
En el nombre del hijo
La herencia familiar de Héctor Olivera se prolonga en el cine, ya que sus hijos Javier y Marcos serán director y productor ejecutivo de "El visitante", que, a despecho de la crisis que atraviesa la pantalla local, comienza a rodarse en septiembre, con Julio Chávez como protagonista
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Para los hijos de Héctor Olivera no rige la presunción de inocencia. "Yo creo que ellos son culpables de ser hijos de papá hasta que no demuestren lo contrario", dice el director de "La Patagonia rebelde" respecto de sus hijos Javier y Marcos, quienes debutarán como director y productor ejecutivo, respectivamente, en "El visitante".
Protagonizada por Julio Chávez, la película se rodará en Buenos Aires a partir del 7 de septiembre próximo. El elenco se completa con Valentina Bassi, Elsa Berenguer y Rolly Serrano, entre otros actores aún no confirmados. El estreno local está previsto para fines de marzo o comienzos de abril del próximo año, porque el director quiere probar suerte antes en el Festival de Berlín y en el del Sundance Institute, fundado por Robert Redford.
Basada en un argumento de Axel Nacher y Fernando Schmidt, con libro cinematográfico de José Pablo Feinmann y Javier Olivera, "El visitante" narra una historia de amor, locura y muerte. Pedro (Julio Chávez)tiene 38 años, maneja un taxi y es un ex combatiente de la Guerra de las Malvinas, donde perdió una mano y a su amigo y compañero de trinchera, Raúl. Puesto a lidiar con la culpa por no haber cubierto a su amigo en un ataque, Pedro camina con dificultad por la cornisa de la cordura. En ese marco, un día cree advertir la presencia de Raúl. Está como entonces: sigue teniendo dieciocho años y el mismo traje de fajina. Viene buscando un extraño pacto:dice que ha muerto virgen y le pide a Pedro que le preste su cuerpo para poder hacer el amor con una mujer.
Javier Olivera y Julio Chávez quieren poner la obra a salvo de las falsas expectativas. "Es un material complejo y peligroso, porque vamos a intentar contar algo serio y lo serio siempre implica la tentación de ponerse solemne, mentiroso o demagógico, y ésa no es nuestra intención. Queremos contar un cuentito y que a partir de él, cada espectador pueda pensar por sí mismo", explica Chávez. "No queremos que la película esté plagada de opiniones porque para eso es mejor hacer un documental o tomar un libro de los ex combatientes y repartirlo en la puerta del cine -agrega-. Partimos de la guerra de las Malvinas como una circunstancias nacional, pero narramos la historia de una vida personal. Nuestra propuesta no es la de reflexionar hondamente sobre el conflicto bélico desde el punto de vista político, sino contar un cuento".
Javier Olivera coincide con Chávez:"Vamos a contar una historia de un ex combatiente, pero esto no es ni pretende ser el manifiesto del ex combatiente. Hay una realidad social que es la de los chicos que pelearon en Malvinas. Si con un arma de comunicación como es el cine, puedo aportar algo, me parece importante. Pero, nuestra atención se concentra en crear un universo y contar una historia potente".
De actores y guionistas
Ganador del Premio Martín Fierro por su actuación en "Archivo negro", Julio Chávez dice que el hecho de filmar con la misma productora y con gran parte del equipo técnico de aquella miniserie, fue uno de los argumentos de peso para aceptar el protagónico de "El visitante", ya que tiene fama de ser un actor muy selectivo en lo que respecta a proyectos laborales.
En "El visitante" su tarea no se limita a interpretar a Pedro. Cuando la historia era apenas un embrión, Chávez trabajó a cuatro manos con el director para armar una estructura de guión que después desarrolló José Pablo Feinmann. "Esa actividad no me es ajena y creo que no debería serlo para ningún actor -sostiene Chávez-. El poder pensar acerca de la estructura de un material es parte de nuestro oficio. Esa capacidad nos sirve, entre otras cosas, para poder advertir las virtudes y las fallas del material que se nos ofrece, más allá del papel que a nosotros nos toque interpretar." En su entusiasmo por la totalidad del producto, el actor no pierde de vista sus responsabilidades parciales. "En el momento de actuar-cuenta- tenés que olvidarte del mundo de la literatura con el que trabajaste en el guión, y dedicarte a materializar tu personaje. Para mí ahora ha llegado el momento de alejarme de la totalidad del guión. Debo abandonar la preocupación por todo el menú para concentrarme en tener a punto mi propio plato".
Beber de las fuentes
A los 29 años, Javier Olivera explica que su recuerdo de la guerra de las Malvinas "es lo que se veía por televisión". "Yo fui uno de los tantos que les escribían cartitas a los soldados", cuenta. Puesto a encarar el guión de "El visitante"-que en un comienzo había sido pensada como una miniserie para TV, pero que fue ajustada hasta adaptarse al formato cinematográfico-, conversó largamente con algunos de los soldados que "fueron a la guerra, volvieron, y hasta hoy viven en un estado de olvido y abandono".
Chávez, por su parte, está recabando información de un grupo de psiquiatras a fin de componer a Pedro de un modo creíble. Dado su reconocido talento actoral, cualquiera hubiera dicho que a Chávez le alcanza con su técnica para meterse en el pellejo de las criaturas de ficción. "No, no tengo ese talento-refuta-. Hay seres que lo tienen. Pero creo que aun en esos casos, para componer un personaje siempre se parte de un modelo. Da lo mismo si ese modelo te lo procuraste vos o si te lo dictó el Espíritu Santo. Lo cierto es que si no existe el modelo no sabés de qué estás hablando. Siempre les digo a mis alumnos de teatro que si les toca hacer un carpintero en escena, deben pensar que en la platea puede haber un carpintero capaz de levantarse y decir:"Ese no es el modo en que se clava un clavo".
Javier Olivera llega a su primer largometraje tras haber estudiado cine y televisión en la Universidad de California. Pero sospecha que nunca se hubiera atrevido a afrontar su opera prima cinematográfica si en 1997 no hubiera codirigido "Laura y Zoe", con Cecilia Roth y Susú Pecoraro.
"La TV -explica- es un excelente entrenamiento para futuros cineasta porque obliga a hacer una película en cada programa y con un plazo que nunca supera los tres días-sostiene-. Ese ritmo de trabajo te acelera la mente y te obliga a funcionar de un modo muy operativo para trasladar rápidamente el mundo de las ideas y del texto a la realidad de la actuación y las imágenes. Pero, al mismo tiempo, siento que dirigir cine es como ir hacia un estrato más alto. No desvalorizo a la televisión, pero el cine es la Meca. En un set de TV no hay magia. En un set de cine, la magia es la savia que alimenta el trabajo de todos".



