La Cenicienta revive con pasos de tango
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"Cassano Cinderella Tango Club" , espectáculo coreográfico. Intérpretes: Eleonora Cassano, Alba Castillo, Claudia Chucai, Cecilia Díaz, Stella Maris Ribeiro, Laura Tilve, Héctor Díaz, Juan Carlos Espósito, Oscar Gauna, Marcelo Marcellini y Omar Quiroga. Libro: Helena Tritek y Elio Marchi. Coreografía: Leonardo Cuello. Diseño de iluminación: Sandro Pujía. Diseño de vestuario y escenografía: Andrea Mercado. Producción ejecutiva: Sergio Albertoni. Dirección: Helena Tritek. En el Maipo. Estreno: 8 de mayo.
Nuestra opinión: bueno
Cenicienta, mucho más que Blancanieves, es el personaje de los cuentos infantiles que más atrajo a otras disciplinas artísticas. La propuesta que elaboraron Elio Marchi y Helena Tritek toma como punto de partida la historia de la pobre fregona, maltratada por su madrastra y sus hermanastras, para trasladarla, en versión coreográfica, a nuestros tiempos y con una atmósfera tanguera.
Simplificado en la narración, el texto se traduce en danza y sólo se escuchan muy pocas palabras. El resto es baile, que no se incorpora al desarrollo dramático. Son una sucesión de temas bailables, entre los que se incluyen "Vida mía", "Chiquilín de Bachín", "9 de Julio", "La puñalada", "Derecho viejo", "El día que me quieras", alternando con un mambo y "Comienza el beguin".
La figura de Cenicienta en este caso es la excusa para presentar un espectáculo de tango bailado, acompañado por un bandoneón en escena. De la historia original, muy simplificada y lineal, queda poco. En realidad, la propuesta lleva al lucimiento de Eleonora Cassano como bailarina de tango y lo logra, más allá de su personaje.
Trasladada a un salón de tango, Cenicienta es la que limpia el lugar, aunque no puede sustraerse de las clases que allí dicta un profesor. No hay una madrastra, sino una rigurosa y despectiva encargada del lugar que controla celosamente la limpieza y vuelca su desprecio sobre la joven atribulada. A Cenicienta sólo le quedan los sueños, y en este estadio onírico se percibe la mano de la directora, que transforma, en el plano de la fantasía, al príncipe azul en sultán. Luego, llegará el príncipe en la figura de uno de los bailarines y el hada madrina, otra bailarina, se hará presente para ayudar a Cenicienta.
El gran festejo real del cuento está representado en esta versión por un baile de carnaval, donde las mascaritas se entremezclan protegidas por el anonimato. Allí se produce el encuentro amoroso, para terminar como es previsible, escena del zapatito mediante, con el tradicional "y fueron felices".
Helena Tritek delineó una atractiva hechura visual, tanto por el marco escenográfico (que incluye un retablo de títeres) como por el vestuario, de diseño y colores variados, y la iluminación. El resto lo aportaron los bailarines, correctos en la interpretación y precisos acompañantes de Eleonora Cassano, quien contó con un partenaire apropiado para jugar el sueño del príncipe azul y sumarse, aunque con un refinado estilo clásico, a la propuesta tanguera.





