1 minuto de lectura'
Con un nuevo disco de Sabina, las expectativas siempre son muchas, especialmente cuando han pasado cuatro años desde el anterior. Pero el trovador de Ubeda se encarga de satisfacerlas con creces en este Vinagre y rosas, cuyo título, al igual que el de la canción que encabeza el disco, "Tiramisú de limón", habla de combinaciones agridulces, de cosas que andan juntas pero están destinadas a distanciarse. Y ése es el tema central del álbum, el desamor, para el cual se asoció con su amigo el escritor Benjamín Prado, que venía de un desengaño amoroso, y en un viaje a Praga escribieron la mayor parte de los textos. "Aproveché de verlo tan desvalido para robarle la inspiración", confiesa Joaquín sobre las letras (que sin embargo, son 100% Sabina), explicando que su actual felicidad doméstica no es lo más conducente para componer canciones inspiradas. Con la colaboración de sus eternos compinches, los guitarristas Pancho Varona y Antonio García de Diego, y el dúo Pereza en un par de temas (que están entre lo mejor del disco, la mencionada "Tiramisú..." y "Embustera"), el cantante alumbra un álbum melancólico pero esperanzado, repleto de hallazgos líricos. Otros hallazgos son "Crisis", un clásico rock sabinero, "Blues del alambique", y el bonus track "Violetas para Violeta" –cuya primera versión apareció en Cantora, junto a Mercedes Sosa–, en el que Joaquín se apropia la música de "La carta" para ponerle una nueva letra que es a la vez un homenaje a Parra y un recordatorio de los crímenes pinochetistas.






