Murió la cubana Alicia Alonso, una histórica figura de la danza como no habrá dos

Gran figura de la cultura cubana y embajadora de la danza en todo el mundo, Alicia Alonso fue prima ballerina assoluta y directora del Ballet Nacional de Cuba
Gran figura de la cultura cubana y embajadora de la danza en todo el mundo, Alicia Alonso fue prima ballerina assoluta y directora del Ballet Nacional de Cuba Fuente: AP
Néstor Tirri
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17 de octubre de 2019  • 14:46

Hace unos años una fake news que se viralizó a través de Facebook sacudió al mundo de la danza con un título triste y contundente: " Murió Alicia Alonso". Resultaba verosímil: la ex bailarina ya era nonagenaria, arrastraba una ceguera desde su juventud y su potencial creativo había decaído. La noticia fue pronto desmentida por personas vinculadas al Ballet Nacional de Cuba, alguna de las cuales se atrevió a sentenciar: "Alicia es eterna". Hoy, sin embargo, y a pesar de los privilegios de eternidad de los que gozan los Parnasos del arte, el mundo se entera oficialmente de que la exbailarina y maestra cubana Alicia Alonso, una de las más salientes personalidades de la historia de la danza, ha muerto en La Habana a los 98 años . Había sido hospitalizada esta mañana.

Reseñar su paso por este mundo a través de sus trabajos y sus glorias (amén de su controvertida presencia cívica) no es tarea sencilla; podría decirse que ninguna figura de la historia del ballet occidental generó, como ella, a lo largo de más de sesenta años, tantos estrenos, festivales, giras y escuelas, además de haber creado una corriente propia en la estética del ballet clásico y de haber continuado bailando en público hasta una edad inverosímil. Tanto como verla ensayar y bailar -aun con escasos desplazamientos y un sólido partenaire- El poema del fuego (de Alberto Méndez,1983), en el Festival de La Habana de 1990, cuando tenía casi 69 años.

Alicia Alonso recibe de Fidel la Medalla Jose Martí, el más alto honor en Cuba
Alicia Alonso recibe de Fidel la Medalla Jose Martí, el más alto honor en Cuba Fuente: AP

Había nacido en La Habana el 21 de diciembre de 1920, en el hogar de un matrimonio español que le dio un nombre altisonante: Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo. El apellido con el que se hizo famosa lo recibió del bailarín y maestro Fernando Alonso (hermano de Alberto, el coreógrafo), con quien estuvo casada entre 1937 y 1975. Sus primeras clases de baile las recibió en 1931 del maestro Nikolai Yavorsky, en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical. En esos días de aprendizaje tuvo su primer destello cuando vio bailar a la española Antonia Mercé, La Argentina; ante esa celebridad, con miedo y pudor, debió improvisar un solo durante una clase. Más tarde, cuando se reencontraron en el camarín de la artista en medio de una aglomeración de fans que intentaban felicitarla, La Argentina distinguió inmediatamente a la niña: "¿Sabes por qué te reconocí? -le preguntó-. Pues, hija, porque tienes la boca y los ojos tan grandes como los míos". Y le auguró un gran futuro en el baile.

El augurio no fue en vano. "Pronto comenzaron a distinguirse mis cualidades físicas -rememoraba Alicia cuando ya hacía casi cincuenta años que bailaba-. Entre ellas, la flexibilidad, la posibilidad, por ejemplo, de elevar la pierna en los arabesques a mayor altura que las demás alumnas."

Nace una estrella

En 1938, ya instalada en los Estados Unidos, tuvo su debut profesional en Nueva York, en dos comedias musicales, Great Lady y Stars in your Eyes. Al año siguiente formó parte del American Ballet Caravan, que dirigían Lincoln Kirstein y George Balanchine, más tarde rebautizado New York City Ballet. "Durante una gira [de 1940] nos enteramos de la formación del Ballet Theatre, al cual ingresé enseguida, prácticamente sin audición previa." Y allí, en esa compañía que más tarde se denominaría American Ballet Theatre (ABT), se produjo una situación casi milagrosa que la catapultó y se convirtió en leyenda: en 1943 sustituyó "de emergencia" a la célebre inglesa Alicia Márkova en Giselle.

"Había transcurrido más de un año después de haber sido operada de una grave dolencia en los ojos, que me mantuvo inmóvil durante meses en cama", relató. Lo cierto es que la Márkova se había enfermado de repente y la dirección comenzó a preguntar entre las principales bailarinas jóvenes de la compañía si alguna se atrevía a componer, casi sin margen de tiempo, a la desdichada Giselle. Todas se negaron, y no les faltaba razones.

Alonso con Orlando Salgado en El lago de los Cisnes
Alonso con Orlando Salgado en El lago de los Cisnes Fuente: AP

Se habían resistido a ofrecérselo a Alonso a causa de la cirugía que la había afectado. "Pero cuando me lo propusieron dije sencillamente que sí. Entonces tuve que hacer un esfuerzo enorme -reconocería después-. En ese trabajo conté con la ayuda de Anton Dolin, quien sería mi primer Albrecht." El debut se verificó en el antiguo Metropolitan Opera House de Nueva York y el éxito fue tan resonante que excedió lo que se había previsto. En cuanto a su problema ocular, la ceguera avanzó y esto determinó que la artista entrenara minuciosamente a sus partenaires, para que sus compañeros de escena estuvieran exactamente donde ella los necesitaba.

Así se despliega el período más brillante de la carrera de Alicia Alonso como intérprete de obras mayúsculas del repertorio clásico y romántico; trabajó junto a Balanchine, Fokin, Massine, Agnes de Mille, Nijinska y, entre otros, Jerome Robbins. Ya con rango de prima ballerina assoluta actuó en varios países de Europa (fue la primera artista de Latinoamérica que bailó en la Unión Soviética, en 1957 y 1958, con las compañías mayores, la del Bolshoi de Moscú y la del Kirov de Leningrado (hoy San Petersburgo ) y estrenó obras como Undertow (Tudor), Fall River Legend (De Mille) y Tema y Variaciones (Balanchine).

Alicia Alonso, en la apertura del 25th festival Internacional de La Habana
Alicia Alonso, en la apertura del 25th festival Internacional de La Habana Fuente: Reuters

El Ballet Nacional de Cuba

"Hay tantas cosas todavía por hacer y tanto por vivir, que no me alcanza la vida", aseguró la prestigiosa bailarina el día en que cumplió 95 años, a pesar de que para entonces ya había desarrollado una obra monumental. En 1948 fundó en La Habana el Ballet Alicia Alonso y, a partir de entonces, repartió sus actuaciones entre el ABT neoyorquino y su propia compañía, que no tardaría en asumirse como Ballet Nacional de Cuba.

Inicialmente este organismo tuvo subvención del Estado pero, por el carácter contestatario y la frontalidad de la artista, a cierta altura el gobierno de Fulgencio Batista le retiró el apoyo. Mientras, entre 1955 y 1959 Alonso bailaba con Les Ballets Russes de Montecarlo. La Revolución de 1959 restituyó a la compañía el subsidio estatal y el Ballet Nacional de Cuba se instauró como el mascarón de proa cultural de la isla.

Alicia se erigió en la niña mimada de Fidel Castro, condición que la convirtió en una figura polémica, aun cuando su arte lucía en la cima de su madurez. A esta altura hay que decir que la Alonso encarnó al tipo de bailarina clásica "moderna", con una admirable fluidez de movimiento, una figura y una elongación prodigiosas, así como un registro emocional personalísimo. Logró transferir a sus bailarines parte de esos refinamientos (que se oponían a la pura pirotecnia habitual), lo que determinó que el Ballet Nacional de Cuba ostentara su carta de identidad con sello propio. Y así fue que comenzó a invocarse "la escuela cubana" como una corriente distinta en el panorama internacional, distinguible de la "escuela rusa", la francesa o la danesa.

En los años siguientes, las versiones de Alonso de los clásicos fueron estrenadas en el extranjero: el Ballet de la Ópera de París ( Giselle, La bella durmiente), el del Teatro San Carlo de Nápoles ( Giselle), en Alla Scala de Milán ( La Bella durmiente) y, entre otros espacios, en la Ópera de Praga ( La fille mal gardé), así como en el Teatro Colón, de Buenos Aires, donde en 1954 estrenó su versión de El lago de los cisnes.

La Alonso continuó bailando en su país y conduciendo con mano férrea la compañía estatal (un rigor que, en los últimos años, produjo algunas deserciones), de la que varios de sus solistas lograron destacarse obteniendo medallas y trofeos internacionales: Josefina Méndez, Mirta Plá, Aurora Bosch, Marta García (que dirigió el Ballet del Teatro Colón de la Argentina entre 2001 y 2004), así como Azari Plisetsky, Jorge Esquivel y Orlando Salgado, quienes fueron sus partenaires durante años. Sin olvidar a la notable prima ballerina y docente Loipa Araujo, fiel seguidora de Alicia.

Alonso y el prestigio de su compañía en el mundo dio lugar a una proyección de las clases de La Habana en varios países, con la presencia física de la ya para entonces legendaria maestra, acompañada por algunas de sus docentes especializadas, incluida su hija Laura. Esta difusión alcanzó a la Argentina, donde el equipo cubano, en asociación con estudios de danza de la Capital, pusieron en funcionamiento el denominado Cuballet, a través del cual se hacía conocer la metodología de la Escuela Cubana y al cual, año a año, asistían bailarines y bailarinas profesionales, así como maestros que actualizaban sus recursos pedagógicos.

Entre los centenares de distinciones internacionales que recibió, figura la que en 1999 le otorgó el gobierno de Francia, como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU para la Educación, la Ciencia y la cultura (Unesco). Y, en 2002, el nombramiento de Embajadora de la República de Cuba, por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores. En un ajuste del epíteto que proclamaba la eternidad de la artista cubana, podría decirse que Alicia Alonso y la obra que deja son y serán, cuanto menos, inmortales.

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