
"Medea", una tragedia en danza
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"Medea". Coreografía y libreto: Mauricio Wainrot. Intérpretes: Silvina Cortés, Maximiliano Guerra, Exequiel Barreras, Sol Rourich, Victoria Hidalgo, Ernesto Chacón, Irupé Sarmiento, Mariela Alarcón, Laura Cucchetti, Elizabeth Rodríguez y el Ballet Contemporáneo. Música: Dimitri Shostakovich. Compaginación musical y música incidental: Gustavo Dvoskin. Escenografía y vestuario: Carlos Gallardo. Iluminación: Eli Sirlin. En el Teatro San Martín.
Siguiendo la tragedia de Eurípides, Mauricio Wainrot concibe su nueva creación cruzando tiempos y espacios para dar forma, desde la danza, a una experiencia de singular riqueza, en la que la traslación de la historia de Medea es muy ajustada y donde, además, cada uno de los personajes sobresale por su destacada profundidad.
El mundo de Medea que descubre Wainrot es por demás atractivo. Le interesa bucear en el ser femenino hasta descubrir ese preciso instante en el que la violencia desatada por el amor es capaz de conducir a matar a los seres más próximos. Medea, Glauce y las hechiceras dominan la escena. Entre ellas construyen la tragedia mientras los hombres y el resto de la sociedad acompañan u observan. Todo transcurre en un ritmo casi vertiginoso para el espectador, quien además, seguramente, reconocerá que la historia va transcurriendo rápidamente y que, aquella Medea poco a poco, se va apropiando del presente. No sólo en la danza lo contemporáneo, lo neoclásico y lo expresionista irán imponiéndose a su tiempo: la música de Dimitri Shostakovich está compaginada por Gustavo Dvoskin con quiebres de fuerte y conmovedora contemporaneidad. En el vestuario de Carlos Gallardo se confunde la actualidad con trazos del pasado y desde la iluminación Eli Sirlin promueve cierta ensoñación, por momentos, que reafirma ese cruce temporal que lleva a preguntarse en que época sucede esta historia, para terminar descubriendo que todos los tiempos parecieran ser uno solo y que esa mujer, esa pasión y esas muertes recorren los tiempos para sorpresa de muchos.
Tanto Silvina Cortés (Medea) como Maximiliano Guerra (Jasón) se imponen con una fuerza muy destacable. Sus cuerpos expresan con gran vitalidad los diversos y contradictorios estados de sus conductas. Esos rasgos salvajes que dominan la creación de Cortés son por momentos muy fascinantes. Resultan muy atractivas también las composiciones de las hechiceras -Irupé Sarmiento, Mariela Alarcón, Laura Cucchetti y Elizabeth Rodríguez- que continuamente dan la posibilidad de reencontrarse con la oscuridad de quienes son capaces de construir el destino.
En roles más pequeños se destacan Ernesto Chacón (Creonte), Victoria Hidalgo (Glauce), Sol Rourich (hija) y Exequiel Barreras (hijo), así como también el resto de la compañía que juega, con intensidad, a dar forma a un marco social por demás inquietante en esta puesta.





