Romina García Vázquez: la ilusión de la joven bailarina que reemplazará a Marianela Núñez en el Teatro Colón
Integrante del cuerpo de baile, protagonizará “El lago de los cisnes” en las funciones que iba a hacer la estrella argentina del Royal Ballet de Londres, ausente por una lesión; entre la oportunidad, los nervios y el deseo de que sea el primero de muchos roles
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Mientras avanza por el pasillo del subsuelo camino al buffet, lo primero que se distingue de su figura esbelta es el cuello, erguido y largo... nada mal para una mujer que en escena terminará convertida en cisne. De cerca, la percepción es más completa: la juventud le acapara la sonrisa, la ilusión se advierte en la mirada y una mezcla calma de entusiasmo y nervios matiza su voz. Romina García Vázquez, 22 años, bailarina del Ballet Estable del Teatro Colón, se sacó un billete dorado: para sorpresa de propios y ajenos, asumirá su primer protagónico, el dificilísimo rol de Odette/Odile en el Lago de los cisnes, esta noche y pasado mañana. Son las funciones que iba a bailar la estrella argentina del Royal Ballet Marianela Núñez, que por una lesión que mejora día a día no pudo concretar su nueva y esperada visita a Buenos Aires.
Lo supo el domingo pasado, durante el intervalo del espectáculo, cuando el director de la compañía, Julio Bocca, la citó junto con la primera bailarina Ayelén Sánchez a una breve reunión. Lo primero que se imaginó fue que le propondrían desdoblar el personaje principal en la única función que ella venía preparando para su debut, el sábado: “Pensé: yo hago Odette, ella Odile y...”, se aventuraba mentalmente. Pero no. “Entonces nos contaron lo que había pasado, que Marianela se había lesionado y Julio me dijo que como ya habíamos ensayado con Alejandro [Virelles, el invitado internacional] y él estaba de acuerdo, haría las funciones del viernes y el domingo y ‘Ayu’ la que yo tenía originalmente con Lucas [Matzkin]. Me quedé muy en shock, no lo podía creer. De hecho en el momento no me salió ni una palabra, así que después me acerqué y le dije a Julio que con la emoción creía que no le había agradecido por la confianza”.
![Virelles, confeso "fan de Julio [Bocca] y de Luis [Ortigoza] desde que era estudiante", se refirió a su compañera como "una bailarina joven, con muchísimo talento" en un video que grabó para las redes sociales del Teatro Colón](https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/virelles-confeso-fan-de-julio-bocca-y-de-luis-RTTLXYSO6JDXBO63D7MACJRBQM.jpg?auth=e2c0a344df251616af9cf349ed7caf4501a69ad8d9dc6cbd85be3506cccc4cdd&width=420&height=280&quality=70&smart=true)
Bocca contó a LA NACION que cuando tuvo que tomar la decisión le pareció “un desafío lindo” y “una oportunidad única” para Romina. “Le pregunté si se sentía preparada para salir a bailar con otro bailarín, remplazando a Marianela, y me dijo: ‘Me siento con fuerza’. Me pareció linda esa respuesta, ya que siempre va a haber una primera vez; algunos la tienen antes, otros más tarde. Ella es joven y es su primer rol, pero está haciendo un lindo trabajo y por supuesto, como todos, seguirá creciendo”, observó el director, que recordó una anécdota personal que oportuna para el caso. “En mi primera Giselle en el Metropolitan con el ABT tuve que remplazar a Misha [Baryshnikov], bailar con Amanda, que nunca nos habíamos visto antes, y salir directo a la función de la matinée. Cuando uno ama lo que hace no importa nada, no hay horarios, lugar o tiempos; uno va, lo hace y si hay errores es para aprender, como humanos, por suerte, no nos remplaza la IA, por ahora", bromea.
Romina García Vázquez trabaja en el Ballet Estable desde mediados de 2022, cuando ingresó como refuerzo para un montaje de Giselle cuando todavía era alumna del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, del que egresó al año siguiente. A partir de ahí, fue pasando audiciones y obteniendo los contratos que la trajeron hasta esta orilla. Es porteña, hija única en una familia donde “son todos contadores” y empezó a los 4 años con su formación de bailarina clásica. “Una compañera del jardín quería a tomar clases, pero no se animaba a ir sola, así que la acompañé: yo seguí y ella no”, recuerda. Comenzó en el estudio de Liliana Belfiore, luego con Maximiliano Guerra, Raúl Candal y Gabriela Pucci hasta llegar a su maestra actual, Alba Serra. Entre otros antecedentes de su incipiente recorrido, ganó el concurso Paloma Herrera organizado por el Consejo Argentino de la Danza justo antes de que se desatara la pandemia (motivo por el cual no pudo disfrutar de su premio en la escuela del American Ballet, en Nueva York) y en 2022 viajó a participar del Prix de Lausanne, Suiza.
“Estoy contenta donde estoy”, dice, sin apresurarse. Si bien su lugar es en el cuerpo de baile, haciendo danzas de conjunto, ha tenido posibilidades de lucirse en algunas variaciones solistas, como Sombra en La Bayadera o Amiga de Kitri en Don Quijote; incluso ahora mismo hace la Princesa Húngara y uno de los Dos cisnes en El lago. Por supuesto, esa clase de exposición y responsabilidad no tiene parangón con el papel que asumirá esta noche, en el lugar que estaba reservado a quien es hoy una de las mejores y más aclamadas bailarinas del mundo. Pero se sabe, porque la historia lo ha mostrado decenas de veces, que ‘estar siempre listo’ es el primer paso para responder a una oportunidad cuando llama a la puerta, y las lesiones de las primeras figuras a veces habilitan ocasiones impensadas.
Cuenta que con la mirada de Luis Ortigoza, además de Bocca, fue preparándose en sucesivos ensayos. En un comienzo sobre todo, Maricel De Mitri, exprimera bailarina de la casa que este año se sumó al equipo de maestros y repositores, la ayudó a trabajar sobre el personaje: “estudié con ella la entrada, la variación, cómo entender lo que piensa en cada momento, qué intención le puedo dar”, enumera los desafíos. “Estaba ansiosa por las ganas de hacerlo; quiero transitarlo. Y ahora que tengo dos funciones prefiero pensar que es así, lo mismo, pero viernes y domingo. Tengo un partenaire de lujo, que lo bailó un montón –dice, por el cubano– entonces me estoy enfocando en disfrutar, sabiendo que es la primera vez y que pueden pasar cosas, que puede no ser perfecto. Quiero contar bien la historia. Con Odette [el cisne blanco] me siento más identificada, Odile [el cisne negro] me cuesta más. Pero es divertido pensar en ser mala un rato. Por la técnica estoy tranquila, los fouettés generan un poco de miedo, pero estoy mentalizándome", se ríe cuando menciona la temible variación que demanda 32 giros sobre una pierna.

Sobre la sorpresa de su designación, se refiere también a la colaboración de sus compañeros: “Como soy la nueva, la ‘pollito mojado’, me siento muy acompañada por todos. No siento presión, me están ayudando en lo que es un momento lindo, pero de nervios”.
Y el público que iba a ver a Núñez, las miles de personas que agotaron en tiempo récord las entradas, ¿cómo reaccionará? “¡Yo también quería ver a Marianela!", se apura a responder una pregunta retórica, que es más bien un juego anticipatorio. “La esperaba para tomar inspiración. Es una de mis referentes desde chiquita; siempre que tengo que preparar una obra busco sus videos. Voy a tratar de dar lo mejor, obviamente no me va a salir como ella, es imposible, pero espero que sea un buen espectáculo”.
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