Las proezas de Ángel Corella

Néstor Tirri
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12 de junio de 2013  

BARCELONA BALLET / Piezas coreográficas : de Ángel Corella, Russell Ducker, Kirill Radev y María Pagés / Dirección : Ángel Corella / Iluminación : Luis Perdiguero

Nuestra opinión: muy buena.

El team ostenta un "Barcelona" en el rótulo y reúne a once virtuosos internacionales, uno de los cuales es una de las figuras top del mundo. Podría pensarse que hablamos del Barcelona F.C. de Leo Messi, pero no: es un Ballet en gira, que, con sus prodigios técnicos, arrancó ovaciones en el Teatro Coliseo. A diferencia del equipo del poderoso club de fútbol catalán, el Barcelona Ballet no dispone de respaldo financiero y su desmembramiento como compañía parece inevitable.

Ángel Corella, su fundador-líder y principal atracción, trajo un programa variado que desafía a los intérpretes con lenguajes de distintas corrientes dancísticas, con dispar calidad coreográfica, pero que siempre logra deslumbrar por su potencia energética. Semejante excelencia performativa, sin embargo, contrasta con una inocultable escasez de profundidad en algunas de las propuestas, así como una pizca de exhibicionismo en proezas que se reiteran en función del aplauso.

Corella abre el programa con una doble muestra de su talento apelando al Souvenir de Florencia , de Tchaikovsky. String Sextet es una coreografía suya de delicada filigrana clásico-académica (si bien festiva) para cuatro parejas, a cual de ellas más decantada; una deja ver la sutil empatía que fluye entre la impecable Kazuko Omori y el coreógrafo, aquí en condición de intérprete, una química que volverán a experimentar en otros tramos del programa. Natalia Tapia y Kirill Radev conforman otra pareja admirable del octeto.

La primera parte se cierra con Soleá , un dúo de María Pagés que Corella y su hermana Carmen ya habían ofrecido el año pasado en el mismo escenario. Hay giros muy seductores en los que el flamenco (sostenido por el cante de Ana Ramón y la guitarra de Rubén Lebaniegos) alterna con figuras del neoclásico y con sonrisas que no siempre se concilian con la gravedad del arte jondo. Hay quienes se resisten a la "estilización" que supone el reemplazo de los tradicionales y aguerridos tacones del flamenco por las puntas (con el tango bailado ocurre lo mismo, pero claro: esos zapatones no permiten ejercitar acrobacias), pero nada detiene el entusiasmo del público ante las reiteradas pirouettes à la seconde de Corella.

Dos piezas merecen destacarse especialmente. Una es el dúo Built to Fall Apart , de Russell Ducker (cuerpos enlazados o libres que respiran en consonancia con el intenso ritmo de la partitura), con iluminación de cenitales circulantes que evocan la estética escénica de Forsythe. La otra, Sombras ajenas , de neto corte contemporáneo, es un sobrio trío masculino de Kirill Radev (él mismo, uno de los excelentes intérpretes); las figuras circulan bajo haces de luz cónicos, o salen de ellos para quedar en las sombras. Se trata de una propuesta cuya densidad acierta a equilibrar la tendencia a la relativa superficialidad formal que señorea en la velada.

Rasgo que, por lo demás, concentra y resume Suspended in Time , suerte de suite de divertimenti, en la que confluyen tres de los coreógrafos del programa (Corella, Radev y Ducker), sostenida por ritmos de la Electric Light Orchestra. Resulta difícil describir invenciones coreográficas (tan lights como la música) y, menos aún, señalar que alguna de las proezas individuales sea superior a las otras. Corella tiene su solo, The Fall , también visto el año pasado: con su técnica prodigiosa se desplaza con sorprendente levedad y medida suspensión en los manèges . Su formidable grupo (aun bajo amenaza de disolución) lo acompaña con un disfrute del movimiento que transforma la performance en una fiesta. Y el público responde en consecuencia.

http://guia.lanacion.com.ar/teatro/obra/angel-corella--barcelona-ballet-ob18166

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