Film de Coppola en DVD
Por ahora, sólo en los EE.UU.
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(The New York Times).- Cuando "La conversación", de Francis Ford Coppola, se estrenó en 1974, tuvo la buena suerte de coincidir con el escándalo de Watergate. Pero era más que eso: esta película de misterio, en la que Gene Hackman encarnaba a un experto en tecnología dedicado a vigilancia, captaba la soledad, la paranoia y la alienación típicas de la época. Incluso logró hacerse con una nominación al Oscar de la Academia, en el rubro mejor película, premio que perdió a favor de la aún más legendaria película de Coppola, "El padrino 2".
Ahora que "La conversación" está disponible en DVD, en los Estados Unidos, el film no sólo se ve mejor que nunca, sino que tiene absoluta actualidad, gracias a que pone el acento en dos temas de hoy: la tecnología y la privacidad. Para Coppola, "La conversación" sigue siendo su mejor y más personal film: "Pude escribir una historia original y hacer un film que representaba una dirección personal que deseaba darle a mi carrera", dijo recientemente el realizador.
Hoy, con la conciencia que tenemos de la intrusión de la tecnología en nuestra vida cotidiana, "La conversación" señala el precio humano que pagamos por pasarnos tanto tiempo solos con nuestra imaginación.
El personaje de Harry Caul interpretado por Hackman está tan inmerso en su trabajo, y tan asustado de la vida, que trata de mantenerse anónimo. El único interés que siente por el mundo exterior es el desafío técnico que implica invadir la vida privada de otros. Su único solaz es tocar el saxofón mientras escucha discos de jazz.
Sin embargo, al grabar una conversación entre dos amantes ilícitos (Frederic Forrest y Cindy Williams), y escucharla una y otra vez, Caul no puede evitar involucrarse, ya que supone que ambos son el blanco de una conspiración criminal.
Al igual que esas otras dos obras maestras del voyeurismo que son "La ventana indiscreta", de Alfred Hitchcock, y "Blow-up", de Michelangelo Antonioni, "La conversación" nace de la obsesión del cineasta por el control absoluto.
Hay en la película dos secuencias extraordinarias. En el comienzo, Caul y su asistente graban la conversación en una calle atestada del centro de San Francisco, durante la hora del almuerzo. Con el micrófono apuntado a la pareja como si fuera un rifle con mira telescópica, en un principio creemos estar viendo un intento de asesinato. Pero en cambio estamos viendo una escena de vigilancia y seguimiento, hecha con un grado de realismo documental que recuerda al principio de "Sed de mal" (es muy apropiado que el editor y sonidista de "La conversación", Walter Murch, sea el haya reconstruido el film de Orson Welles).
En su estudio, Caul trata de interpretar lo que ha grabado. Escucha fragmentos de la conversación filtrando el ruido de fondo hasta que finalmente puede escuchar la conclusión. A pesar de que insiste en que nada de eso tiene que ver con él, Caul se excita cuando escucha algo verdaderamente peligroso.
Hay que dar a Coppola y a Murch todo el crédito por esta escena. Nunca veremos un ejemplo más instructivo de el papel que desempeña el sonido, rivalizando con la imagen, para revelar sentido y verdad de una manera sorprendente.
Y, además, nunca podemos estar verdaderamente seguros de nada, ya que la percepción es siempre subjetiva. En esa incertidumbre radica la mayor belleza de "La conversación".





