
Apenas tres Meses, Marshall Bruce Mathers III ha pasado de ser un blanco de clase baja a convertirse en un exito al rojo vivo.
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Que se produce entre una canción y otra, una chica vestida de blanco ubicada en la primera fila grita "¡Te amo!". Eminem se le acerca, le dice "Yo también te amo" y se agacha para abrazarla. Grave error. La chica le encaja un beso en los labios y se la deja servida a la de al lado, que se apodera de la cabeza de Eminem y le da un beso en la boca con todas las de la ley. "La puta madre", dice el cantante riéndose. "¡Hoy voy a la cárcel!" Cuando se sienta en la parte delantera del escenario, le tiran de los pantalones y le agarran la entrepierna. "¡Le toqué la pija!", le avisa una chica a su amiga.
Hoy Eminem ya es una estrella hecha y derecha, que difícilmente vuelva a tocar en una sala tan pequeña como ésta. Si esta noche se presenta aquí es únicamente porque el recital ya estaba programado antes de que su álbum debut llegara el segundo puesto de los charts. Las disquerías de toda Norteamérica hicieron pedidos tan grandes que el sello Interscope envió más de un millón de copias, una cantidad de lo más llamativa para un primer trabajo.
Eminem es un blanco que vive en un mundo de negros. Alguna vez, mientras cantaba, recibió abucheos por parte de cultores negros del hip-hop. "Es una situación muy incómoda", señala Dr. Dre, el mentor de Em, acerca de la cuestión racial. "Es como ver que un negro toca música country & western. ¿Entendés?" Hasta hubo quienes cuestionaron el criterio de Dre cuando contrató a Em por medio de Aftermath, sello de Interscope. "Me importa un carajo si el tipo es violeta. Si la tiene clara, estoy con él."
Si lo que uno espera es seguir escuchando al rubiecito maleducado y obsesionado con la cultura pop que aparece en la versión pulcra de "My Name Is" que transmite mtv, The Slim Shady LP es como un mal trip en el infierno. Pero es precisamente gracias a ese infierno que el underground del hip-hop adora a Em. Su singular forma de cantar, sus letras más singulares aún y su presentación al estilo de dibujitos animados, lo hacen único. Em no trata de ser como Jay-Z, DMX ni 2Pac: trata de ser como el Correcaminos, que en medio segundo les da vuelta el truco a sus enemigos, de modo que terminan siendo víctimas de sus propias trampas. Por otra parte, es quizás el único mc de 1999 que enarbola una autoestima baja. Sus letras son asombrosamente perversas: hacen referencia a una vida pobre y desesperanzada, rebosan de bronca y se alimentan de películas de asesinatos y de ciencia-ficción.
Y en medio del desparramo está Marshall Mathers. Algunas de sus canciones, como "As the World Turns" -en la que Shady "se coge a una puta divorciada" hasta matarla con su "pija de juguete incansable"-, son fantasías adolescentes que muestran qué significa para Em la venganza. Pero en otros temas -por ejemplo, "If I Had" y "Rock Bottom"- desaparecen los dibujitos animados, decae la actitud desafiante y surge el chico frustrado que era no hace mucho tiempo, harto de la vida, de los trabajos sin futuro y de la pobreza que lo dejó "enojado al punto de gritar, pero triste al punto de llorar".
"Antes del video, por ser Eminem ni siquiera me permitían entrar en un boliche de mierda", dice Mathers mientras camina por el Aeropuerto de Newark el día siguiente a los recitales que dio en el teatro de Nueva York. "Y ayer a la noche, para que yo me sentara hicieron levantarse de la mesa a unas personas. Es un delirio absoluto. Y da miedo, además, porque podés caer con tanta facilidad como subiste."
No ha parado de viajar de ciudad en ciudad, pero hoy se lo ve fresco como una lechuga, aunque haya dormido apenas dos horas y no haya desayunado. Y en pocos minutos volverá a la ruta: se va a su hogar natal, Detroit, a pasar tres días libres antes de continuar rumbo a México y luego a Chicago, para seguir promoviendo el disco.
Para el rapero no es nada nuevo ir de acá para allá. El y su madre se la pasaron alternando entre Missouri y Michigan, donde casi nunca vivieron en la misma casa durante más de uno o dos años, hasta que al fin se asentaron cuando Marshall tenía 11. Ahí empezó una vida marcada por las peleas y las escenas sórdidas. Pero qué fue lo que pasó depende de quién lo cuente. Si uno escucha la versión del cantante, su vida hasta ahora estuvo llena de golpes bajos, piñas de matones y agarradas con su mamá, que vive tomando pastillas. Sin embargo, la madre, Debbie Mathers-Briggs, rechaza lo que dice Eminem de ella y asegura que el amor ilimitado y el apoyo financiero que le brindó a su hijo lo ayudaron a salir adelante. Por ahora, atengámonos a los hechos concretos: 1) Eminem no conoce a su padre; 2) durante sus años de formación vivió en un barrio de Detroit de clase media-baja y mayormente negro; 3) dejó el colegio secundario en noveno año; 4) hace ocho años que vive peleándose y reconciliándose con la madre de su hija, y 5) ama a su hija de 3 años, Hailie Jade, más que a nadie en el mundo.
Los padres de Eminem se casaron, según cuenta su mamá, cuando ella tenía 15 años y su novio 22. Marshall III nació dos años después. Los padres integraban un grupo llamado Daddy Warbucks, que tocaba en los locales de la cadena Ramada Inn ubicados a lo largo de la frontera que separa los Estados de Dakota y Montana. Pero la relación se deterioró, la pareja se separó, y Debbie y su hijo vivieron con parientes durante algunos años hasta que se establecieron en la zona este de Detroit. El padre de Marshall se mudó a California.
La madre sola y sus hijos (el hermanastro menor de Em, Nathan, nació en 1986) eran una de las tres familias blancas de la cuadra. "Yo soy daltónica. Para mí no era problema", comenta la mamá de Em. "Pero los más jóvenes de la zona nos hacían pasar un mal momento. A Marshall le daban con todo."
La primera vez que Eminem escuchó una canción de rap, tenía 9 años. Era "Reckless", un tema interpretado por Ice-T en la banda sonora de Breakin’, que le había regalado su tío Ronnie. Diez años después, cuando Ronnie se suicidó, Eminem quedó destrozado. "Estuve días y días sin hablar", recuerda. "Ni siquiera pude ir al entierro."
Dejó el colegio después de repetir noveno año por tercera vez. "Apenas cumplí 15, mi mamá me dijo: «Conseguí trabajo y ayudáme a mantener la casa o te vas a la mierda». Igual me iba a mandar al carajo, después de sacarme casi todo mi sueldo." Su mamá niega todo lo anterior: "Una amiga me advirtió: «Debbie, él dice esas cosas por publicidad». Siempre tuvo todo." Como sea, encontró su salvación en el rap y en las letras que había comenzado a escribir. Al poco tiempo estuvo listo para poner a prueba su capacidad escabulléndose en el colegio Osborne con su amigo Proof, que también era mc, para participar en los concursos de rap que se organizaban en el comedor escolar. "Pensaban que los blancos no sabemos hacer música", comenta Proof, que hoy es gerente de cuentas de Maurice Malone, diseñador de ropa hip-hop. "Todos pensaban que iba a ser fácil ganarle, y él siempre les pasaba por encima."
Con otros cuatro raperos, Em y Proof formaron una banda llamada Dirty Dozen. Luego, en 1996, Em editó su propio disco, Infinite, por medio de un sello local; no tenía nada que ver con el humor borracho ni con la ira contenida de Shady. "Fue justo antes de que naciera mi hija, así que hablaba de una sola cosa: de tener un futuro para ella", explica.
Infinite pasó sin pena ni gloria. "Después de ese disco empecé a escribir letras cada vez más enfurecidas", continúa Eminem. "En gran medida fue por la reacción que recibí. Los negros decían: «Vos sos blanco. ¿Para qué carajo estás haciendo rap? ¿Por qué no te pasás al rock & roll?». Y todas esas boludeces me hacían calentar." A eso se sumó el hecho de que, días antes del primer cumpleaños de su hija, lo despidieron de Gilbert’s Lodge, donde trabajaba como cocinero.
Esa caída cuesta abajo terminó un día en el baño, cuando Em conoció a Slim Shady. "El nombre se me apareció de repente. ¡Paf! Y enseguida se me ocurrieron un montón de palabras que rimaban con el nombre. Así que me limpié el culo, me levanté del inodoro y... fui a llamar a todos."
Shady pasó a ser el duende vengador de Em, el falsamente servil caballero de armadura. Era hora de que Em escribiese sobre algunos de los males de su vida, y Slim Shady era quien venía a corregirlos. El primero de la lista negra era su rival de la escuela primaria, D’Angelo Bailey. Sí: el matoncito al que le pega con un palo de escoba en "Brain Damage" fue un personaje de la vida real. "El hijo de puta me cagaba a trompadas", dice Eminem. "Yo estaba en cuarto grado y él, en sexto. Todo lo que dice la canción es verdad: un día entró en el baño, yo estaba haciendo pis y me cagó a trompadas. Terminé todo meado. Pero ésa no fue la vez en que me hicieron recontramierda."
Durante la primera mitad de 1997, Eminem grabó Slim Shady EP, el demo de ocho canciones que le valió su contrato con Interscope. En ese entonces gorroneaba más que nunca. Vivía con su novia, Kim, y su bebita, en barrios invadidos por el crack. "Vivíamos en unos lugares horribles", recuerda Kim. "Tuve cuatro televisores y cinco videocaseteras en dos años."
Por un tiempo, la joven familia se mudó a casa de la madre de Em, aunque no fue para mejor. "Mi mamá se daba con un montón de cosas -un montón de pastillas- así que sufría cambios de humor", afirma el cantante. "Se iba a dormir de lo más bien y después se levantaba diciendo: «¡Hijos de puta, váyanse de acá!»." Sin embargo, su madre no acepta que eso sea verdad: "Nunca me drogué. Marshall creció en un hogar sin drogas ni alcohol". Em se fue a vivir con unos amigos, mientras que Kim, con la nena, se instaló en casa de su mamá. "Durante todo ese verano no trabajé", continúa Em. "Encima nos desalojaron, porque mis amigos y yo le subalquilábamos al que había firmado el contrato, hasta que nos cagó." La noche anterior a su viaje a las Olimpíadas de Rap -una batalla nacional anual de mcs que se hacía en Los Angeles- se encontró con que la puerta de su casa estaba cerrada con llave y tenía un cartel de desalojo. "Tuve que entrar por la fuerza", dice. "No tenía adónde ir. No había calefacción, agua ni luz. Dormí en el piso, me desperté y me fui a Los Angeles. Estaba recaliente."
"Uy, Dios", exclama Paul Bunyan Rosenberg, el abogado fortachón que maneja la carrera de Eminem. "En las Olimpíadas había un negro grandote sentado junto a mí. Después de la primera ronda, gritó: «Denle el premio al blanco. Ya está. Dénselo al blanco»."
Pero no se lo dieron, y Em se deprimió. No sólo le hubiera venido estupendo el primer premio -500 dólares y un Rolex- sino que, además, no estaba acostumbrado a salir segundo. Pero la cosa es que Eminem perdió la batalla y ganó la guerra. Una copia de Slim Shady EP que recibieron unos integrantes de Interscope pronto llegó a manos del coordinador Jimmy Iovine. Mientras Em todavía estaba en Los Angeles, Iovine y Dr. Dre lo escucharon. "En todos los años que llevo en la industria de la música", asevera Dre, "jamás encontré nada en un demo. Pero cuando Jimmy nos hizo escuchar ése, dije: «Vayan a buscarlo. Ya»".
"Escribí dos canciones para el disco siguiente bajo los efectos del éxtasis", confiesa Em. "Esas cosas de rebotar contra las paredes, atravesarlas, caer desde el piso 20. Una locura. Eso hacemos cuando estoy en el estudio con Dre." ¿Que el Dr. Dre toma éxtasis? "Ja ja", se ríe Dre. "¡A que no dijo eso! Aunque es cierto. Nos metemos ahí adentro, nos enchufamos, no nos movemos del estudio en dos días enteros. Después quedás muerto por tres días. Entonces te despertás, metés la cinta, tipo: «A ver qué hice»."
"Doble en esta esquina", indica Eminem al chofer de la gran camioneta blanca que hace crujir la nieve de las calles del este de Detroit. "Pare. Esa era nuestra casa. Mi habitación estaba arriba, atrás." En esas calles regulares, las casitas de dos pisos son idénticas: todas tienen un cuadrado de césped adelante y una entradita para autos al costado. La camioneta se aleja de la Milla 8 y pasa por el colegio de Em. El vehículo se detiene en Gilbert’s Lodge, el restaurante familiar ubicado en el suburbio de St. Clair Shores donde Em trabajó tres años de manera intermitente. El personal del restaurante va de acá para allá sin prestar atención a Em, que prácticamente entró en la cocina sin que lo saludaran.
-Hola, Marshall -dice una moza de unos cuarenta y pico con voz melosa y acento del Oeste. -Yo miro mtv y nunca te veo.
-No me digas -responde él, indiferente.
Elige una mesa del fondo. Después de unos veinte minutos en silencio, llama a una moza que pasa:
-¿Puede traernos unas cervezas?
-Sí, pero me tenés que mostrar el documento.
-No traje la billetera, pero yo antes trabajaba aquí. Tengo más de 21 años.
Hace menos de veinticuatro horas, en Staten Island, hicieron falta guardias de seguridad para impedir que una multitud desenfrenada desmembrase a Em mientras ganaba 5.000 dólares por cantar cuatro temas. Y en su hogar, en el lugar donde pasó entre cuarenta y sesenta horas por semana durante tres años, es un extraño; más aún, un extraño sin cubiertos, agua ni menú. "¿Por qué habrá dicho eso, la muy conchuda?", se pregunta acerca del comentario sobre mtv, que fue un golpe bajo para él. Va a sacar el mismo tema durante el resto de la noche.
Se hace tarde y a Em lo espera su hija. El tiene cuatro días para quedarse aquí, en su ciudad natal, con ella y con Kim.
La camioneta vuelve a atravesar Detroit hasta detenerse en una casa modesta. Aparece Kim, una rubia linda, que lleva en brazos a Hailie, una belleza de ojos azules muerta de sueño pero sonriente, que de inmediato se arroja a los brazos de Em y lo abraza. La camioneta se va, Hailie vuelve a dormirse y Em le cuenta a Kim sobre los recitales de Nueva York. A los cuarenta minutos, la camioneta llega al parque de casas rodantes -parece más bien un pueblo, en realidad- que Em considera su hogar. "Cuando conseguí el contrato de grabación, mi mamá se volvió a Kansas City", dice. "Yo pasé a encargarme de los pagos de su casa rodante, pero no estoy nunca." Cuelgan de la pared una foto autografiada de Dre que dice "Gracias por la ayuda, forro" (una imitación del autógrafo de Shady en "My Name Is") y la artística del demo Slim Shady EP. Arriba del televisor hay dos fotos de Em y Dre tomadas durante la filmación del video, junto a otras de Hailie. En un mueblecito se ven cds de 2Pac, Mase, Babyface, Luther Vandross, Esthero y Snoop Dogg. Delante de la tele hay un silloncito para chicos que pertenece a Hailie. En una pared cercana a la cocina cuelga un póster titulado Compromisos para padres, que incluye instrucciones tales como "Daré a mis hijos un espacio para que crezcan, sueñen, triunfen y a veces fracasen".
Hoy la pareja está feliz de verse, aunque canciones como "97 Bonnie and Clyde" dejan en claro que no todas las épocas son tan apacibles. Eminem asegura que en un momento, hace dos años, cuando ambos tenían otras parejas, Kim le puso trabas para ver a su hija y llegó a amenazarlo con una orden judicial de restricción. Em compuso "Just the 2 of Us", tema que salió en Slim Shady EP y que habla de un padre que mata a la madre de su bebita y limpia todo rastro gracias a la ayuda de su hija. "Vení, ¿lo ayudás a papi a atar una soga a esta piedra?/ Después se la atamos al piecito, después la tiramos del muelle./ Ahí va, cuando diga tres. ¡Uno, dos, tres, va!/ Ahí está mami, chapoteando en el agua./ Basta de pelear con papá, basta de pedir órdenes de restricción."
En Slim Shady LP Hailie hace de sí misma (y también aparece en la tapa del disco y puso trabas para ver a su hija y llegó a amenazarlo con una orden judicial de restricción. Em compuso "Just the 2 of Us", tema que salió en Slim Shady EP y que habla de un padre que mata a la madre de su bebita y limpia todo rastro gracias a la ayuda de su hija. "Vení, ¿lo ayudás a papi a atar una soga a esta piedra?/ Después se la atamos al piecito, después la tiramos del muelle./ Ahí va, cuando diga tres. ¡Uno, dos, tres, va!/ Ahí está mami, chapoteando en el agua./ Basta de pelear con papá, basta de pedir órdenes de restricción."
En Slim Shady LP Hailie hace de sí misma (y también aparece en la tapa del disco y noce que su hija es muy chica para entender algo más allá del ritmo. "Cuando sea más grande, se lo voy a explicar", promete.
Slim Shady es el recurso que tiene Marshall Mathers para vengarse del mundo, y a la vez es un mecanismo de defensa. "Me banqué un montón de cagadas", dice. "Cuando es así, uno aprende a vivir el presente. Cuando pasó todo eso, respiré profundo y pensé: «Lo logré»."
Em no parece caer en la cuenta de la magnitud de lo que logró en tan poco tiempo. "Si sigue siendo el mismo que entró conmigo al estudio el primer día, va a ser más grande que Michael Jackson", se confía Dre. "Aunque hay un montón de peros, Em es copado y muy humilde." Cuando cierra la puerta, con la frazada de Hailie en la mano, es verdad que parece humilde, un poco cansado y muy feliz. Por ahora.





