El folklore alternativo
Un enorme río de detergente está limpiando la canción popular de toda sustancia nutricia. Una descomunal máquina pasteurizadora va destruyendo los microorganismos de la fantasía creadora para imponer un único sabor a los productos de la creación artística. Una colosal tintorería viene planchando a todo vapor y tiñendo de un solo color las prendas más codiciadas de la inventiva.
El folklore no ha escapado de este proceso. Precipitado hoy en busca del éxito masivo y del rédito comercial, ha ido perdiendo sus ingredientes naturales, su jugo vital, su carácter definitorio. Sobre todo el amor y el respeto por las propias raíces vernáculas.
Pero no todo está perdido. Hay gente seria, sensible, rigurosa, que, por valorar de veras los tesoros que tiene entre manos -nuestro patrimonio cultural-, ha decidido evadirse de la impostura del arte masificado para mostrar la inventiva y la calidad.
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Guillo Espel, guitarrista y compositor (integrante del prestigioso trío La Posta), viene organizando con su esposa, la cantante María José Albaya, el ciclo de música folklórica "De aquí en más" en la Scala de San Telmo. Las sesiones de los viernes, previstas inicialmente de marzo a mayo, se han ampliado ahora, sin publicidad, auspiciantes, contrataciones ni plata para nadie, hasta octubre.
Por su parte, Raúl Carnota, notable guitarrista y compositor, había impulsado un ciclo folklórico de similar austeridad en marzo último en el Centro Cultural Borges. Y pudo concretarlo solamente durante ese mes. A los mecenas del arte no les habría interesado la música popular.
Lo fantástico, lo inesperado, lo estimulante en ambos casos, es que la gente, por comentarios de boca en boca, acudió entusiasmada y desbordó la capacidad de estas salas.
¿Qué milagro estaba ocurriendo en las propias barbas del folklore marketinero de la camada joven? El portento de que músicos jóvenes, serios e idealistas, estaban impulsando en pequeños reductos un folklore alternativo y exigente, con artistas talentosos, imaginativos, creíbles.
Chango Farías Gómez, Oscar Alem, Carlos Marrodán con el Grupo Vocal Argentino, Jorge Fandermole, Oscar Taberniso, Guillermo Zarba y el propio trío La Posta, entre otros, fueron nombres que empezaron prestigiando desde su comienzo el ciclo de la Scala de San Telmo.
Ahora, para los viernes de junio, julio y agosto se han sumado artistas de la talla de Chany Suárez, el flamante trío de Eduardo Lagos, el pianista santiagueño Marcelo Perea, la cantautora Carmen Guzmán, la cantante Silvia Iriondo, el grupo vocal Refusilo, Oscar Alem con Hamlet Lima Quintana, Osvaldo Burucuá, la pianista Lilian Saba y Oscar Cardozo Ocampo con Galo García.
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Guillo Espel y María José Albaya saben que la renovación no pasa hoy por meter un saxo y una batería y vestir una remera o una pilcha sport. Tal falacia les parece nefasta, porque implica desconocer la historia, desde Atahualpa hasta el Cuchi Leguizamón. Ellos apelaron a la calidad y a la variedad de propuestas. Y encontraron el apetecible eco en el músico Eduardo Cogorno, director artístico de La Scala, donde incluso tienen un piano Steinway.
Raúl Carnota descarta el puro voluntarismo en estas patriadas. El sueña con un festival de calidad y nuevas ideas desde las raíces, aquí y en las provincias. Ni la Scala ni el Borges han subestimado a la gente que busca un arte de jerarquía. Su ejemplo merece ser imitado por empresarios y mecenas sensibles y cultivados.




