
El príncipe del pop es pelirrojo
El joven músico inglés conquistó a las adolescentes argentinas con dos Luna Park repletos
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La noche de su cumpleaños de 15, Fran no se puso un vestido blanco ni bailó el vals. Con la emoción apenas contenida en su cara enmarcada por un pelo largo y teñido de verde fuerte, la adolescente esperó pacientemente en la puerta del Luna Park la oportunidad para conocer a Ed Sheeran. "Es lindo, tierno y entiende mucho a una mujer", dice Fran, con total autoridad, acerca del cantante inglés. Las otras chicas que también esperan para saludarlo asienten. "Es perfecto", dice Iara, de 14, resumiendo el sentimiento compartido por las chicas que hacen fila para llenar el estadio.
El hombre que genera tal pasión tiene 24 años, no es demasiado alto y llama más la atención por su pelo colorado que por ser atractivo en un sentido clásico. Vestido de negro, recibe a LA NACIÓN antes del show y, a punto de empezar la entrevista, se tropieza con una mesita ratona. Se disculpa, se sienta y, como se le escapa un bostezo, se tiene que volver a disculpar.
"Está bueno estar de gira por el mundo siempre que puedas adaptarte a los husos horarios. En América del Sur estuve todo el día durmiendo y despierto toda la noche. Es raro", explica Sheeran sobre su evidente cansancio, y cuenta que llegó a esta parte del mundo directo desde Nueva Zelanda.
Así es la vida actual de Sheeran, quien creció en Inglaterra escuchando la colección de discos de su padre: Los Beatles, Bob Dylan y Elton John. Más tarde descubrió a Eminem y otros músicos que lo inspirarían a componer temas que combinan estas influencias.
Cuando Sheeran tenía la edad de la mayoría de sus fans, empezó a tocar en bares, cafés, etcétera. La experiencia le permitió conocer públicos diversos. "Aprendí a adaptarme a diferentes públicos -dice el músico-. Qué lugar debe ocupar cada canción, cómo interactuar con los espectadores. Te das cuenta enseguida de que tenés que entretener. No tocás para vos, sino para el público. Escribís canciones para vos, pero tocás para el público."
Un rato más tarde basta verlo en acción para confirmar que realmente cree en la importancia de interpretar los deseos del público. Sobre el escenario, Sheeran es pura energía al servicio de sus fans y no quedan rastros del cansancio ni del jet-lag. "Mi nombre es Ed y estoy aquí para entretenerlos", anunció el cantante en los primeros momentos del show, entre un coro de gritos agudos, que se repetirán ante cada canción, palabra y gesto de Sheeran. Sólo lo acompañan un par de micrófonos, una guitarra (que irá cambiando durante el show) y una serie de pedales que le permiten grabarse y mezclar los sonidos que le servirán de base. No tiene banda y la única escenografía son seis pantallas ubicadas detrás de él, en las que se reproducirán distintas imágenes según los temas. Es como una versión con mayor tecnología de lo que hacía en los bares. Un trovador del siglo XXI.
"Escribo todo el tiempo, cuando tengo ganas. No es un proceso creativo, en realidad. Me sentiría mal si no compusiera", dice Sheeran acerca de la creación de su música, relacionada con todo aquello que le pasa en su vida. "Cuando estás de gira es más difícil porque no pasa demasiado. Hacés los shows y eso es todo", aclara.
A pesar del gran momento de fama que está viviendo, después de vender más de dos millones de copias de su último disco, X, y de convertirse en el primer artista británico en llegar a las 2000 millones de reproducciones en Spotify, Sheeran considera que, a la hora de componer, su visión del mundo no está limitada por su situación. "No importa en qué etapa de tu vida estés, todos tenemos los mismos sentimientos."
Él dice que no imaginaba alcanzar el éxito que hoy disfruta, pero que su camino siempre fue la música. "Nunca planeé esto, pero sí tenía como propósito vivir de mi música."
Llegar al lugar que ocupa en el pop mundial actual le llevó trabajo y bastante audacia. La leyenda que lo rodea indica que se fue a Los Angeles para intentar triunfar en los Estados Unidos sin tener ningún contacto que pudiera ayudarlo. "Me fui para allá porque Inglaterra se había convertido en un disco rayado: tocaba en los mismos lugares todo el tiempo y quería cambiar de escenario -explica Sheeran-. Eso me reenergizó."
La jugada le salió más que bien. En su camino, Sheeran encontró gente muy famosa que lo ayudó. Elton John lo fichó en su compañía de management de artistas y hasta tocó con él; Jamie Foxx lo descubrió en uno de sus shows y le dio un lugar donde quedarse en Los Angeles, y Taylor Swift escribió con él "Everything Has Changed", tema que cantaron a dúo en el exitosísimo disco Red, para llevarlo luego de telonero en su gira. De ellos el cantante conserva un importante consejo: "Hacé todo lo que te pidan en lo que respecta al trabajo: todas las entrevistas y encuentros con la prensa. No rechaces nada".
Aunque siga este consejo y tenga en cuenta los deseos de su público a la hora de los shows, Sheeran se ocupa de aclarar que no se siente limitado por las expectativas de sus fans cuando compone. "No creo que puedas tener éxito en la vida si estás intentando complacer a todos. Tenés que hacer lo que quieras en lo que respecta a la música, y el resto llega. Creo que la gente no quiere que le des de comer en la boca."
Componer un hit como "Thinking Out Loud", canción hiperromántica con espíritu soul, no se trata de seguir una fórmula, según explica Sheeran: "Sólo la escribís. Tiene que venir del corazón, no de la cabeza".
La lógica del corazón parece funcionar con las fanáticas de Sheeran que llenaron dos Luna Park. La emoción del público, femenino en un 90 por ciento, va cambiando según el tema. Siguen con energía el ritmo de los temas más bailables y rapeados, como "Taken Back" o "Don't", cuya letra es una venganza a una famosa ex novia. Se conmueven con el romanticismo de otras canciones, como "Photograph" o "All of the Stars", el tema que hizo para la película Bajo la misma estrella. Y siempre, siempre, gritan las letras con pasión.
Tener tantas seguidoras que le hacen saber que lo adoran podría ser un riesgo a la cordura. Pero él dice con simpatía: "Nunca estuve cuerdo. Creo que ningún ser humano lo está. Me parece que todos estamos un poco chiflados".
Difícil mantenerse cuerdo cuando un simple gesto tuyo puede cumplir un sueño. Después de conocer al cantante, Fran está esperando que empiece el show, llorando a mares. Debajo del pelo del mismo verde que la tapa del disco de Sheeran las lágrimas se mezclan con la sonrisa inevitable. "Me cantó el «Feliz cumpleaños»", cuenta, con la voz entrecortada. Todas las fans parecían contentas al salir del show, pero Fran fue la que se llevó el mejor suvenir de su cumpleaños de quince.
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