De Sándor Márai
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Lo nuevo del viejo Márai
Después de la caída del régimen comunista en Hungría sale a la luz pública la obra de un escritor conocedor de las paradojas de la condición humana.
Cuando uno se dedica a leer libros todos los meses para escribir sobre ellos, con el tiempo se lee de otra forma, se ve de una forma analítica y constantemente se está pensando qué se puede escribir sobre lo que se está leyendo, qué sobresale de esa novela o cuento, si en realidad vale la pena escribir de ésta o aquella en la página de una revista.
Llega un momento en que se pierde la pasión que impulsa el querer leer, en las páginas de las interminables novedades literarias las palabras carecen de magia, no hay nada detrás de ellas, ya no se dice nada entre líneas, las librerías están llenas de libros que hablan sobre toda clase de códigos secretos –que al parecer se encuentran en cualquier parte, en la iglesia, en el papel, en las piedras, en el agua–, o se dedican a hacer conjeturas sobre los personajes históricos o, ¡mejor aún!, sobre los personajes bíblicos, hechos por autores que sólo buscan la fama. A los que nos gusta la literatura sólo nos resta esperar y pedir que un día llegue a nuestras manos una novela, un libro que vuelva a restablecer la esperanza de saber que en el mundo sí hay buena literatura, nueva o vieja, los descubrimientos literarios sí existen y éste fue uno de ellos.
Entre la muralla de libros de una librería, estaba la tercera edición de La mujer justa, del escritor húngaro Sándor Márai [que nació el 11 de abril de 1900 en Kassa, ciudad que hoy hace parte de Eslovaquia, vivió en el exilio y durante el régimen comunista en Hungría su obra fue prohibida. Murió en Estados Unidos en 1989]. Para hablar de La mujer justa hacen falta palabras, cada frase que se lee causa conmoción, resurge la pasión en el lector que pensaba que todo estaba perdido, pero también le genera miedo al ver cómo Márai devela las intrincadas telarañas que conforma la condición del género humano y de su contexto: el pequeño mundo en que se mueve y respira cada personaje. Lo mismo se ve en otra de sus novelas El último encuentro, donde el autor expone de manera contundente pero con un lenguaje hermoso y cuidado la forma más alta de traición que se puede dar entre los hombres. Pero son estas dos novelas tan sólo un abrebocas de toda la obra de Márai –aunque hay que reconocer que La mujer justa y El último encuentro tal vez sean las más reconocidas– que también incluye títulos como La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, La amante de Bolzano y Confesiones de un burgués [todos editados por Salamandra].
La mujer justa es una novela en tres actos, narrada desde tres puntos de vista distintos y en diferentes tiempos. El pasado, representado por la primera esposa de Péter, Marika, quien le cuenta a una amiga su versión de los hechos que circundaron su matrimonio y el final de éste. El matrimonio y la lucha para que su esposo no se vaya son para Marika la única razón visible que tiene para vivir, es una mujer que en medio del dolor por descubrir su verdad mantiene la esperanza de lograr lo que se propone, lo que la convierte en un fiel reflejo de la sociedad que la rodea, que vive un corto renacimiento entre las dos guerras mundiales. La versión de Péter se basa en un concepto que lo ha perseguido a él y a toda la clase burguesa –a la que el pertenece– durante toda la vida: la soledad, su única verdad. Y por último el futuro, uno incierto después de terminada la Segunda Guerra Mundial, como incierta era la manera de actuar de Judit, la segunda esposa, que utilizó su matrimonio como medio para obtener justicia y equidad, introduciéndose en un mundo extraño, el de los ricos, viendo cómo vivían con sus exageradas mañas y cultura, pero no la que se obtiene sabiendo datos de artistas o países o hablando varios idiomas, sino otra forma de cultura [secreta] que estaba en riesgo de desaparecer después de la guerra.
Aunque Péter, Marika y Judit luchan por la búsqueda de la reacia felicidad desde distintos campos de batalla, los tres se mueven por una fuerza mucho más grande: el orgullo, hilo conductor, y por qué no, protagonista de esta novela.
El orgullo también predomina en El último encuentro, novela que narra el reencuentro de dos amigos cuya amistad había sido interrumpida cuando uno de ellos huyó y que luego de 41 años regresa para escuchar al otro, que ha sido traicionado, y de cómo se dio cuenta de esta traición, revelando un secreto compartido por tres personas durante muchos años. En esta novela también se habla de la vanidad, el amor, la amistad, la envidia, la venganza, las verdades únicas e irrepetibles de cada ser humano en el contexto burgués, tema que se ve a lo largo de la obra de Márai. Se puede decir que el autor parte de este contexto y lo usa como hilo conductor. Del orgullo va deshilachando subtemas que como un espejo reflejan la psicología humana y la conducta de cada hombre ante las situaciones más banales, en superficie, porque la soledad, el amor, la pasión, el poder, son fuerzas que mueven el día a día de la humanidad.
Cargadas de palabras que a veces nos hacen sentir aludidos o plasmando sentimientos o pensamientos que a veces tenemos temor a expresar, las novelas de Sándor Márai se acercan de una sutil pero fuerte forma al lector, porque es un autor que no teme expresar por medio de la literatura la esencia de los hombres, la verdadera condición humana.
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