Efectismo y entusiasmo
Puccini: Tosca
Director de orquesta: Carlos Vieu. Dirección escénica: Valeria Ambrosio. Director del coro: Hernán Sánchez Arteaga. Escenografía: Ana Repetto. Multimedia: Maximiliano Vecco. Vestuario: Fabiana Yalet y Raúl Gatto. Luces: Sandro Pujía. Elenco: Amparo Navarro (Tosca); José Azócar (Cavaradossi); Hernán Iturralde (Scarpia); Víctor Castells (Angelotti); Santiago Burgi (Spoletta); Fernando Santiago (Sacristán). Teatro: Argentino de La Plata. Funciones: jueves, viernes y sábado, a las 20.30, y domingo, a las 18.30.
Nuestra opinión: Buena
El domingo pasado, Valeria Ambrosio, que realizó su primera experiencia como directora escénica de una ópera con Tosca, fue premiada con clamoroso entusiasmo por el público que colmaba la sala del Teatro Argentino de La Plata. Sin embargo, a pesar del privilegio que supone tan entusiasta estímulo, a esta versión de una de las más populares obras de Puccini le caben algunas objeciones.
En primer lugar, hay una clara tendencia a producir efectos constantes, a partir del mismo momento en que se abre el telón para dejar iniciada la obra, y las proyecciones utilizadas como única escenografía avanzan hacia la boca del escenario. Los efectismos se repiten en la aparición de Scarpia, en las imágenes de la tortura de Cavaradossi y en su fusilamiento, en las manchas de sangre sobre los decorados, en los permanentes juegos con el zoom del proyector.
Todo tiende a hacer demasiado explícitas las situaciones más morbosas, con lo que, como se sabe, se logra un infalible impacto visual sobre el público.
Por otra parte, si bien los movimientos de conjunto fueron convincentes (como el caso del Te Deum, tal vez el mejor momento de la representación), los individuales mostraron cierta inclinación por una mímica exagerada, con cabriolas, saltos, volteretas, brincos sobre una larga mesa, inexplicables en un personaje imponente como Scarpia, que, por momentos, aparece un tanto ridiculizado.
La caracterización de actores no es muy feliz. Cavaradossi se muestra alternativamente como un personaje altanero o plañidero. Floria Tosca aparece soberbia y arrogante o se enrosca felinamente a los pies de Scarpia, actitud inconcebible en una mujer de su porte.
Afortunadamente, la cohesión dramática fue obtenida por el director Carlos Vieu y la Orquesta Estable del Argentino. Su versión orquestal logró mantener permanentemente el brillo teatral, un hecho que lo coloca como estrella de la jornada. A Hernán Sánchez Arteaga y su coro estable también le tocan los laureles.
Extrañamente, un buen elenco de cantantes, como el convocado para esta puesta, no rindió el resultado esperado. El tenor José Azócar, como Cavaradossi, desplegó su muy estimable metal y su tan afirmativa emisión, pero no redondeó la expresividad de que se sabe que es capaz. La soprano Amparo Navarro, como Floria Tosca, tiene un amplio vibrato y una dicción impecable, pero osciló como si le faltara temperamento, que, por cierto, no es su caso. En cuanto al barítono Hernán Iturralde, sobre quien estaban depositadas todas las apuestas, gracias a una trayectoria de primer nivel vocal y actoral, aquí no dio la respuesta esperada. Una acción escénica elemental no les permitió trascender.
Pero fue muy gratificante ver la sala del Argentino repleta y entusiasta, como una sensación de empezar de nuevo. Y aunque no todo resultó perfecto, la vida regresó a ese teatro, tan repleto de riquísima tradición musical. Ojalá esta vez no se interrumpa.





