
En el nombre de Alfredo Zitarrosa
Un seleccionado uruguayo interpreta sus canciones en el festival Música de la Tierra, en parque Centenario
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MONTEVIDEO.- En el subsuelo del Teatro Solís descansan los restos del trabajo de toda la vida de Alfredo Zitarrosa (1936-1989): grabaciones de ensayos, conversaciones y hasta sonidos de pájaros; partituras, cartas a sus amigos, programas de mano y afiches de los lugares donde se presentó, libros esotéricos, fotos, discos de oro, los trajes, valijas, un escritorio y hasta el tucán embalsamado que fue su mascota. Son unas cien cajas con un material invalorable, la memoria de Zitarrosa y la banda de sonido emocional de un país, que la familia del músico cedió al Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas que funciona en el Solís, para su preservación, clasificación, digitalización, procesamiento y difusión al público.
El material estaba en un depósito donde se deterioraba lentamente y, antes, en la habitación que Zitarrosa ocupó durante muchos años en el barrio Malvín, donde siguen viviendo actualmente sus hijas y su ex mujer. El tesoro encontrado es finalmente el cierre de un viaje al corazón zitarrosiano del uruguayo promedio. Los guías son Moriana Peyrou y Diego Barnabé, creadores del festival Música de la Tierra y del espectáculo Zamba por vos, un homenaje a Zitarrosa, el autor de obras memorables como "Guitarra negra" y "Doña soledad", que se presentará este fin de semana en el Parque Centenario (ver recuadro).
Es mediodía en Montevideo. Un almuerzo con Pinocho Routín, Ana Prada, Maia Castro y Sara Sabah, el seleccionado de músicos que participan del espectáculo Zamba por vos, es la excusa para definir el peso simbólico del legendario cantor, poeta y militante. "Zitarrosa es una época. Nací en el 71 y enseguida vino la dictadura. Recuerdo que lo vi llorar a mi padre cuando Zitarrosa pudo volver al país. El otro día cuando puse uno de sus discos fue como recibir una bocanada de aire fresco. Su música y su poesía están muy vivas. Es un clásico, como La Odisea o una obra de Shakespeare", dispara Ana Prada.
El hombre que supo retratar a un país musical con su voz crepuscular, como la definió el escritor Enrique Estrázulas, es omnipresente en el imaginario popular de esta nueva generación de artistas uruguayos. "Zitarrosa para nosotros es Gardel. Es un universo en sí mismo, una creación fantástica, increíble, donde se entrecruzan los olores de nuestra infancia, los sonidos de mi casa y los afectos. Dentro de esa voz hay un montón de componentes que hacen que no solo tenga una admiración artística sino que me atraviesa incoscientemente por otros lugares", lanza directo Pinocho Routín, un referente de la murga-canción, conocido por su trabajo con Jaime Roos de este lado de la orilla, que el año pasado lanzó el elogiado disco Corazón.
Su comentario no hace más que despertar una serie de recuerdos vibrantes y emotivos alrededor del músico que marcó a fuego la música popular uruguaya y, también, el cancionero de América latina. "Hay una conexión epidérmica con su música -dice Maia Castro, otra de las voces referenciales del tributo a Zitarrosa-. Desde muy chiquita lo escucho en el tocadiscos de mi padre y lo asocio directamente con él. La primera vez que lo vi llorar fue cuando se murió Zitarrosa. Me acuerdo de bajar la escalera de mi cuarto y él estaba sentado en una mesita escuchando la radio y llorando. Yo tenía entre 8 y 9 años. Eso me marcó. Al día de hoy lo escucho cantar a Zitarrosa y se me eriza la piel."
La conversación con los músicos uruguayos que participan de Zamba por vos destapa la conexión espiritual que tienen con esas canciones que reversionan en el espectáculo como "Milonga en do", "Tanta vida en cuatro versos" y "Chamarrita de una bailanta", entre otras. "Yo me hice una idea de Uruguay escuchando las canciones de Zitarrosa cuando de chica vivía en un kibutz en Israel. Es como la voz de un período especial en esta región y por eso es tan importante cantar sus canciones de nuevo. Para nuestra generación, que curtió a Darno, Mateo y Zitarrosa, ellos son referencias inspiradoras. No sé si hoy los músicos que empiezan los conocen porque hay mucha información dando vueltas y por eso es necesario mostrarles la fuente de nuestra música", reflexiona Sara Sabah, una de las originales voces del medio musical montevideano.
Zitarrosa estuvo en momentos de la vida de cada uno de ellos y de sus familias: el regreso del exilio en el 84; un cruce en un bar en una ciudad con vida de pueblo; un concierto bajo la lluvia en Rocha; o el shock que produjo su muerte el 17 de enero de 1989. "Yo me críe con él -confiesa Moriana Peyrou, creadora del espectáculo Zamba por vos- porque soy amiga de una de sus hijas Serena. Te digo más, tengo recuerdos de cuando estábamos debajo de su escritorio cada vez que ensayaba. Nos la pasábamos comiendo galletitas y escuchándolo toda la tarde. Cuando murió, mi padre fue uno de los que llevaba el cajón, y yo iba de la mano de él. Y una señora, me agarró de la otra mano y me dijo: «nena apretame fuerte porque a través tuyo lo estoy tocando a Zitarrosa». No me olvido más de esa imagen."
Por la ventana de esta casa de barrio asoma el Montevideo cotidiano que inspiró a Zitarrosa. Una señora vestida de negro, como una comadrona calabresa, otea el horizonte nublado y de casas bajas desde su terraza. Sacude la ropa hacia la calle, atrapa a su perro pequeño para que no se le caiga y se queda pensando. Podría ser otra "Doña soledad", el personaje que inventó Zitarrosa, con ritmo de milonga y candombe de fondo.




