
El otro tesoro de Tato
En su célebre papel de corrupto, el actor simboliza uno de los tantos personajes consagrados en el ciclo de Bores, que hoy volverá en el segundo especial de Canal 13
1 minuto de lectura'
Antes de convertirse en actor, Roberto Carnaghi escuchó dos comentarios poco alentadores: que era un pésimo vendedor y que con esa cara nunca podría trabajar en la TV. Pero el hombre, que hizo casi toda su carrera en el teatro, desafió ese destino.No sólo se hizo popular en la pantalla chica, sino que además lo logró con la publicidad, primero, y después con ese prototipo de corrupto que acompañó a Tato Bores desde 1979, vendiendo desde políticos hasta bancos, auspiciados siempre por la marca indiscutible de su apellido.
Por estos días, mientras sigue con sus funciones en el teatro Avenida, con la obra de Roberto Cossa "Ya nadie recuerda a Frederic Chopin", la TV se encargó de devolver a aquel personaje -mitad entrañable, mitad siniestro- que se colaba cada domingo a la noche por el televisor. Pero en persona, Carnaghi parece lo opuesto a ese otro Carnaghi que se ve en "La Argentina de Tato", el programa especial que idearon los hijos del cómico -Alejandro, Sebastián y Marina- y que emitirá Canal 13, hoy, a las 23.
"Yo no soy así; soy la antítesis -aclara él, por si quedan dudas-. Pero como había sido vendedor, conocí a muchos así, chantunes. En mi vida, jamás vendí como en lo de Tato. Nunca fui ese avasallador. Siempre fui muy tímido", dice ahora que la venta de libros, de cacerolas de acero inoxidable y de fiambre quedó demasiado atrás.
La timidez se le nota. Pese al reconocimiento, Carnaghi no es de los que andan haciéndose publicidad gratuita. Callado, sin embargo, sigue trabajando con la misma intensidad de siempre. Sólo el año último, la pantalla grande lo vio en las operas primas "Fuga de cerebros" y "Plaza de almas", pero también en "Cohen vs. Rossi, "Dibu II, la venganza de Nasti" y "Momentos robados". Y en los últimos años subió a los escenarios junto a Alfredo Alcón en "Ricardo III" y estuvo también en "El jardín de los cerezos".
De interventor a vendedor
De todos modos, Carnaghi sabe que lo que la TV da, el resto no lo presta.Sabe que su imagen, su apellido y su cara alcanzaron popularidad, sobre todo, con el Carnaghi de la pantalla chica. "Con Tato, de entrada, hubo una cosa como de enamoramiento. No es que fuéramos amigos fuera del trabajo, pero ahí dentro se había creado algo de mucho respeto. Siempre hubo un vínculo muy especial;una cosa de piel. En ese momento yo no me daba cuenta, pero todos me decían: "Se nota que te quiere".Y cuando vi el primer programa que hicieron sus hijos... El espacio que me daba Tato... Eso es de una nobleza...", dice, y se le llenan literalmente los ojos de lágrimas de sólo recordar.
Lo cierto es que hasta 1979, Carnaghi no conocía a Tato más que de nombre. Es más, los domingos, día en que se emitía el programa, él estaba en el teatro, así que ni siquiera podía seguir al cómico por la pantalla. "En 1977, casi trabajamos juntos en el Maipo. A mí me habían renovado el contrato y justo venían Tato y Nélida Lobato a hacer revista, pero me ofrecieron otra cosa en el teatro San Martín y me fui. O sea que ni siquiera nos cruzamos". Y para 1979, apenas si lo había visto unas pocas veces en los pasillos de Canal 13, donde Carnaghi grababa su parte en "El gordo Villanueva", con Jorge Porcel.
Pese a los desencuentros, el destino quiso que finalmente se encontraran. "Edgardo Borda, que era un director del canal y que había dirigido algunas cosas de Tato, me propuso incorporarme al programa. El problema es que el canal no permitía que alguien trabajara en dos ciclos al mismo tiempo. Pero a ese interventor, que era el personaje que iba a hacer en lo de Tato, no se le veía la cabeza así que.... La idea era que no tenía cabeza y que no daba la cara porque era la censura. Tato traía los monólogos, que en aquella epóca eran dos -el nacional y el internacional-, y yo se los tachaba todos o se los metía en la máquina trituradora", recuerda con picardía.
Con aquel interventor enmascarado, Carnaghi llegó "al gran público", como dice él. Con un único inconveniente: su cara realmente no aparecía en pantalla. En aquella época de blancos y negros, sólo se veía un cuerpo que llevaba en la mano un grueso habano y que se ocupaba de triturar la historia política que recitaba Tato ante cámaras.
Pero en los ochenta, Carnaghi pudo tomarse revancha. Para ese entonces el personaje había dejado de ser interventor y se había convertido en el barrendero de Canal 13. "Ahí apareció Carnaghi, con su cara. Tato quiso mostrar que ese actor que había hecho de interventor era yo. Esas cosas de Tato... El cambiaba todos los años el elenco, pero a mí me llamaba...", vuelve a emocionarse sin disimulos.
Con ese Carnaghi de cuerpo entero, el actor inició el juego del "corrupto de cabotaje" que amenazaba con serrucharle el piso al mismísimo Tato. "Eso fue el comienzo. Pero el personaje cobró real importancia en 1988, con el ingreso de Alejandro y Sebastián (Borensztein, los hijos de Tato) que empiezan a escribir. Al principio vendía políticos y como eso ya no daba, vendía de todo: tenía bancos, estaba asociado con todos y hasta actuó en la represión".
El papel le causó algunos conflictos internos. "La verdad es que no era algo agradable, pero como era una denuncia también, me gustaba hacerlo", dice, con conocimiento de las dificultades que implicaba hacer humor en la Argentina de ese entonces.
Los años grises
Los primeros tiempos no fueron fáciles. Aquel interventor que le tocó interpretar llegó en 1979, cuando Tato volvía a la TV tras una impasse impuesta por el Gobierno. "1979 fue un año complicado -recalca-. Era el gobierno militar y Tato estaba en pantalla. Una cosa rara porque si los militares le permitían estar era porque les interesaba mostrar una imagen de cierta libertad...". En los recuerdos de Carnaghi, las grabaciones de esa época eran tan complejas como los tiempos que corrían. Había fuertes controles en los monólogos, incluso amenazas y hasta una bomba que no llegó a estallar en la casa de los Borensztein. "Y hubo algunas cosas más, pero Tato jamás decía que lo amenazaban. Ni siquiera sus hijos lo sabían. Y hacía eso porque no quería pasarle el problema a los chicos, sobre todo para que no se autocensuren, para que sigan escribiendo lo que querían."
Un gesto de valentía
En ese difícil terreno, Carnaghi prefiere no levantar ídolos. Evidentemente, le gusta mantener la escala humana. La de Tato y la de todos. "Me parece muy valiente de parte de sus hijos hacer este programa especial como lo hicieron. Me parece muy bien que emitan esa parte en la que Tato hablaba con Videla porque muestra que Tato le habla bien y, sin embargo, le pregunta cuándo vienen las elecciones. Había que decir esas cosas en ese momento.... Tato no le podía decir que era un hijo de p..., pero hablaba. Y es inteligente de parte de sus hijos mostrar eso. Es inteligente no mostrar una imagen distorsionada, decir que era el héroe, el valiente. No. Tato fue un ser humano que dentro de las distintas dictaduras y gobiernos pudo meter sus cositas para decir verdades. Y hay que tener en cuenta que todo eso no lo dice ahora...Lo decía en el momento en que estaban esos tipos que mataron a 30.000 personas. Y eso es de una gran valentía".
Por estos días, Carnaghi no tiene que demostrar a nadie que pudo esquivar aquel destino inicial. Sabe que la TV le prestó su propio apellido para crear a uno de los personajes más memorables que acompañaron a Tato Bores en la TV. Y sabe que el teatro le dio el resto. "Uno quiere ser un artista. Pero no siempre se consigue. Como actor, uno tiene cuatro momentos que son verdaderos hechos artísticos, el resto es artesanía- señala con la humildad que lo caracteriza-. El personaje del programa de Tato fue uno de esos momentos artísticos".
Semillero de famosos
Estuvieron cerca o detrás de cámaras. Pero desde que Tato apareció por primera vez en la pantalla (en 1952, haciendo comentarios sobre la actualidad que escribía Landrú), hubo una infinidad de personajes que lo acompañaron. Por sus distintos ciclos pasaron, como guionistas: Landrú, César Bruto, Jordán de la Cazuela, Aldo Cammarota, Juan Carlos Mesa, Jorge Basurto, Jorge Schussheim, José María Jaunarena, Geno Díaz, Julio César Castro, Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya, Oskar Blotta, Rudy y Daniel Paz, Santiago Varela, Pedro Saborido y Omar Quiroga y sus hijos, Alejandro y Sebastián Borensztein.
Delante de la cámara pasaron, entre otros, Alberto Martín, Jorge Sassi, Raúl Ricutti, Rodolfo Crespi, Federico Manuel Peralta Ramos, Ludovica Squirru, Luz Kerz, Cris Morena, Gabriela Acher, Cecilia Narova, Camila Perissé, Andrea Bonelli, Sandra Ballesteros, Lana Montalbán, Javier Portales, Andrea Tenuta, Lia Jelín, Roberto Mosca, Dalma Millevos, Paula Martínez, el Cuarteto Cedrón y Astor Piazzolla.
Tres que le daban letra a Bores
Aldo Camarotta: (trabajó con Tato desde 1974 a 1981): "Canal 13 me llamó casi al inicio del ciclo porque había muerto Jordán de la Cazuela, en París, en un accidente de aviación. Al principio tuve algunos reparos porque estimaba que iba a ser muy difícil hacer un programa de sátira política con Perón en el gobierno.Pero me dijeron que todo estaba hablado con la Casa de Gobierno: la condición era no hacer chistes ni con Perón, ni con la señora, ni conLópez Rega. Y López Rega era un personaje muy gracioso -valga el absurdo dada su peligrosidad política-. Pero decía cosas graciosas. La cuestión es que nos tocó debutar el domingo inmediatamente después de que Perón apareció en los balcones de la Plaza de Mayo, después de 18 años de ausencia, y se peleó con los Montoneros. A nosotros nos tocó contar eso en el primer programa.No era muy fácil hacerlo cómico y en el canal estaban todos pálidos. Es más, en los controles, cuando salió el programa al aire no se oía volar una mosca.
El hecho es que el lunes, el secretario de Información Pública llamó y dijo que el programa no había sido favorable a la imagen del Gobierno. "Pero si 60 mil tipos se fueron del la Plaza, ¿cómo va a ser favorable?", dijimos nosotros. "Bueno, no hablen más de los Montoneros", nos dijeron. Para el segundo programa hicimos un relato de los problemas internos de los peronistas. El lunes, otra vez nos llamaron y nos dijeron que tampoco tocáramos eso. Entonces hablamos de los problemas de Solano Lima en la Universidad, pero tampoco les gustó. Hablamos entonces de la CGT y también nos dijeron que no lo hiciéramos más. Entonces propusimos hablar de la película de la semana, pero nos dijeron que no porque iba a dar la sensación de que existía censura".
Juan Carlos Mesa (1980 a 1982): "Trabajar con Tato era una delicia. Tato respetaba mucho a sus autores, no cambiaba nada sin consultar. Y cuando debía hacer alguna modificación tenía la delicadeza de hablarlo con sus autores, a quienes defendía a ultranza. Además, él fue el que me hizo debutar ante cámaras, como actor. Por él me inicié".
Santiago Varela (1988-1993): "Después de seis años, volver a Tato en la TV me produce cierta emoción. Sobre todo porque hace falta unTato en la TV. Sobre todo ahora que se acabaron las ideologías y que está todo tan liviano. Uno lo escucha a Tato y se da cuenta de que con la excusa del humor intentaba decir cosas y plantearlas. No quería bajar línea, pero sí instalar el tema. Por eso, cuando veo el programa, me digo en voz alta: ¡Qué falta que me hacés!"





