Una historia real que cayó del cielo
Los meteoritos, eje del nuevo documental de Sergio Wolf
1 minuto de lectura'
Sergio Wolf empezó a pensar en El color que cayó del cielo hace mucho, más precisamente en 2007, después de que Gabriel Kameniecki, el productor ejecutivo de la película que se estrena mañana, le habló de un mesón de fierro perdido en Campo del Cielo, región ubicada en el límite entre las provincias del Chaco y Santiago del Estero en la cual, hace aproximadamente cuatro mil años, cayó una lluvia de meteoritos metálicos resultantes de la explosión en la atmósfera de un asteroide de alrededor de 840.000 kilos. "Me habló también de las historias de los indios mocovíes y de la NASA, y a mí se me dibujó muy pronto que ahí había una película -cuenta Wolf. Me interesa mucho el potencial ficcional que puedo encontrar en las historias reales, como en Yo no sé qué me han hecho tus ojos, el documental sobre Ada Falcón que dirigí con Lorena Muñoz. Y esta historia tenía todo: misterios, viajes y una pasión desmesurada por algo que nadie realmente entiende del todo qué es."
En poco más de 70 minutos, Wolf desarrolla un relato apasionante sobre la atracción irresistible que desde hace años ejercen esos restos de piedra provenientes del espacio entre los cuales se destaca El Chaco, el segundo meteorito entre los más pesados del mundo, con sus 38.000 kilos. Y rescata a dos personajes enfrentados, con intereses y lógicas muy diferentes, que saben mucho del tema: William Cassidy, profesor emérito del Departamento de Geología y Ciencia Planetaria de la Universidad de Pittsburgh, cuyo enfoque es científico, y Robert Haag, un dealer que se hizo millonario gracias a su astucia y su visión de negocios, conocido como "El hombre meteorito" y protagonista de un intento de robo de ribetes dantescos.
"Haag es un gran personaje -asegura Wolf. No lo tendría de amigo, claro. Pero al mismo tiempo creo que una lectura demasiado apurada lo puede presentar como un mero mercachifle cuando en realidad él pone límites claros, dice «esto lo vendo y esto no lo vendo». Es un tipo obsesionado con el tema de los meteoritos. Casi sobre el final de la entrevista que le hice le pregunté por Cassidy y él me contestó: «Yo quería ser como él». Es un momento muy emocionante. Esa escena revela el choque de las dos fuerzas antagónicas que tiene la película, encarnadas en Cassidy y Haag. Y también logra que ese tipo no luzca solamente como un traficante, porque no es sólo la plata lo que le interesa. A primera vista parece un simple hombre de negocios, pero es algo más que eso, un personaje que ejerce un gran magnetismo, muy importante para la película."
Wolf presentó el proyecto en el Incaa en 2007 y ganó un subsidio para realizar la película, pero muy pronto fue convocado para dirigir el Bafici, un cargo que ocupó cinco años. "Tardé dos años en desactivar el proyecto. Decidí quedar yo mismo como productor porque ocupando ese cargo en el Bafici quedaba inhibido de presentarme a concursos para obtener fondos internacionales. Y tardé en conseguir la plata necesaria para producir la película, que exigía viajar a los Estados Unidos para hablar con Cassidy y Haag, por ejemplo."
Al margen de los meteoritos, la ciencia y los negocios alrededor de ellos, El color que cayó del cielo también se ocupa del cine: en diferentes momentos del documental aparecen imágenes curiosas, muy singulares, de filmaciones que en su momento realizó Cassidy como parte de su investigación y de una película también muy particular titulada La nación oculta en el meteorito, realizada por Juan Carlos Martínez, un descendiente de los mocovíes, inclinados a defender una interpretación sagrada, casi mágica de todo el asunto.
Hay otra filmación importante: la que hizo Haag en su alocada expedición al Chaco en los años noventa y que terminó con el locuaz traficante estadounidense atrapado por la policía local cuando quería salir del país con un meteorito robado. Pero Haag se niega a mostrarla porque, le dice sugestivamente a Wolf en un momento de la entrevista, "eso no tiene precio".
Wolf remarca que trató de no enjuiciar a ninguna de las personas con las que conversó para la película: "La cuestión de filmar al otro es un temazo del cine. Cómo representar la historia de los indios sin que queden alojados en un pasado mítico de la Argentina y sin caer en lo reivindicativo, en el tema de lo que el Estado debería darles y no les da, por ejemplo. Eso era algo que claramente escapaba a la película. Necesitaba anudar un poco, y la aparición de la película de los mocovíes fue perfecta en ese sentido porque representaba la mirada de ellos. Son ellos contando su propia visión del tema, en lugar de contarla yo. La película muestra los puntos de vista del científico, del dealer y de los mocovíes. Y al mismo tiempo revela el magnetismo que produce ese objeto, un influjo que a mí me hizo pasar siete años laburando en este proyecto. Uno se pregunta todo el tiempo por qué tanta gente hace todo esto. Era muy importante que la película no cerrara los sentidos y que no enjuiciara a los personajes, que no intentara revelar por qué un cabo en medio de una ruta desolada, con 48 grados de calor, decide parar una camioneta con un meteorito robado y no acepta el soborno que le ofrecen. Hay mucho de lo que pasa en esta película que escapa a la lógica, pero no se establecen juicios sobre eso ni se trata de cerrar el tema".
TV, cine y una revista
Crítico de reconocida trayectoria, Sergio Wolf tiene su propio programa de TV, Nuevo cine argentino, que ya va por su tercera temporada en el Canal de la Ciudad de Buenos Aires. "Disfruto mucho del encuentro con directores y de las conversaciones sobre sus películas", dice.
También es parte de un nuevo medio gráfico que verá la luz muy pronto, Revista de Cine, en el que además son parte del staff Rafael Filippelli, Juan Villegas, Hernán Hevia, Mariano Llinás, David Oubiña y Rodrigo Moreno. Y está terminando el guión de una ficción que define como una "screwball comedyque tiene que ver con el tema del cine".
De su paso por el Bafici tiene un muy buen recuerdo: "Estoy contento de haber estado ahí. Una de las razones de mi alejamiento tiene que ver con la terminación de esta película, que requería un tiempo imposible de dedicarle si seguía ocupando ese cargo, que también me inhibía para buscar financiación. A veces me agarra un poco de nostalgia, pero también lo sigo sintiendo como un lugar propio. Este año lo viví de muy buen humor como espectador. Estuve en el festival con El color que cayó del cielo".





