
El último caso del Inspector Morse
Sus fans lo despiden y ya lo extrañan
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Hoy nos despedimos de un gran amigo. Corto de genio a veces, apasionado por la ópera, soltero pero vulnerable ante las mujeres y el amor, universitario y lector de clásicos; intransigente ante la superficialidad, la vanidad y cualquier ejercicio arbitrario de poder; persistente en sus convicciones y empeños, sagaz, pero, como todo el mundo, responsable de errores que íntimamente le pesan.
Como lo anunció ayer el suplemento LA NACION Tevé, El día del remordimiento, último capítulo de la serie Inspector Morse, se transmitirá hoy, a las 23 -estreno para América latina- por Film&Arts. Es el que clausuró la serie en Gran Bretaña, el único que no se conocía en nuestro país. Morse, retirado de la investigación porque su jefe determina que no está "temperamentalmente en forma", resuelve inmiscuirse en la del crimen de Yvonne Harrison, ocurrido un año antes y que le ha sido encomendada a su asistente, el sargento Lewis, a partir de un anónimo recibido en la policía. El final se anuncia como "explosivo".
El protagonista de la serie, interpretado por el actor John Thaw, ha sido descripto por Colin Dexter, autor de los libros de los que fueron adaptados los 33 capítulos para TV, como "un poco melancólico, tristón y pesimista sobre el mundo en general", un hombre cuyo peor defecto -socialmente inaceptable, según dijo Dexter en una entrevista- es cierta tacañería: "En los pubs que frecuenta ni invita ni paga las vueltas de cerveza", a la que es absolutamente adicto, y es Lewis el que invariablemente se ve obligado a hacerlo.
No hay misterio
Dexter escribió el primer libro en 1972. La serie comenzó a emitirse en Gran Bretaña en 1985 y hoy tiene espectadores en 200 países. Proyectó a Thaw a un primer plano:13 millones de británicos sintonizaron el último capítulo en 2000. La muerte del actor, a los 60 años, en febrero de 2002, provocó una general consternación.
Tampoco en la Argentina le faltan admiradores, que ya lamentan la despedida. La ilustradora Helena Torres, por ejemplo. "Morse no es un estereotipo, más que el antihéroe es el antipolicía -explica-. No es buen mozo; es un solitario culto (ex Oxford). En la serie todo es de primera: idea, guión, actuación, producción. No es truculenta, ni hay violencia chocante. Los paisajes de Oxford son un placer. Sus personajes secundarios son todos creíbles."
A Jorge Papanicolau, ingeniero electrónico, le gusta "el personaje y su modo de resolver los casos: implica razonar de un modo distinto. Trabaja con intuiciones, por eso se equivoca mucho. Busca una hipótesis que le permita explicar todo, necesita ver todos los datos juntos para sacar conclusiones. Le gusta pensar, apela a sus conocimientos sobre literatura, arte, música para resolver el caso. Es un modo de trabajar muy holista. He leído los libros de Colin Dexter, literariamente excelentes, mucho más ricos que la serie. Morse aparece como mucho más enamoradizo y mujeriego".
Monseñor Eugenio Guasta admite que "siempre me interesó la lectura de la serie, la capacidad de saber contar y el ámbito en que transcurre. El personaje tiene una cosa cordial muy profunda. Es profundamente humano, con comprensión para tantas cosas, tan cercano a uno. Se va entrando en el relato: por eso se mantuvo el interés por ver nuevamente los episodios: aunque se conozca el argumento, siempre hay una novedad".
"Me gusta el tipo -dice la artesana Ruth Varsavsky-. Y cada uno de los personajes tiene un perfil interesante. La serie toca temas pocas veces vistos en TV, como aspectos de la vida de los profesores en Oxford, lucha por prestigio y poder. Tiene particular interés el contraste entre el burgués culto, de bajo perfil, modesto, inteligente, sin presunción, y el ambiente de Oxford, aristocrático y de un refinamiento más estereotipado."
Otra adepta, la ilustradora Elena Egusquiza, agrega: "Además de que John Thaw compone uno de los personajes más queribles que la televisión nos ha dado, la serie de sus films reúne otras virtudes que la hacen casi única. La excelencia de los libros de Dexter, la adaptación cinematográfica, el hecho de que transcurra en un lugar mítico como Oxford. A todo esto puede agregarse el humor, indispensable en un producto emblemáticamente inglés".





