
El inspector del Teatro San Martín
En medio de uno de los ensayos finales de "El inspector", del ruso Nicolai Gogol, el director Villanueva Cosse se toma un respiro. "Esta sala -dice refiriéndose a la Martín Coronado, del Teatro San Martín- tiene ese tipo de magnificencia que estimula el histrionismo, el deseo del juego. De la misma manera en que un plomero, un ejecutivo o un desocupado en una playa respira hondo y se siente un ser cósmico, aquí el intérprete responde lindamente. Claro, tienen que ser actores con pasta."
Y como sabe que necesita actores con pasta, seleccionó a un plantel que -en su mayoría- conoce a la perfección los vericuetos de ese espacio. Ellos -Roberto Mosca, Antonio Ugo, Alfonso De Grazia, Jorge Suárez, Salo Pasik, David Di Nápoli y Gonzalo Urtizberea, entre otros- serán los que el próximo jueves estrenen esta obra del autor de "Las almas muertas" o "El capote". Un elenco que seguramente debe inflar sus pulmones en medio de la sala como si estuvieran en una gran playa desierta. Aunque, hay que reconocerlo, una playa que posee sus vericuetos, sus trampas. "El tema de esta puesta es encontrar el estilo, ver por dónde entra la crítica feroz que posee. Pero si te aflojás y dejás que la obra te susurre, te das cuenta de que por ahí pasa la cosa."
Cuando Kive Staiff, director del San Martín, le propuso dirigir "El inspector", Villanueva Cosse llegó a su casa, releyó la obra después de unos 25 años y durante dos días no pudo pegar un ojo.
-¿Qué le "susurró" la obra en esa primera lectura?
-En realidad, cuando terminé de leerla me deprimí porque la encontré muy lejana, sentí el polvo de los años. Es lo mismo que ocurre cuando leés un Ibsen o un Pirandello que, al principio, no te dan ganas de montarlas. Pero después descubrís sus valores. Cuando este tipo de textos los llevás al escenario, cuando toman la humedad de la vida, empiezan a engrandecerse.Son textos impresionantes aunque posean una sintaxis, una retórica muy alejada de nuestra sensibilidad. Por ese motivo empecé a meter mano. Respeté del original todo lo argumental, pero...
Se detiene, hace una pausa y rebobina como intentando explicar el sentido de esta obra publicada en 1836:"En cierto modo, "El inspector" es una burla feroz, una caricatura casi rabiosa de la burocracia corrupta de la Rusia zarista. Cuando Gogol sintió la resonancia que tenía su obra se asustó muchísimo, se pasó la vida explicando que no quería decir tantas cosas, pero ya era tarde. De todos modos, sentí que entre lo que escribió Gogol y nuestra realidad, la historia de Gogol se convertía en un juego de niños".
Para superar el fantasma de una metáfora de poco vuelo, este actor y director que dirigió la temporada última "Luces de bohemia", de Valle-Inclán, prefirió enaltecer el lugar de la acción. "Lo que era una comarca lo trasladé a una provincia y el alcalde del original pasó a ser gobernador. También enaltecí la variedad y la importancia de los delitos para que resuenen de otra forma. En fin, hice unos cambios que apuntan a pintar el estado de corrupción que respiramos."
Villanueva Cosse rescata una frase de este literato, que murió en 1852, al borde de la locura:"Lo cómico siempre lleva a la tristeza"."Yo pienso lo mismo -apunta-. La carcajada es una forma de aflojar al público. Y la posibilidad de reírse es sentir que las cosas te penetran."
-¿El caso de "Mein Kampf"?
-Claro, exactamente. ¡Qué trampa tan bien armada por Tabori! En este caso, lo que yo ambicionaría es que la gente terminara preguntándose cómo se sale de este estado de corrupción.
-Cuando se elige un texto clásico suele ocurrir que aparezca ese tufillo a viejo que antes mencionaba, o que se fuerce el texto con tal de lograr rebotes con la actualidad. ¿Opera en usted esa necesidad?
-No lo sé. Hay muchas formas de forzar. Hay gente que fuerza tanto el texto que lo usa apenas como un punto de partida. Lo que yo propongo es sumar. Pasé por tantas guerras, por tantas voces que decían que el teatro es de tal manera o de otra que ya basta. El teatro es la suma de lo que hacemos y lo que tenemos que conseguir es atraer más público. Actores como Alejandro Urdapilleta y Batato Barea trajeron gente y son totalmente transgresores. Eso hizo que un determinado público descubra cosas nuevas. Eso es bueno. Pero no aguanto que digan que eso es lo único que vale porque, por ejemplo, me dejan afuera.
-¿Y cuál es su transgresión actual después de haber pasado por el teatro independiente, Teatro Abierto o El Galpón, de Montevideo?
-No lo sé. No me podría definir, porque el transgresor se siente normal en lo que hace. Por ejemplo, para Urdapilleta, lo que hace es realismo. Cuando un travesti hace escándalo en la noche se debe sentir normal. Volviendo a la pregunta, no sé en qué transgredí. Lo que sé es que durante toda mi vida he hecho teatro. Mi ubicación es apasionada. Eso, apasionada.
-¿Y con esta puesta qué pretende?
-Una de las cosas que busco es cómo encontrar la risa desde la más profunda convicción y verdad. En esta obra lo malos no se sienten malos, se sienten justificados. Y eso es una forma de ser. Si no, ¿cómo explica la manera en que defienden a sus maridos las esposas de los torturadores? Para que eso se dé tiene que haber existido una conversación que lleve a entender a esas mujeres que torturar era la única defensa contra lo demoníaco.
-El mismo ejemplo del travesti.
-Exacto. Esos seres poseen una verdad profunda para hacer lo que hacen. En ese aspecto, los personajes de Gogol poseen una estructura muy sólida. Son corruptos, pero no reflexionan sobre eso. Como decía Brecht, no hay que mostrar al nazismo con cruces esvásticas, porque eso significa desconocer el nazismo. Tampoco hay que demostrar al capitalismo como un tipo gordo con una cadena de oro por la panza. Ese encasillamiento, ese estereotipo no sirve. Por eso, una de las cosas que más peleo en esta pieza es que el actor no critique lo que hace, que no se burle, que no exagere a su personaje. Lo debe hacer desde lo más profundo de sí mismo. Es la única forma de inquietar a la gente.
El reposo del guerrero
En medio de las historias de corruptos que plantea Gogol, Villanueva Cosse se refiere a su propia historia:"Soy un tipo que de alguna forma trabaja desde siempre. Pero lo único que pude ahorrar para mi vejez fue con una estúpida tira televisiva. Me llamaron para dos meses, me quedé veinte, y en este tiempo hice lo que pude con el personaje. Le cambiaba los textos, me peleaba, pero hice lo que pude. Con eso ahorré unos pesos por primera vez en mi vida".
-¿Le dolió hacerlo?
-No. Sentí que pude hacerlo.Ahora sé que, por ejemplo, puedo estar tres años sin trabajar. O sea, una forma de adelantar mi jubilación. Una jubilación que de todas maneras no voy a tener, porque no puedo llamar jubilación a los 150 o 200 pesos por mes que te da el Estado. Lo cierto es que lo que me duele es que en este país pase esto. ¿Entendés?
-Claro, fue una pregunta tonta de mi parte.
-No. Es la pregunta que yo también me hice.







