La música de “Popi” Spatocco después de Mercedes Sosa
Para el director musical, el legado de la cantora argentina está en su obra y en la conciencia “de la responsabilidad frente a la música” con la que trabaja
1 minuto de lectura'

En el estudio que Gustavo "Popi" Spatocco tiene en su casa hay dos cuadros; son de esos que las compañías les dan a los artistas como discos de oro o de platino en reconocimiento por sus ventas discográficas. Éstos son por Cantora 1 y Cantora 2, de Mercedes Sosa; dos álbumes en los que este pianista tuvo mucho que ver.
"Popi" trabajó 22 años con ella y buena parte de ese tiempo fue el arreglador y director musical de los discos y los conciertos de la voz del folklore argentino. Y aunque su actividad actual no pasa por evocar aquello, es imposible que en la charla con un periodista no se toque el tema. "Ese disco me hace sentir mucho y una mezcla rara de dolor y de alegría. Porque todo el proceso de grabación fue lindo y emocionante. Pero después de la muerte de Mercedes, la visión que tengo de esos discos es distinta. Siento que fue la mejor manera de despedirme de ella y, por otro lado, siento que fue un legado. Yo no era consciente de eso, pero ella sí. Creo que ninguno de nosotros. Porque ella no estaba bien de salud, pero había una gira pensada para la presentación. Cuando rebobinás la película luego de conocer el final, te das cuenta de muchos indicios y cosas. Yo estoy orgulloso de haber estado ahí para que ella pudiera disfrutarlo. Estaba muy feliz con eso."
Dice Spatocco que, luego de su muerte, hubo un duelo grande y un reconocimiento del legado. "Más allá de que la gente me conociera por haber trabajado al lado de ella, eso significó para mí tener conciencia de la responsabilidad frente a la música."
Spatocco creció profesionalmente al lado de Mercedes Sosa, pero hizo otras cosas que se fueron profundizando desde que la cantora no está. "Por un lado, se amplió mi trabajo como productor; por otro, el hecho de generar proyectos artísticos, como la cantata sobre el Bicentenario, con artistas como León Gieco, Víctor Heredia, Teresa Parodi, Raúl Carnota, Peteco Carabajal, Marcela Morelo y «Chango» Spasiuk. Ése fue mi proyecto importante."
Spatocco tiene un trío, con el percusionista Facundo Guevara y el contrabajista Ricardo Cánepa, que le sirve para enfocarse en el piano. Lo considera una prioridad, pero no reniega del trabajo acompañando cantantes. "A muchos músicos no les gusta ese lugar. Yo soy admirador de la voz humana y de la canción como género. Por eso también existe mi trabajo de arreglador y productor. Para mí no hay una lucha de egos."
"Popi" dice que tuvo la suerte de que todos los artistas que lo convocaron para hacer arreglos o encargarse de la producción artística son gente que admira. Produjo los últimos discos de Ligia Piro, de Edith Rosetti, del Trío Aymama, todas producciones excelentes. "Con Ligia, además estoy tocando. Y hace poco hicimos un especial con ella y Gieco, para el Día de la Mujer." Ahora el pianista pasa bastante tiempo dentro de un estudio: "Estamos terminando dos discos. El de Rubén Segovia, que es un charanguista muy fino, muy exquisito, y el de Nahuel Pennisi, que es un cantante completamente extraordinario. Hace mucho que no me emociono tanto con alguien. No te estoy vendiendo un artista: es realmente muy impresionante."
Un mate corto y bien amargo, que se disfruta, acompaña la charla y el entusiasmo de Spatocco cuando habla de su trabajo. Todavía falta su labor como orquestador y director. Porque entre lo más interesante que viene haciendo en la última década hay que mencionar las orquestas sinfónicas.
"Popi" le empezó a tomar el gusto en 2003, luego de que Rolando Goldman, quien era entonces el titular de la Dirección de Artes de la Nación, lo convocara para un concierto con la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto. "No quería dirigir en vivo, pero algunos músicos de esa orquesta me animaron."
Lo invitaron durante los siguientes tres años; la Filiberto hizo con él entre 12 y 20 conciertos por año. Y sigue participando en sus conciertos. El 12 de este mes estará en el Teatro del Globo.
Además, Spatocco escribió orquestaciones de clásicos de la música folklórica para que quedaran en el archivo de este organismo. También fue una manera de ampliar el repertorio folklórico, que no es abundante en comparación con el tanguero. "Me doy cuenta de que la relación entre la música popular y los organismos sinfónicos es bastante particular. Además, yo soy alguien que viene de otra práctica y de otra forma estética."
Gracias a él, artistas como Juan Quintero, Verónica Condomí e Hilda Herrera se acercaron más a este organismo. "Creo que para la orquesta, tocar con esta gente le ayuda a entender mejor el género folklórico. Mucho mejor de lo que podría hacerlo yo. Lo que te lleva media hora de explicación se aprende en cinco minutos de escucha. El estilo folklórico es difícil, especialmente para una orquesta. Porque no ha nacido de la tradición escrita. Trasladar el folklore a la escritura es difícil desde el lado del que escribe y del que lee. Más si uno de esos dos polos no conoce el estilo. Además, la música folklórica no se prestigia con una orquesta. Lo que yo busco es la potencia, la frescura y la hondura de las versiones originales. Es dificilísimo. Escucho a Yupanqui, y me pregunto: ¿Cómo hago esto con una orquesta? Es un camino largo pero interesante, porque en el medio van apareciendo cosas nuevas."
EL FOLKLORE Y LA ORQUESTA BAILAN Y SE DAN LA MANO
El trabajo de la música popular con organismos sinfónicos tiene varios antecedentes en nuestro país, pero no ha sido demasiado explorado. "Popi" Spatocco habla de su experiencia y da como ejemplo el trabajo que hizo con una suite del acordeonista Chango Spasiuk, que se presentó en Amijai, con la participación del violinista Rafael Gíntoli. "Si el chamamé [habla del género, no de la música de Spasiuk en particular] es, en un sesenta por ciento tono y dominante, yo no voy a pretender enriquecer el lenguaje armónico. Habría sido un error si lo hacía. En cambio, generamos una obra en la que el acento está puesto en lo rítmico y en la articulación, en un sentido central. Porque hay que enseñarle a la orquesta a tocar de una manera a la que no está acostumbrada. De hecho, sería tocar «mal» para poder tocar bien músicas como el chamamé. Modular a la orquesta hacia la música popular es muy interesante. Te das cuenta en las caras que te ponen los músicos con lo que les pedís que toquen en los primeros compases. Al instante algunos empiezan a entender que la cosa pasa por otro lado. El resto se termina de configurar al momento del concierto. Porque cuando escuchan a los solistas y ven lo que pasa con la gente se terminan de dar cuenta de lo que estábamos haciendo. Música argentina en el sentido más obvio: música que la gente siente como propia."





