Isabel Sarli y Armando Bó, de la censura a la reivindicación tardía

Un símbolo perdurable
Un símbolo perdurable Fuente: LA NACION
Marcelo Stiletano
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30 de junio de 2019  

El regreso de la Argentina al Estado de Derecho a partir de 1983 hizo que en los años subsiguientes se produjera la reivindicación de las víctimas de los oscuros tiempos de la censura oficial. La eliminación del Ente de Calificación Cinematográfica, una de las primeras medidas culturales resueltas por el gobierno de Raúl Alfonsín, nos devolvió el acceso irrestricto a las películas de Armando Bó protagonizadas por Isabel Sarli. Y junto a ellas, el recuerdo de aquellas memorables luchas contra los censores (en especial Ramiro de la Fuente, uno de los interventores más activos del Ente) que el dúo llevó adelante.

Ambas cosas ocurrieron pasado algún tiempo de la recuperación democrática, cuando se organizó en la Sala Lugones del Teatro San Martín un ciclo retrospectivo muy completo del cine que la pareja llevó adelante con admirable constancia. El programa iba a ser al mismo tiempo un reconocimiento póstumo hacia Armando Bó (fallecido en 1981, con 67 años) y un reconocimiento hacia la estrella de sus películas, que por fin podríamos ver completas.

Las funciones se hicieron siempre a sala llena. En el hall de la sala Lugones se había dispuesto una exhibición de los afiches promocionales de las películas del dúo Bó-Sarli preparados para su lanzamiento fuera de la Argentina. Muchos descubrieron en ese momento un dato extraordinario: esas producciones eran las únicas del cine nacional de entonces que llegaban al exterior con distribución internacional de Columbia, una de las majors históricas de Hollywood. Había afiches en inglés, en japonés y en varios otros idiomas, y ese despliegue dejaba a la vista que el cine de Bó-Sarli había encontrado un mercado pródigo en los circuitos cinematográficos (muy prósperos por entonces) dedicados al cine erótico con el que era identificado, sobre todo en mercados de Extremo Oriente.

La coronación del ciclo fue una función especial que iba a contar con la presencia de la mismísima estrella, después de la recuperación en una copia sin cortes de Insaciable , uno de los títulos del cine de Bo con el que más se había ensañado la censura. Sarli acompañó esa presentación participando de un breve reportaje público con el crítico Jorge Abel Martín, autor del libro más completo dedicado al cine de Armando Bó e Isabel Sarli.

La proyección tuvo todo el carácter de un acontecimiento. Y llevó a la superficie la silenciosa disputa que durante mucho tiempo se mantuvo alrededor del cine encarnado por el dúo. "La generación del 60 se burló mucho de Bo, cuya locura por el cine era total y capaz de extremarlo todo", escribió hace algunos días en su cuenta de Twitter el crítico y ensayista Sergio Wolf, uno de los primeros en tomar en serio la filmografía del dúo y descubrir allí genuinas marcas autorales.

En un momento de esa proyección, de la que fue testigo presencial el autor de estas líneas, se produjo uno de esos momentos desaforados al máximo del cine popular de Armando Bó. Las risas se extendieron por buena parte de la sala. Hasta que una voz anónima las hizo callar. "¡No se rían! Lo que está pasando es muy serio", reclamó. Nadie volvió a murmurar con sorna. Tal vez haya empezado allí de verdad el rescate de una obra cinematográfica audaz y apasionada. Un cine popular genuino que no temía caer en el aparente ridículo si cumplía su principal propósito: en su tiempo iba a llegar siempre más lejos que el resto.

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