa y Agustina pensaba en ordenar su agenda, que tendrá en los próximos días un viaje fugaz a Tierra del Fuego, para visitar a la familia. "Maksim vuelve a Moscú, para encontrarse con Natasha -resume Agustina-. Y nosotros quizás volvamos a vernos recién dentro de un mes. Somos amigos, compañeros de baile y vamos a ver qué viene después de este premio. Estamos felices".

Al día siguiente volvieron los nervios y la ansiedad, pero en los corazones de otros bailarines. Estefanía Belén Gómez fue a vivir a Buenos Aires hace diez años desde Río Negro, pero quería representar a su pueblo natal, San Antonio Oeste. Ese pequeño enclave marítimo de unos veinte mil habitantes tendrá por primera vez en sus más de cien años de historia una campeona mundial de tango. La joven Estefanía y su pareja de baile, el porteño Fernando Andrés Rodríguez, son los nuevos campeones mundiales en la categoría Tango Escenario. "En San Antonio Oeste deben estar festejando. Tengo que hacer fuerza para hablar", decía Estefanía, apenas terminada la premiación. "Cuando estoy emocionada no me salen las palabras. Es un sueño cumplido representar a mi pueblo".

Y todavía están en una nube. Sorprendidos. Sin palabras. Casi sin aliento. "Estamos emocionados, muy felices y cansados. Fue un largo camino hasta llegar acá", decía Fernando, que lleva un chaleco para el dolor de espalda debajo del saco. "Hace tres meses que entreno así por una lesión. Dimos todo".

Es la primera vez que participan del Mundial de Baile y se coronaron con el primer puesto luego de cautivar a los jurados -Gaspar Godoy, Diego Gauna, Guillermina Quiroga, Alejandra Vidala Barboza, Natacha Poberaj, Germán Cornejo y Gachi Fernández- con su rutina de baile en el tema instrumental "Kicho", de Astor Piazzolla, en la versión del Sexteto Mayor. "Buscamos un montón de canciones, pero cuando escuchamos este tema dijimos: «es este»".

Hace cuatro años que bailan juntos. Un amigo los puso en contacto y empezaron a trabajar profesionalmente. Estefanía, de 29 años, venía más del baile folclórico y la contemporánea hasta que el tango la abrazó y no pudo hacer otra cosa que dedicarle todas sus horas de aprendizaje. "Bailar tango es como hablar un idioma y cuando te entendés con la otra persona es lo mismo que conversar, pero con el baile", aclaraba la rionegrina que, entre sus músicos preferidos, tiene al bandoneonista Astor Piazzolla.

Fernando, de 40, le dedicó la mitad de su vida al tango. "Es una forma de vida para mí. Cuando me voy de gira extraño el olor de Buenos Aires", reconocía este aficionado al sonido de Osvaldo Pugliese y que tuvo la suerte de trabajar con el legendario Sexteto Mayor. Ambos coinciden en que la alquimia de la pareja funcionó desde el primer encuentro. "Nos conocimos, empezamos a ensayar y a la semana estábamos trabajando y no paramos". Fueron tiempos muy intensos para la pareja y con mucho trabajo, pero recién este año se animaron a anotarse para el certamen. "Hay que tener mucho coraje para anotarse para el Mundial de Tango", confesaba Estefanía. La preparación de la coreografía llevó varios meses. "Empezamos a probar cosas y fue saliendo. Tuvimos el apoyo total de dos amigos y bailarines Noche Samaniego y Leandro Gómez. Ellos nos acompañaron en todos los ensayos. Nos cebaban mate, nos apoyaban y nos decían si íbamos bien. Nunca estuvimos solos en esto. Llegamos gracias a un montón de amigos. Durante la semana que quedamos seleccionados para la final recibimos un montón de mensajes de gente que admiramos. Sentíamos que nosotros ya habíamos ganado".

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