
Jairo está de vuelta y todavía sorprende
"Jairo, la voz de todos", recitales junto a Guillermo Cardozo Ocampo (teclados), Daniel Ferrón (bajo y coros), Gustavo Horche (batería), Yaco González (percusión y coros) y Osvaldo Figueras (guitarras, coros y dirección musical). Cuarteto de cuerdas: Mariana Cañardo y Miguel Enrique Condomí (violines), Reynaldo Pérez Barzaga (viola) y Rafael Delgado (cello). Operador de sonido: Claudio Safe. Luces: Baglietto. Coordinación general: Susana Caldano. En el teatro Coliseo. Nuestra opinión: muy bueno.
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La gloriosa voz de Jairo ha regresado. Ha regresado para fascinar; para halagar el oído como una fiesta.
Saludamos hoy el retorno de la voz masculina argentina más poderosa y eufónica de las últimas décadas, como nos congratulábamos, meses atrás, del regreso de la espléndida voz de Mercedes Sosa tras su penosa enfermedad. Recibimos de nuevo, tras la dura prueba de salud, a una garganta que, como muy pocas, es capaz de trepar otra vez las más altas cimas del canto popular.
Jairo está de vuelta para sorprender con el timbre de su voz, para regalar el arte del matiz, para bordar deliciosos fraseos, para entregarse de lleno -y con verdadera fruición- a todo tipo de canciones.
El repertorio de Jairo es tan ecléctico como puede serlo uno que recorra desde un cuarteto cordobés ("Cuarteto Corasson" -sic-, por donde irrumpe, de pronto, su más liviano ancestro provinciano) hasta la mismísima "Ave María" de Schubert (sin duda la canción más pobre del ilustre romántico vienés del lied).
Todo eclecticismo es un riesgo, un desafío para cantantes ecuménicos comoJairo, en tanto les exige pareja ductilidad para transmitir un expectro tan amplio de estilos.
Eclecticismo y ductilidad articulan en su voz un juego dialéctico de aproximaciones y distanciamientos estilísticos y de las atmósferas poético-musicales. Aproximaciones cuando levanta vuelo con sus privilegiadas cuerdas vocales -es el caso de "Cucurrucucú paloma"-; distanciamientos cuando el universo pop que cultivó por años y el esquivo don histriónico, se le cuelan en tramos que reclaman la mayor cuota de austeridad, como en el tema de Yupanqui "Trabajo, quiero trabajo".
La primera sorpresa que trae este especial reencuentro es comprobar que Jairo está cantando a capella, sentado en el medio del escenario, la "Milonga del trovador", como para demostrar que su voz bellísima y sus pulmones permanecen incólumes tras aquel paso por el quirófano.
La feliz comprobación se extiende a temas como el "Credo", de Mejía Godoy", y "Los peregrinos", que compuso junto a Horacio Ferrer. En ese momento uno descubre que los arreglos son imaginativos y que la propuesta se aproxima con musicalidad y buen gusto al siempre apetecido "sonido acústico".
Otra incursión será la de un cuarteto vocal en la bellísima canción "Nuestro amor será un himno", en un arreglo bastante precario. Por cierto que no faltarán clásicos de su repertorio más reciente, como "Antiguo dueño de las flechas" (más conocido como Indio Toba), que canta como nadie; esa trillada "Ave María", que siempre será el broche en el final, o algunos curiosos temas que con variada suerte compuso junto al poeta cordobés Daniel Salzano.
De antología
Jairo deparará nuevos impactos. Su voz volverá a trepar a la hermosísima "El valle y el volcán", que compuso con María Elena Walsh; estallará sostenida por un pesado andamiaje instrumental en la dolorosa "Duerme negrito"; sonará patética en estos días nefastos de Kosovo con "Sólo le pido a Dios" (en ritmito pop con el que una pareja de descolgados sale a bailar); ensayará, con más impacto que empatía, los difíciles melismas de "La saeta" (de Machado-Serrat); y entregará un bellísimo dúo, junto a su hijo Yaco, del entrañable "Je l´aime a mourir", del recordado Francis Cabrel (que pergeñó otros milagros), y convocará a un cuarteto de cuerdas para construir uno de las atmósferas más intimistas con "La priere", de Brassens-Jammes.
Pero el momento de antología será, sin duda, "Naranjo en flor" (el tango-estrella de estos días) y, sobre todo la memorable interpretación de "Cuesta abajo", la más formidable, después de la de Carlos Gardel. Una increíble unción, una empatía total con el espíritu de los tangos nos devuelven al mejor Jairo, a la voz portentosa de nuestros días.
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