
El blues que nunca descansa
Recital del guitarrista y cantante B. B. King para presentar el disco "Blues On The Bayou", con James Bolden, trompeta y dirección musical; Calep Emphery Jr., en batería; Michael Doster, en bajo; Leon Warren, en guitarra; Melvin Jackson, en saxo tenor; James Toney, en teclados y Stanley Abernathy, en trompeta. Banda invitada: Pappo´s Blues. En el Gran Rex. Nuestra opinión: bueno.
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El blues volvió a Buenos Aires de la mano del más célebre guitarrista, B. B. King, quizás el músico más imitado como instrumentista y cantante.
King, con 73 años a cuestas, sigue encarnando la quintaesencia del blues de Chicago. Junto a su guitarra, su amada compañera Lucille, mantiene una relación estrecha, de la que surge ese sonido que es su sello inconfudible, fuerte, vibrante, cargado de emoción.
El show lo abre su grupo, Leon Warren, en guitarra; Calep Emphery Jr., en batería; Michael Doster, en bajo; James Toney en teclados y un trío de alientos con James Bolden y Stanley Abernathy, en trompetas, el primero es el director musical de la banda y el saxo de Melvin Jackson.
Salen con un típico blues rápido con mucho respaldo de los bronces como para tomar calor y el necesario swing que exige Blues Boy King; solos repartidos, donde se luce Jackson, cuyo estilo en el saxo es guitarrístico, frases y ataques propios de un violero; enseguida, responde Warren, un guitarrista espejo de T-Bone Walker, purísimo en su digitación, frasea con una sutileza que recuerda a Charlie Christian. Y llega el momento en que "The King of the Blues" llega al escenario. Suelta su primer solo sobre un tema rápido, un riff sencillo apoyado en la frase por los vientos. Y ya suelta su característico glissando cortado, otro de sus sellos de originalidad, que muestra un dominio de la técnica del bottleneck , aunque jamás use slide.
Entra en calor y su guitarra se torna ágil, su balanceo enriquece el ritmo. Su sonido es largo, sostiene las notas hasta lo inaudito. Da la sensación de montarse sobre el ritmo, al que le da color. Juega sobre la música, nunca mejor dicho "play music".
Es un bluesman venido del gospel, donde se inició, y ese espíritu festivo lo lleva al escenario. "Paying the Cost to the Boss" o "Guess Who" son una prueba de que el sentimiento se sobrepone a la edad. El corazón manda y su estilo, intacto, cobra vigor en su solo, aunque compartido cada vez en mayor medida por la guitarra de Warren, con una Gibson 135 cuyo sonido se conjuga como un matrimonio bien avenido con Lucille, otra Gibson, pero 335.
La base rítmica de Doster y Emphery es de una solidez granítica. Los ataques sobre los platillos de Emphery crean un clima de fuerza, ese estilo que reprersenta a Chicago, la cuna del blues eléctrico.
Sacerdote de la misa blusera
"Estoy cansado, tengo 73 años y hace 50 que estoy en los escenarios", dice B. B. King y toma asiento. Los vientos hacen mutis por el foro y el show queda en manos de la seción rítmica.
Sentado, este magnífico músico se vuelve algo introspectivo. Habla de su historia y el concierto se torna en una suerte de misa blusera.
Comienza con un tema de su último álbum, "Blues On The Bayou", "I´ll Survive", donde cuenta, mechada de imaginativos fraseos, que sobrevivirá gracias al amor de su público. Cálido, domina la escena. Hace cuarenta años cantaba una canción como "Trouble in Mind Blues", donde decía: "Si me ven reír, sólo río por no llorar". Hoy ríe con ganas. B. B. King le quitó ese manto de tragedia al blues.
B. B. King quizá sea el único músico que no le debe nada al blues. El blues es el que está en deuda con él.





