
Paloma Herrera: la bailarina enamorada
Vive con su novio en Nueva York y, dice, el amor mejoró su trabajo
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Para los bailarines, el traumatólogo puede ser una bendición, porque es quien comprende a fondo los avatares de la danza, profesión que físicamente exige el máximo de los cuerpos. Pero también inspira rechazo, ya que es la persona que diagnostica cuestiones que todos temen: lesiones que obligan a largos reposos y rehabilitaciones dolorosas, cuando no a operaciones imprevistas justo cuando el paciente iba a estrenar el personaje de su vida, estaba a punto de hacer la gira soñada o se presentaría por primera vez como figura estelar en un teatro de renombre.
Sin embargo, hace algo más de dos años, Paloma Herrera conoció al amor de su vida, Alejandro Della Valle, de 28 años y traumatólogo de profesión. Si bien las labores de ambos siguieron su curso, ella, como estrella del American Ballet Theatre de Nueva York, él, en el equipo de su especialidad del Hospital Italiano, todo cambió. El trabajo es, para ambos, vocación, dedicación, disciplina y lo que desean hacer, con una pasión que supera cualquier sacrificio.
Mas Alejandro estaba aquí, y Paloma en Nueva York o en tournées por todo el mundo. Se las arreglaron para que ese sentimiento que fue in crescendo no se arruinara por la lejanía. Paloma venía cada tanto, en escapadas de hasta sólo dos días, para verlo, y Alejandro hacía lo mismo. Las llamadas diarias les deben haber costado fortunas. Al final, la oportunidad de estar juntos permanentemente llegó cuando, en octubre de 2002, él viajó para quedarse en los Estados Unidos.
-¿Qué sentiste cuando llegó, sabiendo que se cumplía lo que anhelaban?
-Alejandro llegó el 12 de octubre, justo el día en que el American comenzaba su ciclo en el City Center. Yo estaba muy feliz, porque se había concretado algo de lo que nunca tuvimos dudas. Hasta ese momento, aunque todo era difícil, ya que ansiábamos vernos y estar permanentemente juntos, yo le decía que las cosas se iban a arreglar, que de a poco íbamos a encontrar la solución. Los dos estábamos seguros de lo que sentíamos. Los obstáculos por la distancia y no tener el tiempo suficiente no nos atemorizaron. Seguimos adelante porque nos queremos profundamente, y así pudimos esperar el momento. Cuando se pudo, lo hicimos. Además, estaba su decisión de dejar la Argentina para venir aquí a ejercer su profesión. En eso no intervine, si bien lo charlamos. Por eso, tal como lo pensamos y deseamos, se dio. Está trabajando en el New York Hospital, donde hizo su residencia. Es un lugar excelente y se siente muy bien.
-¿Cómo llevan el ritmo de dos carreras tan exigentes?
-Su profesión es opuesta a la mía. Lo de él es supertécnico, y lo mío, totalmente artístico. Pero lo llevamos muy bien, porque, como yo, Alejandro ama lo que hace. Eso nos une, es en lo que somos idénticos, porque cada cual en lo suyo siente lo mismo. Para ambos es una necesidad, una alegría que viene desde adentro. Afirma nuestra felicidad y podemos compartir cosas, disfrutar las coincidencias de nuestras vocaciones.
-¿Cuáles son sus proyectos?
-Estar juntos. No le pongo nombre a la relación. Como no estamos casados, no puedo decir "marido, esposo". Tampoco novio, porque es más que eso. Sobre todo, por la prueba que significó que viniera a vivir acá. Lo que hizo es casi más importante que el matrimonio, aunque pensamos casarnos cuando sea el momento. Vivimos el día a día, pero con la visión firme de seguir unidos en el futuro. Además, a él le encanta la ciudad, que ya conocía. Cuando podemos vamos a espectáculos, si salgo temprano lo voy a buscar, hacemos las compras, o nos quedamos en el departamento (el que tenía Paloma, frente al Lincoln Center) disfrutando de nuestra casa. Algo que nos hizo reír fue que cuando él estuvo aquí vivía del lado East pero trabajaba en el West, en tanto que yo siempre viví de este lado, ya que mucho de la temporada lo paso en el Lincoln Center, donde está el Met. Ahora estamos en el mismo lugar de la ciudad, y para él es fantástico, el hospital queda muy cerca y a menudo se va caminando. Estamos yendo a muchas partes, así que si bien es la misma Nueva York, vemos juntos cosas que antes no habíamos observado.
-¿Se acostumbró al ballet, le agrada?
-Hace poco, cuando estuvimos en Washington, se presentaba "Romeo y Julieta". Como Alejandro no tenía que trabajar, tomó el tren y fue a la función. Nunca la había visto y se quedó maravillado, emocionado. Yo también, porque terminar y verlo ahí fue un placer. Siempre que bailo lo es, pero ésa fue una función especial, porque estaba conmigo. Después fuimos a cenar y sus preguntas me encantaron, porque al no saber de ballet su noción es otra. Yo le contaba y explicaba no en términos de los que sabemos o estamos en esto, sino de manera que lo sintiera, y ambos estábamos muy entusiasmados. En el escenario se trasunta todo; que él esté viendo una función me llena de placer, y esa felicidad se ve. Aunque sea algo dramático, hago las cosas diferentes, no como hace dos años. Es una evolución lógica, pero si se están viviendo los sentimientos, si en la vida se está experimentando lo que se hará en el teatro, el personaje crece, madura en la medida en que una también lo hace en la realidad. Ahora soy más mujer, más allá de que tengo otra edad y es otra etapa, veo las cosas diferentes y las traduzco de modo distinto.
-¿Es celoso?
-Creo que un poquito, porque cuando vio "Romeo y Julieta" me habló algo de los besos y del apasionamiento de la obra. Pero se acostumbrará, no es nada preocupante. Además, sabe que él es único, no hay nadie más.
Paloma está muy ocupada en las giras que el ABT está haciendo en diferentes ciudades y también ensayando con el cubano Carlos Acosta para participar de un importante festival en México. Luego, tiene que estar con toda la energía para los ensayos de la tradicional temporada de la compañía en el Metropolitan Opera House neoyorquino, que comenzará los primeros días de mayo y se extiende hasta fines de junio.
-¿Cuál será la programación?
-Se va a abrir con un programa mixto, que incluye el pas de deux "Esmeralda", que nunca se había hecho aquí; luego se verán varios de los grandes clásicos completos, como "La Bayadera", "Don Quijote", "El lago de los cisnes" y otros. Habrá más mixtos, con algunas obras breves nuevas. La única pieza estreno será la que harán dos coreógrafos, Natalie Weir y Stanton Welch. Cada uno tomará una mitad del ballet completo, que tiene la música de "Carmina Burana". Y mucho más; la temporada es larga, muy variada y yo tengo mucho para bailar.
-¿Con qué partenaires estás bailando más frecuentemente?
-Con José Carreño, para algunas cosas, y con el brasileño Marcelo Gomes, para otras. Eso, sobre todo, en el ABT, pero ahora que tengo más tiempo, ya que Alejandro está acá, tengo invitaciones para varias galas y funciones con otras compañías. Antes decía que no, porque cada momento libre que tenía era para ver a Alejandro. Me cambió todo, porque antes rechazaba invitaciones y no veía amigos porque quería estar con él. Actualmente es una fiesta, aunque nos quedemos en el departamento. Pero sé que podemos salir, ver gente, hacer lo que queremos, porque ya no existe esa urgencia que pasamos durante dos años. Nos impulsamos mutuamente, le pregunto sobre lo que hace y él también, y da sus opiniones, pero siempre con respeto, como yo con su carrera.
-¿Pensaron en tener un hijo?
-Lo dejaría para más adelante. Pero en esa cuestión siempre fui consciente. Me parece que las que nos dedicamos a esta profesión podemos tener una vida perfectamente normal. Por ejemplo, Alejandra Ferri, una bailarina que admiro muchísimo, ya tiene dos hijas, sigue estupenda en el escenario y en su vida privada es completamente feliz y natural. Estoy muy contenta con mi carrera, porque cada cosa se dio en su momento. No soy de las que dicen: "Apurate porque ya sos grande para hacer esto", ni cuando era una adolescente, nunca me preocupó que fuera demasiado joven para hacer ciertos papeles. Son distintas etapas y cada una tiene algo bueno, algo para aprender, para hacer diferentes personajes, o los que ya hice, pero de otro modo. Si no, es vivir angustiada, con miedo, o insatisfecha. Yo digo que todo llegará cuando sea debido y lo desee. Cuanto más abierta sea como persona y comprendiendo que cada ciclo tiene algo positivo mejor estaré en la vida privada y en la profesional, se tengan 16 o 27 años.
Alejandro tiene una excelente relación con la compañía. La conoció antes de instalarse allá. Ya no estaba sujeto a su trabajo en el Hospital Italiano y había muchos días libres por delante. Entonces, Paloma le sugirió que viajara con el American a Japón. Así lo hizo y tuvo un cálido recibimiento, algo que a la bailarina la alegró, porque en todo caso era "sapo de otro pozo". Esa fue otra pieza que habló más aún de la armonía no sólo entre ambos, sino también con el entorno.
-Hace casi dos años que no venís a Buenos Aires. ¿Hay algún proyecto?
-Todavía no hay nada arreglado en concreto. Podría ser a mediados de año, siempre y cuando las cosas estén bien hechas, sean correctas. No me gusta ir a ningún lado sin tener seguridad y que las cosas se cumplan. Y que el público pueda ir a verme. Amo mi país, me fascina bailar allá, me gusta estar con mi familia y es un deleite. Pero la última vez que estuve me sentí muy enojada porque las entradas eran carísimas y mis actuaciones estaban incluidas en abonos, por lo cual me vieron algunos. Yo quiero presentarme para todos y que cualquiera pueda verme a precios accesibles. Soy argentina y deseo que el ballet, a través de mí, se difunda, pero con justicia y no sólo para los que pueden pagar cifras exorbitantes. Igualmente, en mis vacaciones, iré unos días, pero respecto de actuar es otra cosa. Ojalá pueda hacerlo, es un sueño que está siempre dentro de mí y duele que no se cristalice.
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