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Sólo un músico del calibre de Hugo Fattoruso podía concebir un formato como Rey Tambor: piano y voz (la suya) –a la que a veces añade algún sinte y acordeón–, más una cuerda de candombe, es decir, tambores chico, repique y piano. Hace falta destreza técnica, swing, sentimiento y un profundo conocimiento del candombe para lograrlo. Pero todo eso le sobra al gran Hugo, que en el tercer álbum de Rey Tambor interpreta temas propios y ajenos, cantados e instrumentales, con la solvencia de los maestros, esa que hace parecer sencillo lo complejo. Comienza homenajeando a Eduardo Mateo y Rubén Rada, con las memorables "Nombre de bienes" y "Solo he de quedar"; en la propia "Había una vez" y "Hermano te estoy hablando", de Jaime Roos –en versión instrumental–, muestra su gusto para ubicar las notas en los espacios justos entre los "piques" de la percusión. Fattoruso también evoca a Milton, a Gershwin, a uno de sus grandes grupos, Opa, con "Golden Wings" –en la que su sintetizador suena como una viola distorsionada–, y cierra con una grabación de la Cuerda de Ansina, portadores del más puro candombe uruguayo.






