
Platinado, sonido Stax y vestidos de época... La nueva diva del retro soul británico recuerda cuando la rechazaron en el coro de la escuela por tener voz ronca.
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Vivir en un pequeño pueblo de Gales, donde la tienda de discos más cercana está a dos viajes de autobús, no parece muy bueno para conseguir una educación musical. “¡No supe de Aretha Franklin hasta que cumplí 19 años!”, dice Duffy, ahora de 23, con Rockferry editado, un álbum debut que la llevó sin escalas hasta la fama. Su productor, el ex guitarrista de Suede, Bernard Butler, le llenó el iPod con canciones de la Franklin, Al Green, Otis Redding y Dusty Springfield. “El hacía algo muy malicioso, me daba sólo una o dos canciones de cada artista”, sigue Duffy, que estudió toda esa música durante sus viajes –de seis horas– entre el estudio de Butler en Londres y su casa en el pueblo costero de Nefyn. “Debía conseguirme el resto yo sola.” Esa tarea dio frutos: Duffy (se quitó su nombre de pila, Aimee, hace seis años) está despertando comparaciones con legendarios íconos del R&B. Y no sólo por su pelo platinado y sus vestidos estilo años 60. Rockferry (editado en Argentina por Universal) remite a los clásicos de Stax y Motown con esos chasquidos de dedos, cuerdas delicadas y, claro, la voz ronca y encantadora de Duffy, que irónicamente no le permitió ganarse un lugar en el coro de la escuela: “Relegué muchas horas de almuerzo por las audiciones –se lamenta–. Obviamente, no era la adecuada para el puesto.”
LETRAS Perfeccionó su escritura durante un trabajo en la estación de servicio del pueblo. Ahí, las letras salían con más facilidad. “Me pasaba todo el día cargando nafta y muriéndome de ganas por un cigarrillo, pero no podía fumar porque si no estallaba todo el lugar. Era muy aburrido, pero resultó bueno, porque me dio tiempo para escribir.” El tedio de la adolescencia, sin embargo, impulsó a Duffy a dejar Gales. A los 16, se embarcó en un viaje de autodescubrimiento de seis semanas a Suiza (eligió el país al azar). “Quería ser drástica, así que hice las valijas y me fui”, dice. Al momento de regresar al colegio, tenía un montón de canciones escritas durante el viaje, pero estaba al borde de la quiebra.
IDOLA Duffy fue contratada por Waw Ffactor, una competencia galesa al estilo American Idol. Después de salir segunda, encontró otro trabajo poco alentador: cantante de apoyo. “Era sólo una voz, no tenía espacio para desarrollarme artísticamente –se lamenta retrospectivamente–. Estaba a punto de retirarme.”
Renunciar dejó de ser una opción cuando uno de los demos de Duffy llegó al escritorio de la veterana ejecutiva de la industria discográfica Jeannette Lee, que fichó a Duffy y la envió al estudio de Butler. Desde ese momento, dice Duffy, “dejé atrás toda la estupidez y comencé a escribir”.
Cuatro años después, Duffy emergió con su disco debut, que es un éxito en Gran Bretaña. El single principal, “Mercy” –que remite a “Chain of Fools” por esos “yeah yeahs” típicos de grupo de chicas–, estuvo cuatro semanas al tope de los rankings del Reino Unido. Duffy estaba en un auto en París cuando escuchó por primera vez la canción por la radio. “El chofer comenzó a tocar la bocina y a zigzaguear por las calles –recuerda–. Casi me desmayo.”
LAS DEMAS A diferencia de su compatriota y colega Amy Winehouse, Duffy dice que las historias de desamor que firma no están basadas en su vida. “No creo haber estado enamorada”, admite Duffy, que canta –en el tema que titula al disco y, además, lo abre– sobre tomar un tren a la medianoche hacia la ciudad de Rock Ferry, muy cerca de Liverpool, con “una valija de canciones y el corazón roto”. La escribió entera después de mirar cómo pasaba la ciudad por la ventanilla del tren. “Nunca estuve allí”, termina. “Eso me avergüenza.”
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