
El último bondi resultó de primera
Recital de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, integrado por el Indio Solari en voz, Skay Beilinson en guitarra y coros, Semilla Bucciarelli en bajo, Walter Sidotti en batería y Sergio Dawi en saxo y teclados. Invitados: Gabriel "Conejo" Jolivet en guitarra y Hernán Aramberri en batería. En el estadio de Racing. Nuestra opinión: Muy Bueno
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Asombrados, felices y entusiasmados, miles de redondos temblaron al apagarse las luces. La ceremonia estaba por comenzar y esta vez llegó como nadie lo esperaba: en las pantallas, a los lados del escenario, la nave-bondi se prepara para despegar. Con esa estética de dibujo animado con la que aprendimos a prepararnos para el futuro que es hoy, Rocambole ideó una perfecta introducción.
Y en cuanto los cinco tripulantes bajaron de su nave, las primeras notas que surgieron, ahora sí, de los instrumentos que se mueven con tracción a sangre, fueron las inconfundibles de "El pibe de los astilleros" que el gigantesco coro, sabiendo que ya es, desde hace años, absolutamente suya, coreó con afinación perfecta.
A ese tema siguió "Un ángel para tu soledad" y "Cruz diablo!" para luego comenzar con una seguidilla de cinco temas del nuevo CD "Ultimo bondi a Finisterre". Aquí es donde se sumaron -para quedarse- el Conejo Jolivet en guitarra y Hernán Aramberri, que, desde su batería digital, disparaba los sonidos que completaban estos nuevos temas.
Esos extraños sonidos nuevos son rock, ahora y aquí, en el fragor del recital; el rock que nos corre por las venas, el que late fuerte esta noche, aunque nuestras neuronas estén registrando horizontes de amores virtuales. Allí conviven entonces el rito de siempre: el de los brazos levantados y las bengalas que son hogueras rituales junto al servicio que nos presta la tecnología hoy y que permitió que el show tuviera el nivel de los mejores. Excelentes luces, un sonido que fue perfeccionándose a medida que avanzaba el show, y las dos pantallas que eran algo más que meros reproductores de lo que pasaba sobre el escenario armando una película propia.
Luego de "Scaramanzia", "Drogocop" y "Pogo" comenzaron con "La pequeña novia del carioca" y las luces se apagaron en el escenario. Completamente a oscuras, la banda siguió sonando. Aunque más tarde, El Indio aclaró que había saltado un generador, en unas de las pocas palabras que pronunciará en la noche. Y sí, saltó un generador, cantó a oscuras y todo siguió adelante, como si nada, surfeando, como siempre, avalanchas (y los seguidores saben que las ha habido peores, más duras y llovidas) y que de paso sirve para romper el espejismo de Primer Mundo, que si la puesta está a la altura de la de cualquier banda que llega recorriendo el mundo con su crew de técnicos y tecnología, ésta es nuestra cruda realidad de vivir acá abajo, alumbrados por la oscura Cruz del Sur.
Salteado el inconveniente tocaron "Las increíbles aventuras del capitán Buscapina..." y para cerrar esta primera parte un clásico para gozar: "Vamos las bandas".
El futuro que llegó
Cualquiera que esté fogueado en recitales lo sabe: el orden de los temas puede alterar el resultado. Y nuestros corazones. Por eso, cuando pasadas las 23.30 y tras el intervalo comienza la segunda parte del show, "Nueva Roma" y "Todo un palo" trazan dibujos en nuestras emociones. Es que allí es cuando recordamos que hace muchos que cantamos que "el futuro ya llegó" y que no es como lo esperábamos. Pero que, en todo caso, este disco, con sus múltiples referencias a un tiempo que vendrá y que ya está, nos marca que el desafío es construirlo. Que este asunto está ahora y para siempre en nuestras manos. Vayamos en bondis, trenes o naves.
Luego, nuevamente a lo nuevo. "Gualicho", "Alien Duce", "El árbol del gran bonete" y "Estás frito angelito". Pero es después de volver a las que todos sabemos ("Shopping Disco-Zen" y "Juguetes perdidos" -todo un himno, ya lo ves-) que largan con la apuesta más difícil:"Esto es to-to-todo amigos", desafiante construcción sonora que nos lleva a años luz del rock simple de guitarras con implacables latigazos al cerebro. Consecuente, su letra nombra a Omar Chabán y la mayoría de los miles que escuchan lo conocen de las duras noches de Cemento, y sí, él podría ser el mejor personaje de esta cyber-Babel, de esta pesadilla de futuro que habita en el mismo centro de la ciudad.
Momento de bises y de fiesta. A brillar entonces y bailar y cantar con "Mi perro dinamita", "Ñanfrifru...", "La bestia pop", "Queso ruso" y "Ji ji ji". En la elección -nuevamente- estaba la llave de la fiesta. Porque en esos temas el ritual se completa con los gestos de uno y otro lado del escenario. Llamada y respuesta, los coros de siempre en "La bestia...", los aplausos acelerados en "Ji..." ya con todo el estadio encendido, de pasión y de luces, mirándonos las caras, reconociéndonos. Con el ultimísimo bonus track. "Un tal Brigitte Bardot" nos vamos. Hemos sido felices por dos horas y media. El límite es el cielo.
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