El "heredero" de Gonzalo Heredia
Marco Antonio Caponi, de la novela de Pol-ka, habló con lanacion.com sobre el desafío de ser galán y asegura que lo hace con un estilo propio; accedé al video
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El año pasado era el joven amado de Luisana Lopilato y ahora lucha por el corazón de Marcela Kloosterboer. En ese paso de Renzo de Alguien que me quiera a Lucas de Herederos de una venganza, Marco Antonio Caponi reafirmó su potencial de galán, a pesar de que todavía reniega de esa etiqueta.
Aunque desde chico su histrionismo le daba señales de cuál era el camino que debía tomar, él recién asumió ese destino de novela cuando terminó el secundario en Maipú, Mendoza. Fue en un taller de teatro que Esteban Mellino llevó a esa ciudad. Allí, Caponi obtuvo una beca, pero en Buenos Aires. A pesar de la resistencia de su familia, el joven decidió abandonar su carrera de Educación Física a los 21 años y emprendió el camino hacia la Capital, con la intención de quedarse a vivir aquí. "La palabra imposible era lo que más me impulsaba a decir ‘Sí, lo voy a hacer’", recuerda el actor en una entrevista con lanacion.com desde el set de la novela de Pol-ka en Don Torcuato.
Caponi relata con nostalgia aquel "viaje de mucha angustia" que lo trajo hasta la ciudad, y remarca la vitalidad que tenía en ese momento, como si estuviera lejos de ella: "Fue una etapa que me pasó lo que me tenía que pasar, en la que tenía la edad y la fuerza para hacerlo". Califica como "una experiencia de mucho aprendizaje" a sus primeros momentos en Buenos Aires, en los que pasó de vivir en el departamento de un amigo a una pensión, mientras trabajaba en un teatro o un videoclub "para generar el dinero justo para vivir y comer, nada más".
Es que en ese momento, a Marco Antonio sólo le interesaba una cosa: comenzar a armar su carrera artística. Al rememorar su primera experiencia sobre un escenario, hace una pausa, se traslada a ese momento y reflexiona: "Cuando entré, me tenía que contener para no emocionarme. Se me caían las lágrimas de la alegría de romper con los nervios o de la energía que maneja el teatro. Me acuerdo del gran miedo y de repente, del placer de terminar con un alivio absoluto que es muy placentero".
Mientras recorría teatros con un grupo que formó en su taller de actuación, en 2006, encontró un atajo en el camino que quería recorrer. Fue con su primera publicidad televisiva. Con el humor que mantiene durante toda la entrevista, Marco Antonio cuenta el entusiasmo con el que se la mostró a sus amigos mientras en realidad sólo se veía una de sus manos.
El camino del galán. A partir de esa publicidad se aceleró el recorrido que este año desembocó en un papel fuerte en Herederos de una venganza, la novela nocturna de El Trece, donde interpreta a Lucas Leiva, el hermano de Mercedes (Romina Gaetani) y es uno de los vértices en el triángulo amoroso que completan Emilia (Marcela Kloosterboer) y Rafael (Federico Amador).
La carrera televisiva de Caponi se armó sobre los cimientos de Pol-ka: comenzó con un bolo en Son de Fierro ("Era muy gracioso porque tenía que decir ' ¿Qué pasó?' y la preparé como una semana", acota), participó en seis capítulos de Valientes, hasta que consiguió un papel más firme en Alguien que me quiera, como Renzo Peralta.
En sus primeros pasos, se sintió sorprendido por la generosidad con la que lo recibían los actores con los que compartió escena y fantaseaba con el momento en que él sería quien recibiera a los jóvenes aspirantes. Hoy, desde ese lugar, aconseja: "A veces uno se pone ambicioso y quiere más de lo que tiene. Es importante que sepan estar en el lugar donde tienen que estar y que hagan su trabajo lo mejor posible. Mi consejo es que entren, se diviertan y lo disfruten".
Su papel de Renzo, que conquistaba al personaje que encarnaba a Luisana Lopilato, consiguió un espacio cada vez mayor en la tira y ese fue su pasaje a ser reconocido en la calle. "Me empezaron a pasar pequeñas cosas que me llamaban la atención, me generaba incomodidad y mucha vergüenza porque no sabía cómo encararlas. Pero de a poco me fui acostumbrando a todo eso", dice para enseguida aclarar con humildad: "Tampoco tengo que ir manejando la fama como si me desbordara".
Hacia el final de Alguien que me quiera, le propusieron un papel para una nueva novela, aunque sin muchos detalles, y él no dudó en aceptar. Así, en un mes, comenzó a moldear a Lucas. Mientras describe a este personaje ("fanfarrón, canchero, divertido, impertinente"), remarca que "trata de ser un seductor, aunque no lo es". Con Marco Antonio no pasa lo mismo, él no asume su rol de galán y hasta se autodefine como el "antigalán". "Lo primero que hice fue peinarme mal para estar ya fuera de eso. Quería justamente romper con todo eso y tratar de generar otro galán, buscar desde otra manera la seducción", explica.
Luego de asegurar que hace lo posible para que "no predomine lo físico sobre lo actoral", se ve en la obligación de hacer una nueva aclaración y la humildad se vuelve a hacer presente: "Tampoco es que tengo un cuerpo ni una cara privilegiada".
Mientras sigue construyendo su camino, Marco Antonio intercala las grabaciones de Herederos... con una obra del teatro under, La Anticrista y las langostas contra las vírgenes encratitas, y prepara otro nuevo proyecto teatral del que prefiere no dar detalles. Sin embargo, asegura que su destino, en realidad, está en el cine.
En tanto, cuando habla de su novia de hace tres años, Carolina Barbosa, también busca romper el molde. "¿Planes de casamiento? ¡No! ¿Hoy en día se casa la gente?", contesta, evasivo y entre risas. "Es todo un trámite. No sé si es necesario cuando uno convive. Si un día me caso, me caso, más adelante, a los 60 años", finaliza. Cuando se apaga la cámara, pregunta cómo está su pelo.




