Julio Chávez: "Me siento un cholulo, le pediría autógrafos a mucha gente"
En una entrevista íntima, el actor habla de todo: "Enseñarle a Graciela Alfano fue un enorme aprendizaje"
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Es la primera vez que Julio Chávez hace temporada de teatro en Mar del Plata. Y debuta con una obra perturbadora: La cabra , de Edward Albee. Se trata de la historia de un arquitecto que, en el punto más alto de su carrera profesional, comienza a tener relaciones sexuales con una cabra. Sí, con una cabra. Y a pesar de que el argumento parezca disparatado, lo que plantea el texto es un debate profundo sobre la tolerancia, entre otros temas. ¿Es ese un problema para plantearse en vacaciones? ¿Es esa una obra para hacer en Mar del Plata? "El teatro es tan hermoso porque te mete en un mundo distinto al tuyo. Entonces, te metés en la sala y ya no estás en Mar del Plata, ya no existe el teatro de Mar del Plata, el teatro es el teatro", dice Julio Chávez, café en mano, sonriente, sereno, reflexivo.
-¿Pensás que no todo el mundo quiere venir a Mar del Plata a ver una revista?
-Tal vez van a ver una revista y va a ver La cabra y las dos son experiencias diferentes. Quizás hoy comés pizza y mañana tal vez comés lomo a la crema. Es lo mismo. Eso me atrajo cuando les propuse a los productores venir acá. Es una plaza a la cual nunca vine.
-¿Ni siquiera a veranear?
-Sí, habré venido un fin de semana.
-Pero no es tu lugar, no sos habitué.
-No, yo no soy habitué de nada.
-¿Y cómo te está resultando la experiencia?
-Fantástica.
Ver a Moria Casán y a Carmen Barbieri en el escenario, para mí es Disneylandia. Es un viaje.
-Acá, cuando sale un actor al escenario aplauden. ¿En Buenos Aires eso pasa?
-Es muy poco común. Pero es atractivo el fenómeno.
-¿Te molesta?
-Mirá, yo me considero una persona con todos los pensamientos que te puedas imaginar de cualquier ser humano, todos juntos. Entonces, si no aplauden, pienso "¿qué pasa que no aplaudieron?" Si aplauden mucho, "¿qué le pasa a mi compañero que me aplauden más a mí que a él?", o si me aplauden menos, "¿qué me pasa?"
-Te volvés loco.
-No. Vos no podés entender lo que pasa en tu cabeza si cerrás los audífonos y no escuchás, porque no sabés lo que pasa adentro tuyo. Entonces, yo tengo los micrófonos abiertos. Porque aunque no los oiga, algo está sucediendo por lo bajo. Prefiero saberlo y convivir con eso.
-¿Siempre fuiste una persona con la cabeza abierta?
-No, yo padezco de enormes prejuicios. Soy una persona muy inhibida.
-¿En serio?
-Sí, claro. Te estoy hablando de mi ser social, de mi rol de Julio. Soy bastante pacato. Pero trabajo con eso, no me alegra. O sea, yo no hago ley de lo que padezco, pero lo padezco. Por ejemplo, yo veo a una pareja besándose de una manera muy fogosa y tengo graves problemas. No aguanto el erotismo en público.
-Y vos tampoco sos de mostrarte así públicamente.
-Me gusta la manifestación física o amorosa que relata que existe en privado una vida física extensa. Es un recordatorio casi. Es como mantener tibia el agua, pero no me gusta mostrar el error en público. Trabajo con eso pero no me es ajena la pacatería o la cerrazón o los prejuicios.
-¿En qué cambió tu vida la muerte de tu madre?
-Hace dos meses que murió y el cambio es tan profundo y tan privado que ni yo me entero. Estoy en un momento de mucha conmoción.
-La mirada de los padres es fuerte, ¿no?
-Sí, por supuesto. A mi padre lo perdí hace muchos años, pero mi madre fue un ser con el cual creé un vínculo muy particular. Estoy anonadado por su muerte y me hago una pregunta casi primaria: "¿Dónde carajo se fue?"

-¿Te refugiás mucho en el trabajo? Tus amigos son todos de tu entorno laboral…
-Sí, los adoro, tengo amigos y amigas hermosos, tengo mucha gente encantadora. No estoy rodeado de gente jodida, pero el encuentro donde me hago las preguntas acerca de la existencia y donde hago la experiencia, mi experiencia de existir, está más en mi trabajo que en lo social.
-Pero tenés vida social.
-Sí, claro que tengo vida social, por supuesto.
-¿Y le dedicás tiempo al ocio?
-Es que el ocio, no sé… No entiendo qué hay que hacer.
-Salir a caminar, mirar vidrieras…
-Pero para mí salir a caminar es mirar el mundo y el mundo me habla.
-Ir a una fiesta, bailar…
-Sí, las fiestas hablan.
-¡Basta, Julio, relajate!
-Es que tal vez soy así porque me relajo, porque yo veo en las fiestas felicidad, infelicidad, logros, no logros, triunfos, belleza, no belleza, interés o no interés, patinar o no patinar, bailar o no bailar, gusto o no gusto, me quieren o no me quieren… Yo miro y digo: "mirá vos, ¿es la fiesta esa?" Más fiesta me estoy haciendo mirando a todos. ¿Cómo voy a salir a la calle y dejar de trabajar si es una belleza?
-¿Vas a la playa?
-Sí, voy. Ayer fui a las nueve de la mañana. Me senté a la orilla en una reposera y me puse a leer. Lo más lindo del mundo.
-¿Sentís que la gente te quiere?
-Siento que algunas personas me aprecian, que me respetan.
-Imponés respeto, ¿sabías eso?
-No es mi intención.
Para mí la farándula es un mundo palaciego al cual yo no me siento invitado.
-¿Por qué creés que pasa eso con vos?
-Yo he comprendido algo ideológico que puse en práctica sin entender que había una ideología sobre eso. Lo comprendí no hace mucho. Y es: yo tengo principios y he construido, hasta el día de la fecha, una vida en relación a esos principios. Creo que eso despierta un cierto respeto.
-¿Cuáles son esos principios?
-Establecer un compromiso con mi trabajo, con el oficio de mi arte, auto comprensión, entendimiento, intentar mejorar...
-¿Y cómo te sentís cuando se habla de otra cosa que no sea tu trabajo? El otro día Moria Casán dijo que tendría sexo con vos y con Flavio Mendoza.
-Sí ya lo sé, me lo contaron.
-¿Qué te produce?
-Me produce encantamiento porque para mí la farándula es un mundo palaciego al cual yo no me siento invitado. Para mí, Moria Casán es una figura y yo no me siento una figura. Entonces yo miro con respeto eso porque para mí tiene un valor. Hablo de Moria Casán como podría hablarte de Nora Cárpena o de Germán Krauss, a quien yo veía cuando era muy pequeño en las telenovelas. Si yo estuviese sentado enfrente de Germán Krauss hoy, casi le diría: "¿no me firmás un autógrafo?"
-¿En serio?
-Absolutamente. Yo me siento un cholulo y le pediría autógrafos a mucha gente porque advierto en mí que hay un espacio de admiración. Cuando vos me decís: "Moria dijo eso", yo pienso asombrado: "¿Habló de mí?"
-¿Te divertiría ir a ver Escandalosas?
-¿Si me divertiría? ¡Fui!
-¿Qué te pareció?
-Ver a Moria Casán y a Carmen Barbieri en el escenario, para mí es Disneylandia. Es un viaje. El fenómeno del teatro se puede producir constantemente, en cualquier lugar. Eso es lo hermoso del arte, de nuestro trabajo.
-Mirtha Legrand te fue a ver, ¿te gustó?
-Mirtha es una mujer que ha sido y sigue siendo una estrella. Y que todavía le pasan cosas. ¿No es hermoso que tenga todavía esa humedad en el alma que permite que le moleste lo que digan de ella? Cuando dice: "Señores, por favor cállense la boca, estoy hablando", en una entrega de premios, tiene algo encantador. Tal vez más encantador que los que ven que nadie escucha y siguen hablando como si escuchasen. Vos después podrás avalar o no esa expresión. Casi te diría que es un problema ideológico o estético. Pero hay algo humano ahí: una señora que ha transitado durante décadas y que manifiesta todavía que hay cosas que le afectan.
-Es mostrar debilidad…
-Es tener ochenta y pico de años y seguir manteniendo húmeda, como te decía antes, una zona. Después vos podrás decir: "A mí no me gusta, con esa arcilla maleable, el cenicero que arma". Bueno, entiendo.
-Como profesor de teatro, ¿qué opinás de los realities de televisión que buscan talentos?
-Yo comprendo que ocupan un lugar muy importante en el imaginario popular que tiene que ver con el sueño de la Cenicienta, el sueño del héroe. Esa una cuestión mitológica. Los participantes son Hércules pasando las pruebas.
-Vos también pasaste pruebas y lo lograste: ¡recibiste todos los premios!
-Sí, pero la tristeza es tan grande como el premio porque yo me alimenté de comida que no me pertenece, que era realmente del Olimpo, y siempre hay una voz que dice: "pero sabés que no lo lograste, ¿no?"
-¿Cómo fue el proceso de interpretar a El puntero ? ¿Quedaste en el medio de alguna controversia política?
-No, porque El puntero logró algo muy difícil que fue parte de mi apuesta: no correrse del lugar de la ficción. Sé que tomó del espacio de la cuestión social unas escenas, entonces uno podría decir: ¿ El puntero puede tomar de la vida política o de la vida social ideas y llevarlas a su espacio, hacer un trabajo y no la política tomar de El puntero y hacer una reflexión?" Por supuesto, nos prestamos cosas.
-Florencia Peña, por ejemplo, dijo: "Yo nunca haría un programa como El puntero ".
- Pero qué sé yo por qué lo dijo. Quizás está basado en un principio que después va a tener que sostener.
-¿Vos sí estabas de acuerdo con la tira?
-Por supuesto. Si no, no lo hago. Yo leo los libros y si veo que hay alguna frase que es claramente tendenciosa digo: "ojo, esto…" Después, yo no me ocupo de lo que de golpe un colega, un político o quien fuere pueda hacer de ese objeto. En definitiva, andá a saber cuál es el principio que guía que determinado ser humano haga lo que hace. No sé, yo no pertenezco a una junta de calificación de actos humanos. Pero si tal ser humano sale en defensa de tal asunto entenderé que está sostenido sobre un principio que lo guía a tomar ese camino. En todo caso, después de ver cuatro o cinco actos de ese ser humano diré: "qué extraño porque este estaba guiado por este principio y por éste y por éste. Entonces, ¿cuál es el principio que tiene?"
-Más simple: un panqueque.
-Qué sé yo, listo, lo resolvió así, puede ser que así sea. Yo no me meto. Te repito: trato de ir a las fiestas para las cuales tengo credencial. Una vez tuve un problema con un periodista del programa de Viviana Canosa. Le dije "tonto" porque él intentaba llevarme a una fiesta a la cual yo no tenía credencial ni la quería tener. Me empezó a hacer preguntas de una figura mediática que se entrenaba en mi estudio.
-Graciela Alfano.
-Sí, y no paraba de molestarme y quería a la fuerza llevarme a esa fiesta.
-¿Tenés problema en hablar de Graciela?
-¿Cómo voy a tener problema? No es eso. Es suponer que a esa fiesta uno está obligado a ir porque es la fiesta, aparentemente, de todos. Y no es de todos. Esa fiesta yo la miro desde afuera, con la ñata pegada al vidrio.
-Entonces cuando fue Graciela a anotarse a tu escuela habrás dicho "guau".
-Pasó otra cosa. Durante dos años seguidos, ella fue a anotarse y yo no le di vacante.
-¿Por qué?
-Porque tenía prejuicios y temí. Y a la tercera vez que fue a inscribirse, dije: "Atención, algo raro pasa. Este ser humano hace tres años que viene, si vos este año no le das la vacante, ojo, porque vas a tener que responder al tribunal interno que tenés y no sé si vas a zafar". Por suerte se la di. Graciela era la que más estudiaba, la que más leía, la que más atenta estaba a los ejercicios del otro… Y era también la que más hablaba, claro. ¿Pero por qué no iba a hablar? Era el ser con más opinión, claro ¿Y por qué no? La pregunta es: si cada uno estudia bajo sus circunstancias, ¿por qué ella tiene que ser ajena a las suyas propias?
-Te enseñó algo al final.
-Por supuesto que sí. Con el pibito bruto que quiere estudiar teatro tenemos una actitud altruista de ¿por qué no? Pero habla con la erre o con la zeta, escribe hombre sin hache, no lee un libro… Pero como pertenece a una clase social... Y la otra y sus circunstancias, ¿qué?, ¿son menos?, ¿vamos a criticar? ¿Por qué hacemos eso? Entonces para mí, tenerla como alumna fue un enorme aprendizaje.
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