
Inteligencia y fina ironía
Había comenzado su carrera entre las destrezas del circo, como Pepe Biondi. Presentaba sus chistes y vestido de smoking y con un habano entre sus dedos, a semejanza de Tato Bores. Como ellos, alcanzó la cima de la popularidad, el reconocimiento y el aplauso gracias a la pantalla chica. Junto a ellos, desde ayer, Juan Verdaguer ya integra desde el recuerdo la mejor historia del humor televisivo, el que celebra el ingenio, apela a la inteligencia y rechaza la ordinariez. Tal vez porque elegía hacer reír sin apuros ni ampulosidades, porque recurría a la mesura y a la sutileza como materias primas, porque prefería la sonrisa espontánea a la carcajada ruidosa y porque tomaba rotunda distancia de las modas (los que, a falta de inspiración mejor, se limitan a coleccionar chistes vulgares y los que "festejan" las burlas hechas a costa de otras personas) su figura había dejado de aparecer en los últimos 15 años en un medio que, sobre todo en los años 60 y 70 había celebrado largamente su talento.
Es que el humor televisivo de hoy no parece en condiciones de soportar una fórmula de cepa tan noble como la que proponía Verdaguer, basada en frases intencionadas, oportunísimos silencios, picardía bien entendida y ese inconfundible timing del que se valía para armar climas y construir una red de complicidades con el público.
* * *
Dueño de un humor rico en palabras, pero también respaldado en ese rostro anguloso e imperturbable (reflejo de un estilo que unía a Keaton, Jacques Tati y Bob Hope) del que apenas asomaba una muestra de satisfacción, Verdaguer se lució por largas temporadas en los "Sábados Circulares" de Nicolás Mancera o con aquellos programas especiales tan esperados (apenas un par por año) que hacía entre gira y gira.
En los últimos meses, las únicas pantallas en las que Verdaguer aparecía con alguna frecuencia eran las del sistema televisivo de la red de subterráneos. Era casi una paradoja que los relatos de quien hizo todo un culto del uso de los silencios tuvieran que seguirse allí con subtítulos, debido al ruido del ambiente. Pero esas apariciones, al menos, sirvieron para prolongar en el tiempo la vigencia de quien, por fortuna, supo ser rescatado hace unos años en las medianoches de "Duro de acostar". Allí, con un títere en forma de guante, el gato de Verdaguer era una de las mejores fórmulas para hacer humor utilizadas por Roberto Pettinato, uno de las pocas figuras de la TV de hoy que supo revindicar, al menos en ese ciclo, esa caballeresca y depurada manera de hacer reír.
Y si hoy cuesta tanto provocar una sonrisa en TV es porque pocos tienen en cuenta la dignidad hacia su arte y hacia el público del señor del humorismo. Con todas las letras.







