Desde la cocina, una experiencia religiosa
Un día en la vida de... la hermana Bernarda
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A la hermana Bernarda no le gustan las fotos, desconfía de los grabadores y, debido a la tarde fría y gris, tampoco acepta salir al parque, ya que tuvo un problema en los bronquios y quiere cuidarse.
Famosa por sus manos mágicas en la cocina, conductora del exitoso ciclo Dulces tentaciones (por el canal Elgourmet.com), autora de libros que se agotan, la religiosa sólo quiere que la fama -de la que reniega- no le cambie la vida ni su rutina como miembro de la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz.
"No lo digo por decir. De verdad: la fama no me interesa ni me hace bien. Yo no tengo vanidad, no me gusta que me digan cosas lindas ni que me aplaudan, que quieran un autógrafo ni nada de eso. ¡Por Dios! Mi trabajo, que me gusta mucho, es una forma de evangelización. San Pablo dijo que todos han recibido un don gratuitamente, para que ese don sea aplicado a la vida también gratuitamente. A mí no me cuesta estar frente a una cámara, hago como si no existiera. Son años de dar clases, así que siento que es más de lo mismo. Mi vida no ha cambiado absolutamente nada", afirma Florentina Seitz, con su inconfundible acento, herencia familiar, ya que sus padres la criaron hablando alemán.
Vive en una casa de retiro en Quilmes, con un jardín enorme, por estos días lleno de hojas rojas y doradas. De ahí no se mueve: los programas de televisión los graba todos juntos en otro lugar, dos veces por año. Así, su vida transcurre tranquila, sin altibajos.
"Trabajo como todas las hermanas, rezo, medito, hago retiros espirituales y, desde ya, me dedico a la cocina. Hace años que doy clases a amas de casa de la zona, tarea que me encanta porque es una forma de dar amor. Las recibo dos veces por semana, les enseño cosas sencillas y económicas, con el propósito de poder arreglarse con lo que uno tiene a mano, gastar poco y lograr algo exquisito. No es difícil. Como tampoco es difícil ahorrar trabajo. ¿Por qué utilizar tanta cosa, llenar de utensilios la mesada para hacer una simple comida? No, las argentinas tienden a ensuciar mucho, y eso no está bien. Siempre digo que mientras menos se usa, menos se ensucia y menos hay que lavar después. Yo, cuando termino de cocinar, no tengo nada para lavar", dice, pícara, mientras invita a la cocina, impecable, sin nada en el medio, como le gusta a ella.
Terminante, explica que sólo lee libros que "elevan el espíritu", como la Biblia y alguna novela interesante. No mira televisión y escucha a Mozart, Verdi, Beethoven. "La música clásica también eleva, no soporto la bulla. Todo lo que es ruido me deprime. Y los noticieros... ¡Dios mío! Es todo muy nocivo, no hay nada constructivo. Además, tienen tantos cortes. En Europa pasan las noticias todas seguidas, sin tanto show", se queja.
Y el show es, justamente, lo que la hermana Bernarda no soporta. Por eso le cuesta hablar de su vida, se niega a hablar del país ("hay que ser optimista", es todo lo que dice) y sólo se siente cómoda cuando explica su misión: "La cocina es una forma de evangelización. Si una persona convoca para hablar de Dios quizá no vaya tanta gente. Pero hace un tiempo cociné en un colegio para recaudar fondos y se llenó. Hoy, una madre que ve a su hijo llegar del colegio sin dialogar puede decirle: Sentate, preparé algo rico para vos, y ahí empieza una charla. Cocinar es un acto de amor, hay que transformarlo en algo espiritual; si no, no tiene sentido".
Receta
A la hermana Bernarda le da igual cocinar dulce o salado, pero reconoce que hay cantidad de fans de su selva negra, su sacher torte y su torta de manzana Palmira. De esta última, la receta: mezclar en un bol 18 cucharadas de harina leudante con otras 18 de azúcar. Agregar 100 gramos de manteca cortada en pedacitos hasta formar una pasta arenosa. Después, enmantecar y enharinar una fuente de vidrio y poner la mitad de la mezcla. Ubicar dos manzanas cortadas en rodajas y añadir el resto de la pasta. Enseguida, batir 18 cucharadas de leche, dos huevos, esencia de vainilla y verterlo sobre la preparación. Una vez que el líquido haya sido absorbido, espolvorear con media taza de azúcar. Y cocinar en horno mediano durante cincuenta minutos.
"Todo es muy fácil; no hay recetas difíciles, sólo es la gente la que a veces se pone complicada", anima la hermana.
Hermana Bernarda exprés
Sin papelones: "Jamás hice papelones en la cocina, nunca me sucedió no poder salvar un plato. Es cuestión de tener una base de conocimientos, intuición, rapidez".
Teoría: "La inspiración no sirve de nada si uno no está frente a los productos. Hay que ver, probar, imaginar, descubrir lo que hay en casa y luego poner a trabajar las manos".
Partida: "Para empezar a cocinar, uno debe estar espiritualmente listo. Para que resulte, hay que poner mucho amor, porque eso se transmite. ¿Si puede reflejar la tristeza? También. El estado de ánimo de la cocinera se percibe en la boca".
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