
El tango "cuesta arriba"
Esteban Morgado presentó su último disco en el Alvear
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No siempre es ineludible la genialidad para hacer buena música. No todos pueden -ni deben- convertirse en Martha Argerich. Pianistas como ella pertenecen a la categoría de los elegidos. Pero en medio nos encontramos con músicos inspirados que enriquecen lo que tocan. Uno de ellos es el guitarrista Esteban Morgado, que acaba de presentar en el teatro Alvear su nuevo disco "Cuesta arriba", junto a Quique Condomí en violín, Walter Castro en bandoneón y Mono Hurtado en contrabajo.
El encuentro se inicia con el tema que da nombre al disco, cuando un quinteto de percusión ingresa desde el fondo del teatro para incorporarse a la trama candombera del grupo.
El empuje y la solidez del ensamble promete una noche de notas bien puestas. No obstante no todo será maravilla. "Contrabajeando", de Astor Piazzolla, reparte desafinaciones a granel en los dedos de Hurtado. Lo salva el violín que canta el tema, con algunas interpolaciones poco felices.
Morgado acusa la influencia de Astor en su primer tema "Soledades", una balada muy emotiva, que esquiva los lugares comunes. Allí cunde la nostalgia. El cuarteto acomete luego el tango "Garúa" con una marcación nerviosa que le priva del clima introspectivo y nocturnal. Y aunque "Verano porteño", de Piazzolla, corra parecida suerte en su percutida versión, las afinidades se dan por el empuje, si bien el estilo no pide apuros.
En compensación, Morgado enriquece con acordes los bellísimos tangos "Nada", inmortalizado por Julio Sosa, y "La casita de mis viejos". En ellos la guitarra luce espléndida como recogiendo a través de sus dedos algunos ecos de su glorioso ancestro.
El primer invitado es el mediático León Gieco. Para su canto sentido, Morgado entreteje bellas armonías y contrapuntos. Ellas caben tanto en el estreno de "Alas de tango"(al que Luis Gurevich puso cautivantes notas, parecidas a las que pergeñó para "Todos los días un poco"), como en el tema de Gieco "Cinco siglos igual".
Un Choclo explosivo
Vendrá luego una explosiva -y por ahí lúdica- visión de "El choclo" para la que el cuarteto se coloca lentes oscuros de malevo. El furibundo tango da paso a un temerario popurrí con cuatro instancias de la maravillosa partitura que Ennio Morricone escribió para la película "Cinema Paradiso". La aproximación tanguera es respetuosa, pero ha dejado en el camino algunas preciosuras armónicas.
En un momento aparece Silvina Chediek para recordar el paso de Morgado por "Letra y música" en Canal (á) y deslizar alguna ironía por el cierre del ciclo de cuatro años en la pantalla. Ella presenta como un genio al hermano de Esteban: Claudio, pero el pianista se debate entre arranques y algún furtivo matiz en los tangos "El último café" y "La última curda".
El broche de la noche es con Susana Rinaldi quien, antes de cantar con toda libertad "El Motivo", pondera las cualidades de Morgado como excelente acompañante de cantores. "No cualquiera acompaña", arguye, y nadie podrá discutir esta virtud. Morgado se encarga de que su guitarra llegue con su carga de añejas resonancias. Susana regala entonces dos tangos: "María", impecable y a capella, y "Sur" con garra, junto a Morgado.
El encuentro llega a su fin con el piazzollano "Fugazzeta y Domingo", barroco y arrollador tema del guitarrista, y, como para dar fe de sus afinidades", con "Adiós Nonino" y "Libertango". Locuaz y eufórico, Morgado ratifica -puro corazón- su condición de músico inspirado.





