Francisco Pesqueira: "Un minion bailando tarantela no es decir «estoy contento»"

El intérprete, que está en dos obras teatrales, juntó a más de 40 artistas en un libro-disco combina la poesía con la canción popular
Malva Marani
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2 de marzo de 2017  

Francisco Pesqueira
Francisco Pesqueira Crédito: Daniel Jayo

Francisco Pesqueira ha hecho de todo y con todos: actuar, cantar, recitar, escribir. Incluso a fines del año pasado se dio el lujo de publicar Dame la mano , un libro con poemas de su autoría junto con un CD doble donde homenajea a grandes poetas hispanos de todos los tiempos acompañado de grandes artistas de estos tiempos y de muchas artes. Allí, Pesqueira eternizó sociedades entre Federico García Lorca y Norma Aleandro o Mario Benedetti y Miguel Ángel Solá, además de rendirles tributo con su palabra a creadores como Eduardo Galeano, Víctor Jara y Amado Nervo. Y sin embargo a la primera poeta que nombrará en esta entrevista es a su hermana Mercedes, que falleció hace cinco años y a quien Pesqueira dedicó una de sus primeras poesías, a los 15, al prologar un libro de poemas de ella. Y por esas cosas de la vida "Mecha" también tuvo su lugar en esta hermosa obra. "Una vez, en plena dictadura, mi hermana me mandó a comprar un disco en el que Víctor Heredia cantaba los poemas de Pablo Neruda. Ahí descubrí a este inmenso poeta, desde esa música. Por eso, cuando Víctor grabó conmigo «Viejo ciego», de Neruda, para incluirlo en el disco, fue un guiño muy profundo del destino", recuerda Pesqueira.

-¿Cuándo apareció la poesía en tu vida?

Siempre estuvo. Vengo de una familia en la que el teatro estaba muy presente. Me crié yendo a ver recitales de la española Nati Mistral haciendo poemas y canciones de Rafael de León. Mis viejos son gallegos y en esa cultura española encontré mucho amor por la palabra y por el teatro. La poesía, de algún modo, era patrimonio de mi hermana. En mí estaba el sueño de ser actor y más lejano el de ser cantante, pero con mi poesía era muy enjuiciador, la rompía y no la guardaba. Así y todo, era un gran exorcismo para mí.

-Describís Dame la mano como un homenaje a la palabra, y justamente su contexto es una era donde la palabra pareciera haber perdido un poco su valor, ¿lo ves así?

Creemos que no hay tiempo y pensamos que un minion bailando la tarantela reemplaza decir "estoy contento". No quiero ser categórico, pero me ha pasado regalar este trabajo, que es un libro más disco doble, y que sólo me contestaran con un emoticón. A las palabras siempre hay que responderles con palabras. Y este trabajo tuvo sobre todo eso: todo el mundo respondió con la palabra y el corazón, para decir, para cantar o ejecutar un instrumento. Todo fue desde el mejor decir, desde las palabras que usé para convocar a cada uno hasta sus respuestas cariñosas y respetuosas. Fue un proyecto titánico, pero me acompañaron tanto que nunca lo viví así.

-¿Cómo surgió esa idea de convocar tantas voces?

-Originalmente estuvieron Víctor Heredia y Sandra Luna, a quienes admiro muchísimo. Después se me ocurrió que mis poemas fueran dichos y la primera figura que convoqué fue Norma Aleandro, que me dijo que si le gustaba el poema, grababa. Cuando aceptó, fue en sí mismo un abrazo. De tanta generosidad, un día nos pasamos con una canción y terminamos apostando por el disco doble, porque en un trabajo donde tantos pusieron su corazón de onda nadie podía quedar excluido.

-¿Por qué lo titulaste así?

Se llama Dame la mano por el poema de Gabriela Mistral, que siempre me gustó mucho. También un poco por "Canción de caminantes", de María Elena Walsh, que está en uno de los discos. Pero además se llama así porque todo es con un otro, nada es solo. Y a su vez hay algo más, de cuando yo era chico y no me podía dormir. Me acuerdo de que le decía a mi hermano mayor, Ramón, que les tenía miedo a la oscuridad y al colegio. Él me agarraba de la mano y así, tomado de la suya, yo sí me dormía. El miedo se atraviesa de la mano de otro: cuando sos niño, para aprender a caminar y cuando sos viejo, para que te ayuden a avanzar. Este proyecto también me daba miedo y todo el mundo me dio una mano para volverlo posible.

-¿Qué te dieron estos poetas para que quisieras hacerles este homenaje?

Los primeros poemas que mostré fueron los que les escribí a ellos, después de leerlos mucho y haber investigado quiénes habían sido, por qué escribieron y desde qué lugar. Me conmueve mucho la historia de cada una de estas figuras, muchas de ellas con algo trágico, pero que a la vez perduran en sus palabras. Existe cierto hábito en la humanidad de escaparles a ciertas cosas "tristes", pero yo creo que hay que ir a buscarlas. Y aseguro que no hacen mal: enaltecen el espíritu. Hay que ir a buscar el Lorca, el Hernández... porque ahí hay un tesoro nutritivo. A esas historias y a ese encanto de la palabra y del decir les quise rendir tributo.

-Entre tantos poetas, ¿ Dame la mano también te reencontró con tu hermana?

-Sí, creo que sí. Fue algo muy vivencial que hizo que me reencontrara con ella, con lo mejor de ella. Todo el tiempo nos encontramos con aquellos que ya no están. Nunca estuvo más vivo García Lorca que ahora, que lo cantamos todo el tiempo.

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