Kive Staiff, el "dueño" del teatro
El director del Complejo Teatral de Buenos Aires defiende su gestión, incluida la decisión de bajar el sueldo de los actores
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"No me gusta hablar de mí -apunta Kive Staiff, director del Complejo Teatral de Buenos Aires en diálogo con La Nación , en su despacho del Teatro San Martín-, pero ocurre que este teatro es lo que es a partir de mi gestión. Ya en 1971, cuando me llamaron por primera vez para dirigir estas salas municipales, prefiguré lo que podía ser una gestión en un teatro público argentino. Fue un verdadero cambio ideológico. Acá estrenamos por primera vez una pieza de Bertolt Brecht en un teatro oficial, eso marcó una línea. Me resulta horrible hablar de mí en estos términos, pero me sigue importando el teatro, lo sigo recorriendo, sé qué pasa en todas las secciones."
-¿No cree que estas declaraciones suenan un tanto egocéntricas?
-Puede ser (titubea), pero no es así. También he tenido mi fama de autoritario, pero los años me han democratizado un poco, me han ablandado. Mis palabras pueden leerse como egocéntricas, pero no lo son. En realidad, estas entrevistas no me gustan. Prefiero que me juzguen por las obras, que ustedes opinen sobre todo. Cada vez me importa menos hablar, cada vez me gusta menos dar reportajes. Ya estoy jugado, me conocen todos.
Staiff aspira a que los demás hablen de su gestión al frente de teatro más importante del país, sin embargo, se toma el tiempo para señalar sus propios logros. "Quiero que sepan que el San Martín es una institución en franco crecimiento. Hemos hecho cambios extraordinarios. Renovamos el equipamiento de todo el sonido, estamos comprando uno nuevo para la sala Leopoldo Lugones, vamos a cambiar el alfombrado de las salas grandes; ahora tenemos una oficina de arte que cubre todas nuestras necesidades, la revista retomó el ritmo de cinco números por año, tenemos un programa de televisión... Me importa señalar todo esto porque forma parte de la calidad de lo que hacemos", apunta desde su despacho.
Allí, en el quinto piso del San Martín, está su refugio desde donde armó la programación para todas las salas que dependen de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires: Martín Coronado, Casacuberta, Cunill Cabanellas, Alvear, Regio, Sarmiento y De la Ribera. "Ahora, con la formación del Complejo Teatral, cuento con un consejo artístico. Pero con el apremio de cerrar la programación, los títulos para 2001 son casi responsabilidad exclusivamente mía."
-¿No es demasiado peso?
-Sí, pero me convocaron para eso. Lo he hecho durante todos los años que estuve en la dirección del San Martín y debo reconocer que me equivoqué poco. No lo he hecho mal.
-¿En qué se equivocó?
-Digamos que no tanto en la selección de lo obra, sino en la del director. Puede llegar a ocurrir que la visión que él tenga sea tan distinta de la que tuve yo cuando elegí la obra que podría llegar a detener el proyecto. A veces veo un espectáculo y no tiene nada que ver con lo que me imaginé. Mi presencia en los ensayos ahora ha disminuido; antes era casi permanente y de constante diálogo con el director y los actores.
-Una presencia que fue muy criticada; una presencia que varios definieron como bastante molesta.
-Es posible. Sé que mi presencia creaba algunas situaciones complejas. En realidad, aspiraba a que se preservara el 80 por ciento de la idea original. Cuando llegué por primera vez al San Martín puse como condición ser el director general y artístico, fui el primero en exigir eso.
-Lo mismo que le pidió a Jorge Telerman, secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad, cuando le ofreció hacerse cargo del Complejo Teatral de Buenos Aires.
-Claro.
-¿Es tan difícil trabajar con un director artístico?
-Es que no soy simplemente un director administrativo. Nunca me imaginé en ese rol. Mi tarea está fuertemente vinculada con lo artístico. Del mismo modo que cuando era crítico de teatro me importaba el teatro como expresión artística.
A la hora del achique
Para Staiff, la temporada que concluyó con la fiesta de fin de año fue sencillamente "espléndida". "En primer lugar -resume-, fue un año con una fuerte estabilización y fortificación institucional. No quisiera utilizar la palabra mística porque está muy trajinada, pero en este período el San Martín se convirtió en un centro de trabajo con gran participación de su personal. Por otra parte, logramos una gran repercusión de público."
Sin embargo, los números no fueron tan generosos. Si en la temporada de 1996 hubo casi 300.000 espectadores de obras teatrales, este año, y sin computar las pocas semanas de este mes, la cifra decreció a 229.357 espectadores. Yhace dos años, cuando asumió por tercera vez la conducción del San Martín, el número total llegaba a los 260.000 espectadores.
Para la temporada que se viene, Staiff también tendrá que reparar en los números del presupuesto, que, según aseguró, cuentan con una reducción global del 9 por ciento.
-La disminución de los salarios para los actores ¿se debe a los recortes presupuestarios o a que ha llegado a la conclusión de que eran excesivamente altos?
-Hay una reducción presupuestaria que nos forzó a revisar todas estas cosas. Hemos reducido el salario de algunos miembros del Ballet, de algunos titiriteros, y lo que más ha llamado la atención es la reducción del 50 por ciento a los actores en los meses de ensayo. Lo hice con gran dolor, porque el gestor del pago igualitario fui yo mismo hace muchos años. El corrimiento en algunos rubros afectó a las contrataciones artísticas. Ya el año pasado hubo un reajuste porque consideré que había un exceso en el pago. Yeste año también se produce una disminución en los salarios
-¿Ese ajuste también afecta su salario?
-Sí, tal vez. No lo sé...
-¿Cuánto gana?
-(Se ríe) Estoy ganando 8000 pesos y algo por el cargo de director general del complejo.
Un poco de historia
En noviembre de 1971, durante la presidencia del general Alejandro Agustín Lanusse, Kive Staiff ocupó por primera vez el cargo de director general del Teatro San Martín. Retornó a ese puesto con otro gobierno militar y estuvo en ese cargo durante todos los años del Proceso y la presidencia de Raúl Alfonsín. Hace dos años, y luego de pasar por la Cancillería y la dirección del Teatro Colón, volvió a lo que parece ser su ámbito natural.
-Dejando de lado a los militares, usted trabajó para peronistas, radicales y, ahora, aliancistas. ¿Con quién se llevó mejor?
-Bueno, hay radicales y peronistas...
-Claro, su jefe, Jorge Telerman, es peronista.
-(Se ríe) De todos modos, yo siempre pensé que mi responsabilidad está en este lugar. El Teatro San Martín no sólo se preservó gracias a mi voluntad, sino también gracias a la de mucha gente que trabajó durante diversos gobiernos. Creo que una de las cosas importante que dice Telerman es que no hay que pensar a un funcionario de la cultura como un funcionario político. Estoy totalmente convencido de eso. Si yo o alguien es beneficioso para una institución, no le voy a preguntar el color político que tiene.
-¿Pero usted no se considera un funcionario político?
-Lo soy por añadidura. No tengo militancia partidaria. Nadie me preguntó nunca qué color político tengo. Nunca pertenecí a un partido político salvo en mi lejana adolescencia. Pero, inexorablemente, por estar al frente del San Martín mi trabajo es político.
-¿Ni los militares le preguntaron por su posición política?
-No. Sin duda alguna, no era progobierno militar. Hubo claros intentos de desplazarme, pero tuve buenos defensores. Siempre digo que afortunadamente el brigadier Osvaldo Cacciatore, un intendente con un sentido un poco feudalista en su manejo de la ciudad, me consideraba parte de su gente. De modo que fue un buen paraguas, una buena protección.
-Usted debe de ser uno de los pocos que hablan bien de la gestión de Cacciatore.
-Lo digo a sabiendas de eso. Pero fue lo que ocurrió, es un dato objetivo. Solo él pudo permitir no solamente mi trabajo acá, sino también el de muchos actores que formaban parte de las listas negras.
Telerman no quiere recortes
Mediante un comunicado de prensa, el secretario de Cultura del gobierno porteño, Jorge Telerman, ratificó que está garantizado el presupuesto de un millón de dólares para Proteatro, tras una reunión que mantuvo con los dirigentes de la Asociación Argentina de Actores Oscar Ferrigno y Susana Rinaldi. Ese comunicado contiene un punto llamativo. Dice: "El secretario de Cultura solicitará a las autoridades del Complejo Teatral de Buenos Aires (N. de la R.: es decir, a Kive Staiff) que modifiquen las medidas propuestas por esa dirección sobre reducción en los haberes de los ensayos, a fin de evitar que tales recortes afecten particularmente a los artistas de menor nivel salarial". De ese modo, Telerman parece desautorizar en público a un funcionario que -según se dice- se habría resistido a responderle en privado.
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