Frederick Delius y los placeres de la buena vida
Para los amantes de las taxonomías claras y precisas, Frederick Delius es un compositor problemático, casi una molestia. Nació en Bradford, en el norte de Inglaterra, en 1862. Paseandero y poco apegado a su país natal, vivió (y se formó) en muchos y muy diferentes lugares. Muy joven, se radicó en Florida, donde se ocupó de las plantaciones citrícolas que su familia tenía en Estados Unidos. Después de varias idas y venidas cruzando el Atlántico, se afincó en París. A lo largo de todo ese tiempo, compuso obras en un estilo muy personal y no atenido a ninguna escuela o movimiento en especial. Sobre una base tonal y una propuesta musical muy ecléctica y original, en sus obras pueden aflorar cromatismos wagnerianos, armonías y orquestaciones que derivan del impresionismo debussyano o texturas sólidas y de gran expresividad que lo vinculan con el romanticismo tardío de Mahler o Richard Strauss. Pero esa originalidad discursiva se extiende también a sus modos de pensar y de concebir la música y la vida. En Delius as I knew him, el libro que Eric Fenby publicó en 1936, el compositor se establece en las antípodas de ese ideal del artista romántico sufrido que sólo puede alcanzar la plenitud desde un dolor íntimo e imprescindible. Si bien el libro está centrado, fundamentalmente, en sus pensamientos referidos a la composición y la creación musicales, Delius también habla de sus maneras de entender y concebir la vida y de sus objetivos: "He visto lo mejor de la tierra y he hecho todo lo que merecía la pena hacerse". Pero va más allá y, un tanto enamorado de sí mismo, afirma: "Siempre y cuando pueda disfrutar del sabor de la buena comida, saborear la buena bebida y oír el sonido de mi música, desearé estar vivo".





