Renovada y atractiva puesta para un clásico
1 minuto de lectura'
"Romeo y Julieta", de Sergei Prokofiev, con coreografía de Oscar Araiz. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Carlos Calleja. Intérpretes: Ballet Estable del Teatro Colón. Solistas: Alejandro Parente, Maricel De Mitra, Gabriela Alberti, Silvina Perillo, Leonardo Reale, Vagram Ambartsoumian, Néstor Assaf, Natalia Sarraceno, Jorge Amarante y María Eugenia Padilla. Escenografía: Víctor de Pilla. Vestuario: Renata Schussheim. Diseño de luces: Rubén Conde. Teatro Colón.
Nuestra opinión: Muy buena
En este primer espectáculo de Oscar Araiz, en su presentación como director del Ballet Estable del Colón, vuelve a comprobarse el estilo particular que tiene como coreógrafo. Desde que se abre el telón y aparecen los bailarines se percibe una estética muy personal, no sólo en la parte dancística, sino también en la visual. Más allá de la música de Prokofiev, provocativa y seductora, el texto de Shakespeare vuelve a demostrar que el planteo argumental de esta tragedia encuentra siempre una vía expresiva en cualquiera de las disciplinas artísticas que la aborden.
Pero para eso es necesario un planteo homogéneo que no presente baches en la lectura, y Araiz lo consigue. Claro que, para lograrlo, cuenta con el aporte de Renata Schusseim, en el vestuario, y de Rubén Conde, en las luces. La vestuarista también deja reconocer su estilo propio. Con un juego cromático basado en el blanco, el rojo y el negro, excepto en el segundo acto, donde el escenario se viste con los bailarines ataviados con una paleta de cálidos colores, Schusseim apuesta a un toque expresionista que resulta inquietante cuando presenta a las mujeres, en la escena del baile del primer acto, con calvas, recurso que se suma al diseño de trajes.
Pero hay algo más interesante. Aunque Víctor de Pilla figura como responsable de la escenografía, en realidad se trata de un diseño espacial y escénico de innegable belleza. No hay grandes estructuras arquitectónicas, sólo algunas figuras geométricas que sirven para recrear utilería, y por sobre todo con el respaldo de la iluminación para cargar la atmósfera propicia a las secuencias.
El aporte de Araiz en la coreografía es tan elocuente, que la palabra hubiera estado de más, pero también expone su creatividad en la interpretación que hace de la protagonista femenina. No hay una sola Julieta: hay tres, pero cada una responde a características propias. Por un lado, está la hija obediente; por otro, la niña que sueña con el hombre amado al cual seguir hasta la muerte; finalmente, la tercera la que enfrenta las decisiones paternales. Tres bailarinas (Maricel De Mitra, Gabriela Alberti y Silvina Perillo) para dar vida a un solo personaje en diferentes instancias de su vida afectiva. Y lo hacen con tal grado de efectividad que es más fácil distinguirlas por su temperamento (actuado) que por su fisonomía.
No puede dejar de mencionarse a Alejandro Parente, de sólida presencia escénica, que compuso con fervor a su Romeo. De igual forma, Leonardo Reale, Vagram Ambartsoumian, Néstor Assaf, Natalia Sarraceno, Jorge Amarante y María Eugenia Padilla compusieron a sus personajes con tanta elocuencia que permitieron la lectura correcta del texto. El resto del elenco fue homogéneo y parejo, un buen complemento de las figuras protagónicas, para consolidar la hechura estética de esta renovada y atractiva puesta.




