Entre la red y la barra
Un día en la vida de... Hugo Conte
1 minuto de lectura'
Se fue del país a los 18 años, consiguió fama y prestigio, formó una familia, pero un día decidió volver. Hugo Conte, uno de los mejores jugadores de voley de la historia, regresó hace cuatro años simplemente por amor.
“Extrañaba. Viví 15 años maravillosos en Italia, pero me faltaban los afectos. Me preocupé el día en que mis hijos empezaron a adoptar abuelos y tíos. Les decían zio al entrenador y nono a los abuelos de los amiguitos. Además, cuando veníamos de visita, la partida era un drama. Lógico, por más que allá teníamos amigos de oro y una vida más que agradable, acá eran el centro absoluto. En Europa no es así. Los chicos son amorosos hasta que empiezan a molestar. En cambio acá estaba todo el mundo detrás de ellos. ¡Cómo no querer quedarse!”
Dice que regresó al país con muchas esperanzas y ganas de hacer cosas. “Más allá del deporte, estaba entusiasmado con la situación que, se suponía, se vivía en la Argentina. Era otra vez la nación poderosa, en vías de desarrollo... En Italia estaban convencidos de eso y yo de alguna forma lo creí. Ni por casualidad imaginaba lo que iba a venir. El año último, más allá de las satisfacciones que me dio el deporte, fue muy duro. Me replanteé si valía la pena quedarme, si no me equivoqué mudando otra vez a la familia. Tengo tres hijos chicos y la inseguridad me preocupa. Pero, bueno, esperaré hasta después de las elecciones. Si veo que hay una pequeña lucecita de esperanza no lo dudo, me quedo. Ojalá se dé, siento que la gente está muy cansada y quiere un cambio profundo.”
Conte vive en la zona norte, con sus tres chicos (Facundo, Camila y Manuela), su mujer, Sonia Escher, y una perra simpática a la que bautizaron Lola. “Somos muy madrugadores. Los chicos, por el colegio, y yo, porque no quiero perderme verlos crecer. Así que a las 6.30 estamos todos arriba. Después viene el desayuno, los mimos, los preparativos. Cuando termino, me voy a entrenar al Cenard. Al mediodía vuelvo a casa para el almuerzo y a la tarde de nuevo entrenamiento. En el medio voy al gimnasio, pero al final de la tarde me dedico a hacer algún plan con mis hijos. Ellos también aman el deporte, así que nos divertimos mucho.”
De Italia le quedó un grupo de amigos entrañables y algunas mañas que tienen que ver con el buen comer. “Me gusta la buena pasta, al dente, y un rico vino. Viviendo en Parma, Módena, Milán, Catania, resulta imposible no enamorarse de ciertos productos. Cuando llegamos era fácil conseguir la pasta, el queso, el aceto balsámico. Ahora es distinto, estamos aprendiendo a cocinar con productos nacionales; también hay muy buenos.”
Tentado de risa, cuenta que su mujer lo considera un buen marido hasta que se inspira y decide hacer ensaladas. “No sé lo que me pasa, pero me entusiasmo, uso tantos ingredientes que termino haciendo un enchastre y, según ella, incomible. Pero me reivindico con los asados. ¿Si los extrañé en Italia? No, está mal contarlo porque no está permitido, pero la verdad es que me llevaba 20 kilos de carne congelados, escondidos en un bolso. Así tenía para todo el año. Cada vez que decidíamos sacar una tirita era una fiesta, un verdadero placer. Y ni locos invitábamos a nadie...”
Acá, le encanta salir a comer con su mujer y se dio el gusto de abrir un bar en la calle Báez, de Las Cañitas (Voodoo). Son varios socios y se enganchó porque es un rubro que le gusta. De todas formas, su idea es seguir ligado al deporte. Tiene varios proyectos relacionados con la representación de jugadores, eventos y otros emprendimientos. “Veremos qué pasa. En Europa cuento con varias propuestas interesantes, pero ojalá encuentre en mi país la oportunidad de quedarme. Yo tengo mucho para dar.”
Flavia Fernández
Conte exprés
Ilusiones: “En Italia me cansé de escuchar que la Argentina, en un par de años, sería como España. Por eso, hoy allá están desconcertados. Ven las imágenes de chicos desnutridos y no lo pueden creer. Además, tengo amigos italianos, indignados, que han quedado en el corralito”.
Característica: “Estando afuera me di cuenta de muchas cosas. Por ejemplo que no sabemos trabajar en grupo y programar a futuro. Por lo general, se vive el hoy. Y yo me acostumbré a lo otro”.
Políticos: “Hay gente que dice cada cosa, yo no sé cómo no se le cae la cara. Pero no importa, creo que el pueblo aprendió y no va a comprar cualquier buzón. Quiero creer que todo es cíclico, que vamos a salir fortificados de esta crisis”.
Gusto: “Después de tantos años afuera y a un paso de los 40, volver a jugar un Mundial en la Argentina fue un sueño. Estoy hecho”.
Intimidad: “Con mi esposa, que también ha sido jugadora de voley profesional, hemos logrado que los chicos se vayan a la cama, como máximo, a las 22. Después nos dedicamos a hablar, mirar una película, hacer un plan, disfrutarnos”.
Chicos de allá y de acá
La mayoría de sus amigos italianos tienen un solo un hijo. Conte opina: “El gran drama de Italia y de otros países de Europa es ése: la gente no quiere tener hijos y, si los tiene, ni locos se enganchan con más de uno. En consecuencia, chicos grandes, aburridos, temerosos, criados por los abuelos porque los padres trabajan todo el día. Soy de los que piensan que los pibes tienen que estar en contacto con pibes, con gente joven. Si no, parecen viejos”.





