
Entre el bolero y el tango
Riolobos: el cantante mendocino se convirtió en el mejor representante del canto melódico con aires tangueros.
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No olvidaré jamás la madrugada de l989 junto a Daniel Riolobos, en el restaurante Los Teatros, de Talcahuano y Corrientes, evocando pasajes de su larga trayectoria artística.
Un rato antes nos lo había presentado Virgilio Expósito, por entonces pianista de aquella casa junto a Héctor Stamponi. La charla, rica y extensa, fue abarcativa de sus logros obtenidos en México, Estados Unidos, Venezuela y Cuba, en l957, a la que llegó igual que Pedro Vargas, Jorge Negrete o Toña la Negra.
Hablamos también de tango y de su LP con Astor Piazzolla, no concluido, ya que tan sólo grabó "Uno" y "Garúa", en l964, verdaderas rarezas discográficas, a los que se añadieron después "Nostalgias", "El día que me quieras", "La pastora", con la orquesta de Víctor Buchino, o "Chau no va mas", "Volver" o "Cuando tú no estás", con otros grupos.
Personaje singular, de sensibles decibeles, nacido en l932 en Godoy Cruz, Daniel comenzó a despuntar el vicio en una radio lugareña a la par de su vocación futbolística.
Promediando la década del 50, Riolobos llegó a Buenos Aires en singulares circunstancias para los boleristas: sus grandes exponentes, Gregorio Barrios, Fernando Torres, Fernando Albuerne y otros, no actuaban aquí y la demanda del género era escasa.
Por aquel entonces, Roberto Inglez, pianista del Savoy Hotel, de Londres, conducía una orquesta de ritmos latinoamericanos muy popular, y contaba entre sus miembros a Lucho Gatica. Debía iniciar una gira continental e Inglez incorporó a Daniel en reemplazo del chileno.
La marca cubana
En el marco de esa tournée, Riolobos llegó a Cuba en l957, tiempos en que era un centro artístico de enorme gravitación.Y deseo detenerme en el paso de Daniel por la isla porque incidirá decisivamente en su modo de decir la canción, a la manera de un Frank Sinatra latino.
Por esos años nacía, inspirado por el "negro" José Antonio Méndez, autor de "La gloria eres tú" o "Por nuestra cobardía", un estilo que dio en llamarse "feeling", suerte de fusión del bolero con aires de jazz y que hacía privar los sentimientos por sobre la meticulosidad en la interpretación.
Rolando Rivero, célebre bongocero cubano, me recordaba lo que allí acontecía: argentinos tangueros -Hugo del Carril, Raúl Iriarte, Agustín Irusta- se habían impuesto promoviendo continuadores, tal como Manolo Fernández, y excelentes autores, por caso Roberto Lambertucci, colaboraban musicalmente con caribeños como Fernando Mulens, pianista de Pedro Vargas.
Mulens, con su orquesta gigante de jazz de cuerdas y su sexteto, le brindó la gran posibilidad a Riolobos de grabar su primer LP, con temas como "Vete de mí", de los Expósito, o "Vida" y "Lágrimas de novia", de Lambertucci, circunstancia no resaltada en sus biografías, y que fue su carta de presentación luego en México, donde trascendió hasta obtener el premio "Azteca", máxima distinción que ese país otorga a sus artistas.
Armando Manzanero fue pianista exclusivo de Daniel durante 5 años, el que a posteriori intervino en el Segundo Festival de la Canción de Buenos Aires, triunfando con el tema de Eladia Blázquez "No es un juego el amor" y, en 1979, en el festival OTI, con "Cuenta conmigo", de Raúl Parentella y Chico Novarro, también tanguero.
Osvaldo Fresedo, cuando su arreglador era Roberto Pansera, brindó marco orquestal a Riolobos en los "Diez mandamientos", música de "el pibe de la Paternal" y versos de Lambertucci, que marca un jalón importantísimo en el fértil itinerario de Daniel, que a su vez compartió cartel con el polaco Goyeneche y con Hugo Marcel, en otras oportunidades.
De ahí que los vasos comunicantes que unen desde siempre a los melódicos con el tango dieran pie a "Bolero", de Lipesker y Yiso, grabado por Osvaldo Pugliese con Roberto Chanel, o Hugo del Carril actuando en la emisora CMQ de La Habana, en 1941, y grabando boleros como "Ave sin vuelo", e incluso Charlo colaborador musical del letrista Homero Manzi en "Llámame", de idéntico género.





