
Gasalla y Perciavalle: la rutina en punta
"Gasalla-Perciavalle 99", con Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle. Sonido: Víctor Lampariello y Javier Bulba. Vestuario: María Fernanda Cadenas. Autores y dirección artística: Gasalla y Perciavalle. Duración: 90 minutos. En el Teatro Laguna de Perciavalle. Nuestra opinión: regular.
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PUNTA DEL ESTE.- Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle son una verdadera fórmula de éxito. Las más de 800 personas que pagaron los 30 dólares para estar en la tarde del estreno o la cantidad de reservas para las primeras funciones son claros signos de la convocatoria que poseen.
La temporada última se produjo el primer reencuentro de estas dos bestias del humor después de 25 años de estar peleados, de tirarse dardos y -como tiro por elevación- de convertirse en figuras míticas del escenario, en leyenda. Y para generar más tensión al asunto, en las promociones televisivas esteñas aparecen diciendo "vengan pronto a vernos antes de pelearnos de nuevo".
El lugar donde se ofrece este espectáculo también tiene lo suyo: el bellísimo jardín de la casa de Perciavalle, ubicado frente a la Laguna del Sauce, a 18 km de Punta del Este. Allí está el escenario, cuyo "telón de fondo" es la puesta de sol.
El que recibe a los espectadores es el mismo Perciavalle y quien controla la entrada es el hermano de Gasalla, quien tiene un fuerte parecido físico a su familiar famoso. Todo eso da una especie de espontaneidad que el público agradece. Por otra parte, estar en la casa de un famoso, aunque sea en el jardín, aporta lo suyo. Al llegar, el público puede tomar una copita de vino o un jugo en medio de ese paisaje onírico. En fin, todo muy cuidado, muy Punta, muy paquete (palabra con el sello Perciavalle).
Durante el show, uno y otro desempolvan sus fichas ganadoras: los personajes de Mamá Cora y de la inválida, en el caso de Gasalla; o las charlas telefónicas, en el caso de Perciavalle. El espectáculo incluye una serie de cuentos al mejor estilo de "El show del chiste" del programa de Susana Giménez, sobre quien cae la mayor cantidad de comentarios agudos.
"Este es el último año menemista, por eso queremos volver a hacer cosas cultas", dice Perciavalle para dar el pie a una escena de teatro que cuenta con la participación de seis voluntarios. El espectáculo concluye con otro fragmento teatral: la famosa escena del balcón de "Romeo y Julieta", del mismísimo Shakespeare. Y lo hacen sin cambiar el texto original, con un Gasalla haciendo de Julieta y Perciavalle poniendo voz fuerte.
Talento y desprolijidades
A lo largo de la hora y media que dura el show aparece el talento de estos dos personajes transgresores que mamaron la escuela del café concert. Y hay marcas de aquellos dorados setenta que aparecen aún hoy: el fino dominio de la situación, del imprevisto, de lo que pueden generar con el público.
Sobran ejemplos: en la primera función Perciavalle pierde su hoja de ruta y queda sin rumbo. Entonces aprovecha la presencia de un velero que se acerca al escenario y propone a la platea:"Chicos, saluden a los del barco mientras busco los papeles". Y el público cumple la consigna, se para y festeja el oportunismo del hombre de cabello amarillo furioso. Sin embargo, hay algo que huele a desprolijidad en todo este proyecto. Como ya fue apuntado, Perciavalle aparece con un papel en mano que oficia de ayuda memoria y hasta debe leer algunos de los chistes.En la primera función, el montaje estuvo plagado de problemas de sonido (acoples varios) y las veces que el mismo dueño de casa pidió la luz de un seguidor, nunca llegó.
Más allá de las deficiencias técnicas, el espectáculo no aporta demasiadas cosas nuevas. Chistes, dos escenas teatrales y los personajes conocidos gracias a la televisión. No hay riesgo y falta rigor (no talento, que quede muy en claro).
Si bien Gasalla ha dado sobradas muestras de su obsesión puesta al servicio de sus ciclos de TV, ese mismo nivel de autoexigencia no aparece en esta oportunidad. Sí lleva la voz cantante, da los pies precisos, acota cuando se produce un vacío y casi oficia de director del montaje. Es más, bromeando, Percivalle le da esa responsabilidad: "Antonio no me deja cantar, yo, que siempre quise ser una mezcla de Fred Astaire y Frank Sinatra", dice muerto de risa. Y la risa se expande, gana sus sólidos cómplices a lo largo de todo el espectáculo. Sin embargo, algo huele a un trabajo hecho a las apuradas. Da la sensación de que los espectadores se ponen sus mejores pilchas, pagan los 30 dólares y los casi 60 por el taxi (no asustarse, es ida y vuelta) pero los anfitriones de la fiesta dejaron sus mejores vestimentas en Buenos Aires.
Historias de una tarde paqueta
PUNTADEL ESTE.- Sábado 3 de enero. Día de estreno del show de Carlos Perciavalle y Antonio Gasalla. Tarde paqueta en un lugar paradisíaco: el parque de Carlos Perciavalle que da a la laguna. Allí está montado el tablado. "¡Solange! ¿Para dónde vas? Allá no hay nada", dice una señora tostadísima viendo caminar a su amiga hacia la costa. "No Vicky, el teatro está allí", responde su compañera en voz baja tratando de evitar todo papelón y acomodarle la situación a su amiga. Por lo bajo acota: "¿No te conté que era al aire libre?".
Los invitados van llegando en coches muy.... Punta. Ricardo Darín y Alan Faena estacionan sus respectivas 4 x 4 y responden a los periodistas. El público, luego de sacar las entradas (en dólares, pesos uruguayos, argentinos o tarjetas de crédito), es recibido por Perciavalle, dueño de casa, en el quincho, y los invita a una copa de vino o de jugo. De allí, como las entradas no son numeradas, la gente parte rauda hace la silla más próxima al escenario.
El estreno se retrasa una hora y surgen comentarios de todo tipo. Un actor aprovecha para hacer propaganda de un CD que acaba de grabar con poemas y se lo entrega a Tita Tamames. Sin embargo, en términos comparativos, su presencia pasa inadvertida frente a la llegada de Alejandra Pradón, compañera de Gasalla en la televisión.
Apenas la mentalista Blanca Curi la ve, parte de su primera fila al centro -pisando a varios- para salir a su encuentro (¿o al de los fotógrafos?). A un costado se abrazan estas dos figuras verdaderamente voluptuosas: una por sus curvas cóncavas y, la otra, por sus líneas convexas. Curi, que declaró haber bajado más de 50 kilos, no deja de mascar chicle durante toda la función mostrando hasta las muelas del juicio. En fin, poco paquete.
Pradón, en realidad su figura, sirve para matizar la espera. Un joven, respuesto de tanta lujuria, comienza a batir palmas en señal de impaciencia. "¿Qué aplaude?", le consulta una señora también tostada. "No señora, así se hace en la cancha cuando el partido no comienza." En tono tablón, un cuarentón inventa su propio cantito: "Ameniza la reunión, la señora Pradón". Entonces aparece Perciavalle pidiendo un poco más de paciencia: "Sean un público divino", solicita a la enorme audiencia.
Después de una hora, cuando el lago ya no llama la atención, aparece el dueño de casa vestido como si fuera la Estatua de la Libertad. "No, tontos. Soy la mujer de la Columbia Pictures. Hollywood me hace acordar a Punta: todo es tan lindo, tan cuidado, tan estético". Comienza el show frente una público estético en un lugar bucólico.
El resto ya es otra historia. Pero valen dos consejos: es prudente llevarse una lanita o algo similar, porque cuando el rocío baja, la piel tostada corre el riesgo de adquirir una forma cercana a la piel de gallina. Va la segunda medida preventiva:no está nada mal llevarse un repelente. Así todo tendrá un fluir tan bucólico como el paisaje mismo.
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