
El tango joven, entre los libros
Ciclo: El Carrotango, uno de los representantes de la nueva generación tanguera se presentó en la Biblioteca Nacional.
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La vieja historia del tango la están volviendo a escribir los jóvenes. Le llamaran moda. Aires de recambio generacional. La sensación gana las decenas de milongas y los tantos grupos de la vieja y nueva escuela que se entregan al ritmo del dos por cuatro. Sin invalidar, claro está, el trabajo serio de los que llevan años de delantera y de imaginación, como el Tata Cedrón. Y los que siempre serán jóvenes: Piazzolla y Salgán.
El ciclo que se realiza en el anfiteatro Jorge Luis Borges, de la Biblioteca Nacional, y que el viernes próximo tendrá como protagonistas al Cuarteto Almagro, La Camorra y De Puro Grupo, es una pequeña muestra de la cantidad de intérpretes jóvenes que empezaron a pulular en los barrios porteños.
El viernes pasado, a sala llena, El Carrotango sorprendió con una sólida propuesta. De corte itinerante, el grupo que pasea por plazas y espacios abiertos, mostró un repertorio popular y de influencia callejera.
Un bandoneón de goma espuma, una guirnalda con bombitas de colores, un farolito de lata y carteles fileteados, ambientaron los tangos interpretados por la cantante Jimena Sánchez, el guitarrista Ramón Mashio, el bandoneonista Rubén Slonimsky y el bajista Yuri Venturín.
Instalados en la línea poética del cuarenta, el grupo inicia un recorrido que los llevará por otras épocas, hasta llegar a la urbanidad contemporánea de "Tanguito de Almendra", de Alejandro del Prado.
La formación varía en cada tema. En el comienzo del recital con "Malena", se impone el sonido criollo de la guitarra y la voz. Para pasar a una impronta moderna, desde los arreglos de bandoneón, en los clásicos "Naranjo en flor" y "Yuyo verde".
Despojados del costado melodrámatico del tango, consiguieron la difícil aprobación de los mayores y el aplauso encendido de los jóvenes plateístas, que se acercaron por simple curiosidad y no fueron defraudados.
El Carrotango tiene su sonido enclavado en los tiempos de hoy, pero con los ecos de un pasado que resuena en el fueye, en la guitarra, y en esa voz, con temperamento y ductilidad, que no desentona con el estilo urbano del grupo.
Las pinceladas del guitarrista, y el fraseo vocal que no cae en la recurrente influencia del "Polaco" Goyeneche, le dan a El Carrotango un valor agregado. La síntesis: buen tango hecho por jóvenes. No, tango nuevo.
Después, le toca el turno a María Silvia Varela, con el espectáculo "Interpretangos". Su recital armado sobre la base de textos de diversos autores y temas ampliamente recordados _con una puesta en escena mas teatral y una joven pareja de baile_ sólo desconcertó a los que se acercaron a ver el llamado tango joven. En todo caso, esta voz femenina se podría enrolar dentro de la línea de los nuevos, debido a su madurez.
El debut no fue el mejor. Con su actuación, Varela repitió uno a uno los vicios del género. Y revivió la imagen del intérprete de tangos a punto de llorar a lo largo de todo el tema: del susurro al quejido agudo en "Afiches" o la sobreactuación en "Pipistrela". La respuesta fue instantánea y los más jóvenes fueron abandonando la sala. Aunque, otro sector, con un promedio de 50 años, aplaudió con gusto los temas más conocidos: "Uno" y "Gricel".
Con dispares resultados, la iniciativa sigue con una buena respuesta de asistentes, y se convirtió, en un lugar ideal para que muchos de los artistas jóvenes puedan foguearse. Será el tiempo el que echará luz sobre el verdadero significado del tango joven, y su influencia en la música ciudadana.





