
Edward Sharpe & The Magnetic Zeros: "Combatir el sarcasmo con amor, eso es ser punk hoy"
Entrevista con Alex Ebert, líder de esta particular banda que el domingo se presentará en Tecnópolis con Air, Primal Scream y Mac Demarco, entre otros
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Cuando aún estaba en el colegio, Alex Ebert canalizaba sus inquietudes artísticas escribiendo historias de una figura mesiánica a quien bautizó Edward Sharpe. Lo que no imaginaba en ese entonces es que un par de décadas más tarde ese personaje ficcional terminaría por salvarle la vida. Después de probar las mieles de la alta rotación con el dance rock que acuñó en Ima Robot en la primera década del siglo XXI, el cantante nacido en Los Ángeles pero ahora radicado en Nueva Orleans entró en un espiral autodestructivo con un combo que incluía drogas de todo tipo, alcohol, cinismo y depresión.
“Llegué a pensar que no tenía que reírme, porque reírse era cosa de gays”, recuerda del otro lado del teléfono antes de presentarse con Edward Sharpe And The Magnetic Zeros en el festival Music Wins . Aunque Ima Robot continúa activo, es esta formación que combina indie, folk y psicodelia la que le devolvió las ganas de grabar y tocar. “Pude redescubrir qué era lo que tenía la música que me daba ganas de seguir haciéndola”, explica.
–Y te radicaste en Nueva Orleans, una ciudad muy cara a la historia de la música estadounidense.
–Definitivamente. Todos los grandes líderes de las big bands de jazz nacieron o se radicaron acá. Aprendí mucho cómo ellos estaban enfocados en ser cada vez mejores músicos, eso fue una influencia para el último disco de Edward Sharpe And The Magnetic Zeros. Me encanta vivir acá, estoy absorbiendo toda su musicalidad como una sanguijuela. A diferencia de otras ciudades de Estados Unidos, hay una gran integración racial acá. Tal vez se deba a que es una ciudad muy pequeña y no hay lugar para la segregación. Es una ciudad refrescante en ese aspecto.
–Para este disco elegiste que la composición sea colaborativa ¿por qué optaste por trabajar así y cómo te sentiste durante el proceso?
–Sentí que había llegado el momento de componer así. Era importante para nosotros hacer un disco de esta manera. Todos en la banda son grandes músicos y tenían que tener la posibilidad de componer. Escribimos cinco canciones todos juntos y las otras las escribí solo. En parte mi rol fue el de ser el director u organizador del proceso. Lo disfrutamos mucho, fueron sesiones de 10 horas de grabación en las que nos la pasamos sentados en una habitación.
Yo soy más un personaje fuera del escenario que arriba. Arriba no me comporto como Edward Sharpe, me comporto como Alex
–Decidiste que el disco se llame Persona (en inglés el término está asociado a la palabra “Personaje”) y Edward Sharpe aparece tachado en el disco ¿Estás matando al personaje de a poco?
–En parte sí, estoy un poco cansado del personaje y de que todos me pregunten quién es. También el término "persona" está asociado a la personalidad de alguien, a algo superficial, como una máscara que te ponés. Y lo cierto es que yo soy más un personaje fuera del escenario que arriba. Arriba no me comporto como Edward Sharpe, me comporto como Alex. Además si acorto el nombre del grupo, tal vez en los festivales me pongan más arriba en la grilla (risas). Irónicamente al resto de la banda le gusta el nombre así, completo.
–Entre los nombres de tus dos bandas parece que estás tratando de disolver tu ego. Primero un robot, después un personaje ficcional…
Sí, algo de eso hay. Ima Robot era algo que nos decíamos internamente para describirnos a nosotros mismos. Y realmente me sentía así. Entre lidiar con las grandes discográficas, hacer esa música diseñada para las radios y el mundo pop, olvidé quién era yo, me perdí. Salir con otro nombre me permitió redescubrirme. Volver a sentir la música como cuando tenía 5 años y nuestra maestra sudafricana nos hacía cantar a todos al unísono melodías bien simples acompañadas sólo por una guitarra acústica y marimbas.
–Con Edward Sharpe retomás esa idea de la música en comunidad.
–Sí, todo se trata de hacer cosas participativas y comunitarias. De ahí que nos comparen con el folk de fines de los 60. Es innegable que tomamos cosas de ahí. Siento que volver a esa filosofía puede ayudar a trascender conceptos modernos como el sarcasmo y la ironía. Se trata de hacer algo más puro, de combatir el sarcasmo con amor, en cierto modo eso es ser punk hoy.
–¿De qué sentís que hay que hablar hoy para ser distinto?
–Siento que hoy la mayoría van a lugares seguros y evitan los tópicos difíciles e incómodos. Yo busco expresar eso que no se está expresando. El final de los 60 hizo que muchos se sintieran avergonzados de ser intelectuales porque al no concretarse los cambios que se buscaban se perdió la esperanza. Entonces la gente se volvió pesimista para autoprotegerse, y el pesimismo te lleva a no hablar de política, no discutir, no manifestarte porque estás convencido de que nada va a cambiar.
–Fue algo que te pasó a vos, de hecho.
Sí, por suerte pude liberarme de esa presión negativa que tenía encima. Siento que soy un superhéroe que puede hablar de cualquier cosa (risas). Pasa que si no tenés un lugar para ser optimista, no tenés un lugar para ir. Y las canciones se vuelven monstruos negativos que refuerzan la negatividad que te rodea. Cualquier realidad que no te parezca buena podés mejorarla con imaginación y ahí necesitás ser optimista.
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