
El arte eterno de Angel Pericet
"Madroños y faralaes". Concierto de danza española con idea, coreografía y actuación de Angel Pericet, junto a Carmelita y María del Amparo Pericet, con el bailarín invitado José Zartmann, los guitarristas Manolo Yglesias y Gonzalo Gainza, el cantaor Carlos Soto López y compañía de ballet. Dirección general e iluminación de Luisa Pericet. Producción de Omar Lauria y Juan Carlos Iacoponi. Teatro Avenida.
Ahí, en el Avenida, el de los grandes acontecimientos del arte de España, está presente el carisma de los Pericet, estirpe de artistas, de aquellos que aunque lo quieran no se retiran jamás. Ahí, sobre las tablas un renovado capítulo de lo que se puede hacer con talento. Ahí, en ese entrañable teatro, como lo fue siempre, una lección de cómo hacer un espectáculo de danza y música de color, luz, contrastes, ritmo sin vacilaciones, disciplina, buen gusto y contagiosa alegría.
Entonces, como en aquel tan lejano pero presente 1949, con su debut en "La gran fiesta del baile español", a cargo de la compañía Romería y con aquella música contagiosa de Tomás Bretón, se produjo la misma emoción, acaso más nostálgica y conmovedora porque el tiempo parecía haber sido detenido por una fuerza mágica. Es que después de una estupenda presentación con "El baile del candil", fandango para lucir la fuerte personalidad de Carmelita y Amparo Pericet, y las boleras y boleros, flamencas y flamencos en un trabajo impecable de ritmo y elegancia, surgió la figura de Angel Pericet para crear su Vito, aquel personaje que por Sevilla andaba canturreando una copla con pasos y pantomimas.
Fue una lección de la expresión y del cuidado de los menores detalles para transformar una pincelada popular en arte de danza sutil, donde nada quedó librado al albur. Y así, como fue acertado el uso de una orquestación de Juan José García Caffi, inteligente, mágica en sus transparencias, la figura de Pericet alcanzó la primera cumbre de la noche.
A renglón seguido, sin esas pausas tan molestas que cortan el clima creado, surgió la atmósfera de una maja de Goya y la música acompasada de "Goyescas", sugerente, inspirada e inmortal de Enrique Granados y con ella la estampa, el gesto y el carácter de Carmelita en una estupenda creación con el marco de dos bailarines sobrios impecables y el mismo ropaje, el abanico imaginado por el pintor homenajeado y el pétreo colorido no exento de misterios.
Experiencia y elasticidad
Después llegó una intervención en solitario de Angel recreando a un jerarquizado molinero con la farruca de "El sombrero de tres picos", de Manuel de Falla, nombre que no debía estar ausente, una cátedra de detalles de los pies a la mirada, simpatía contagiosa y práctica acumulada. De ahí que la acción danzada fue alcanzando otras cumbres por la evidencia de que esa experiencia con talento y profundo amor por lo que se hace puede perfectamente amalgamarse en un plano de igualdad con la lozanía, elasticidad y energía de la juventud.
Esta evidencia rotunda llegó de inmediato -como siempre el cambio rápido de vestuarios es otro capítulo de un espectáculo Pericet- al bailar momentos del rítmico "Capricho español", de Rimsky Korsakov, el ruso que mejor captó a la España del colorido popular, y con él se plasmó una gran escena que ha de ser inolvidable por esa fusión lograda.
Y los tres Pericet, con la suma valiosa del admirado José Zartman, viviendo otro momento de gloria artística, dictaron una clase magistral de estilo pero en un plano de igualdad con las juveniles María Fernanda Rivera, Ana Laura Echave, Ricardo De Garay, Alexis Frank y el cuerpo de baile, preciso, jubiloso en un frenesí de movimiento que provocó una estruendosa reacción de un público maravillado frente a tanta pasión, entrega y alegría. Aquí es justo señalar que Angel Pericet, lejos de limitar su participación, estuvo en movimiento en más de la mitad de las escenas creadas, utilizando los tiempos intermedios para una adecuada caracterización de su galería de personajes. Por otra parte, no es posible dejar de lado el elogio más entusiasta para Luisa Pericet, una maga de la iluminación y el montaje general.
Cuando ya una primera hora había pasado fugaz se produjo otro acierto habitual en Angel, el cambio brusco de la atmósfera general, una inyección de nuevos matices, con la oscuridad profunda que dio paso a la guitarra de Manolo Yglesias en una ejecución virtuosa sin máculas y de pronto de nuevo el contraste más violento a plena luz, la jota de Navarra en blanco y rojo, la llegada de la voz de un cantaor de lujo, la de Carlos Soto López, de decir refinado, segura musicalidad y una variedad de matices como hacía tiempo no se escuchaba.
Con el refuerzo de una segunda guitarra a cargo de Gonzalo Gainza, la voz del cantaor continuó siendo el soporte musical de una segunda parte igualmente sorprendente por la riqueza de sus contenidos, donde ya las diferencias de edades no existían y así Angel cautivó por su simpatía y gracia de movimientos en la popular "La bamba", una inteligente pincelada hispanoamericana recibida con beneplácito.
Luego de la sugerente y atractiva intervención solística de Carmelita Pericet y del refinado baile de José Zartman, en un lujo de estilo, llegó otra escena de María del Amparo, con el trío de bailarines apuestos Mariano Zuccari, Cristian de Jesús Riveros y Alexis Frank, que entregaron ejemplos variados de lo mejor de ellos mismos, culminando las escenas en unas seguidillas de coplas de Federico García Lorca, de Manuel de Falla, fandangos, alegrías, bulerías y las sevillanas para un cierre brillante y la curiosa demostración de que a esa altura del baile ya habían trascurrido dos horas de placer y, por fortuna -otro acierto sabio-, sin el intervalo que todo lo arruina.
Y cuando el telón apagó el último alborozo de una fiesta del baile español, surgió el interrogante: ¿por qué esa mentirilla de que Angel Pericet se despide de los escenario? Si está comprobado que los artistas de verdad como él y su familia no se retiran nunca. Es que ya no lo puede hacer porque, como desde hace 56 años en la Argentina, ya ha marcado su camino para transitar por el nuevo siglo que lo admirará, esté donde esté, con el mismo frenesí que clausuró esta noche inaugural con la firma de su genio.





