Naomi Watts, Simon Baker, Elizabeth Perkins.
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La secuela de The Ring: terror fino a mitad de camino
Si la mayor imputación historica que recibió la tele se refirió a su tontería ("caja boba"), después de esta saga de origen japonés, la acusación está tipificada en el Código Penal: "¡Asesina!". Otra vez, sólo hay que poner play en ese video que no se alquila en Blockbuster (tan surrealista e incomprensible como una película del bafici) y el infierno se instalará en el santuario de lo cotidiano: en La llamada, el televisor del living es el lugar siniestro de donde se escurrirá esa protagonista que parece una Meg White chorreante y con hipotermia. Seis meses después del drama que vivió junto a su hijito, la periodista Rachel (Naomi Watts) abandona la gran ciudad y se instala en el paraje idílico donde, sí: el famoso video también se consigue. Hollywood parece haber descubierto hace poco el j-horror (cine de terror japonés, alguna vez expresión del pánico posnuclear y hoy un bien de consumo tan exportable como un walkman) y en esta secuela de una remake (¡no tienen límites!) consigue tentar al propio Hideo Nakata, el director original, con el calorcito californiano. En La llamada 2 abunda la vulgata psicologista (se habla mucho de la "depresión posparto") y suena forzado el parentesco con el subgénero "madres atormentadas": si El bebé de Rosemary podía interpretarse como una fábula católica (o política: el enemigo está dentro de nosotros), La llamada 2 es una mediocre película de "terror de qualité": ni rubias tetonas ni asesinos con hachas a la orilla de un lago, pero tampoco un subtexto inteligente. Más catódica que católica, inunda con simbolismos exprés (el agua, la madre, uf, el hijo…) y sólo incluye una escena de paródica ironía: el derrumbe del mito Bambi, el inocente animalito que, como en Los pájaros, muta en bestia salvaje que se da de cornazos contra un auto.






